[Reseña] Mella de Priscilla Cajales

Mella (Overol, 2019) es la segunda publicación de Priscilla Cajales tras Termitas (La Calabaza del Diablo, 2009). En el siguiente texto, Diego Armijo comenta uno de los libros de poesía más elogiados del año que pasó.



por que nunca hubo puertas


Construido con veintitrés poemas, Mella (Overol, 2019), es un libro que, mediante una preocupación social de clase, eligiendo materiales emotivos, habilita una lectura, sino generacional, que representa espacios históricos encapsulados en versos. Pues estos, a la vez que pulidos, se leen como imágenes de época.

Si libros como La sangre y la esperanza (1943) de Nicomedes Guzmán o El último lunes (1986) de Luis Cornejo —cuya Obra completa (2019) fue editada por Hebra, editorial que dirige Cajales— se pueden leer como fuentes históricas de sus períodos al ser, en cuanto a su adscripción de clase —obrera—, un intento de asir una realidad, en «Mella«, desde su articulación poética —a diferencia de las novelas citadas—, esto se lee en versos como el siguiente:

por que nunca hubo puertas

(p.9)

Aquel verso es el tercero del poema «mi papá está llorando dos piezas más allá», el que abre el libro. Es en una construcción lingüística como esta, atravesada, como se dijo, por temas sociales, donde lo íntimo repercute en los espacios que los cuerpos del poema ocupan. Hay que aclarar, que cuando se habla aquí de íntimo, no se busca reducir este verso, ni ninguno de los otros que componen el libro, a una lectura confesional. Pues, aunque las experiencias traspuestas en Mella puedan ser de la autora, lo importante es qué es lo que hace con ellas. Versos como este, más allá de un simple yo vi, yo sentí, mediante una imagen simple, dibujan todo un espacio y un tiempo histórico.

Otro verso, en esta misma línea, del poema «amarillo»:

la habitación pintada parece más fría

(p.21)

Cajales utiliza, tanto en el verso anterior como en este, imágenes que son táctiles —esa pared pintada, esa ausencia de puertas—, sin recurrir a la evocación de lo cotidiano. Remiten, esas imágenes de espacios precarizados, a cíclicas evoluciones históricas. Si los poemas se pueden localizar, acusando las imágenes de época, a finales de la década de los 80 y a principios de los 2000, en un extracto social definido; no hay que leer bajo el agua para entender que estos versos logran repercutir en las contemporáneas y contingentes tomas de terreno. Esa ausencia de puertas vista a finales de la dictadura cívico-militar, convertida en material por Cajales, también es una imagen del cotidiano de niños de principios de siglos y es una realidad presente.

Un tercer verso, del poema «la tranquilidad de las piedras»:

el piso está cubierto de platos con restos de comida

(p.29)

Volviendo al parentesco con las obras de Guzmán y Cornejo, en este verso de vocación narrativa, Cajales filtra y hace innecesarias muchas narrativas del yo autoindulgente, esas escrituras que ‘son los restos que atraen hormigas y cucarachas’, como dice más adelante el poema. Al menos, esa es una lectura posible. Lo que quiero decir, es que este verso funciona como un epígrafe que anula obras, sin por eso clausurar espacios narrativos, sino que haciendo innecesario escribir, por ejemplo, una novela sobre las experiencias universitarias. En el verso está contenida toda la experiencia.

Cajales, con Mella, expone un entendimiento completo de una situación social y logra cristalizar aquello en imágenes, siendo un trabajo del cual es posible sacar jirones —versos— y leer muchos ámbitos posibles. «Mella» es un libro que logra crear imágenes ausentes, pues cuando se escribe ‘porque nunca hubo puertas’, lo que no se dice es que es posible que haya una sábana que haga de tal.


Mella. Overol, 2019.



Diego Armijo Otárola (Viña del Mar, 1994). Ha publicado el libro de cuentos Glorias Navales (Balmaceda Arte Joven Valparaíso, 2019) y la novela Carcasa (La Calabaza del Diablo, 2020). Escribe perfiles y reportajes, con foco regional (Valparaíso), en Plataforma Crítica.