[Crítica] Por qué volvías cada verano de Belén López Peiró

Por qué volvías cada verano (Madreselva, 2018) es el primer libro de Belén López Peiró (Buenos Aires, 1992). En el siguiente texto, Diego Armijo comenta, sin seguir la regla de las novedades, el debut de la escritora trasandina.




Auténtica autoficción
[sobre Por qué volvías cada verano de Belén López Peiró]

Se ha tornado, el procedimiento autobiográfico, un fácil camino para escritores ya sin búsqueda de goce en la escritura. No hay riesgo en las novelas/diarios de vida del parnaso de la generación que bordea los cuarenta años: solo una escritura automática. Para contrastar el gris panorama chileno, pesquiso publicaciones argentinas, con el problema del desajuste temporal de la difusión de novedades, y encuentro, en un podcast, una entrevista a Belén López Peiró. Llego, así, a la búsqueda y posterior lectura de su primer libro, Por qué volvías cada verano (Madreselva, 2018).

Su texto —extraño aparato para clasificar— se encarga de la difícil tarea de ordenar las voces que acompañaron a la denuncia de abuso sexual que hizo contra su tío, ente importante dentro de la comunidad en la que se desenvuelve, por lo que será defendido ante la acusación, aunque —también—  en parte alejado de la familia.

El proceso, repleto de apoyos y cuestionamientos, se nos muestra como un entramado del cuchicheo al otro lado de la puerta, el que López Peiró oye y que al lector podría hacerle recordar el territorio y ritmo de las voces en las novelas de Selva Almada. Utiliza, para ir esclareciendo los hechos, el montaje de distintos tipos de discurso, en su mayoría de sujetos cercanos a ella, ya sea tías, primas, una expareja y su madre. Deja los documentos en torno al abuso, escucha y hasta casi desaparece, volviéndose solo un dato judicial.

Entre los registros se identifica, en primer lugar, la desaparición de una voz en un diálogo:

“Hola Ma.
Sí, estoy bien.
¿Podes venir el finde?
No, no me pasó nada.
No, no me peleé con las chicas. Hoy vamos a la heladería.
Sí, solo te extraño”.

(página 59)

La desaparición de una voz, mediante el monólogo, a veces sin poder identificar quién  comunica:

“¡No entendés! Nadie cree en ella. El pueblo es muy chico. Solo mi hermana y yo nos animamos a escupirle en la cara. ¡Y eso que somos once primos! ¡Manga de cagones! Le siguen abriendo la puerta, lo saludan en la calle, le siguen dejando a sus hijos los fines de semana. ¿Qué carajo les pasa?”

(página 81)

Documentos judiciales expuestos en su ajustado lenguaje objetivo, siendo algunos de estos extractos intervenidos:

“III- HECHOS.-

Nací en Capital Federal un 24 de febrero de 1992 en una familia compuesta por mi mamá, mi papá y mi hermano. Actualmente tengo 22 años, soy estudiante y escribo este texto para poder contar lo que viví, sufrí y padecí en mi adolescencia y poder hacer justicia. Mi tío abusó sexualmente de mí reiteradas veces desde los 13 a los 17 años”.

(páginas 8-9)

Frases sueltas, a modo de preguntas:

“¿Por qué crees que te molesta que te miran de espalda?”

(página 113)

Un último registro es el texto confesional:

“Se nota en mi mirada, se nota en mi andar, se nota en mis. ¿A quién quiero engañar? Siento culpa. Culpa por despertar y no ser la víctima que todos esperan. Culpa por elegir después de que me cogieran. Culpa por querer mojarme, por desear muchos hombres, por querer acabar cada día, por sonreírles en vez de sentir desprecio. Culpa por querer que acabe el dolor. Por querer acabarle al dolor. Por querer acabar. Con esto”.

(página 116)

Estos diversos modos de dar cabida a la perspectiva de los otros, para contar una situación de abuso y sufrimiento personal, posicionan a López Peiró como una escritora que encontró el modo de que un texto tan cercano no fuera simplemente confesional. Tienen un especial valor los registros de desaparición de la voz, ya que nos permiten acercarnos a las situaciones y juicios de los cercanos de la autora, desde el mismo oído receptor de duras preguntas, como la que dio nombre al libro: «¿Por qué volvías cada verano?». Como articulación narrativa, este tipo de textos nos dan un panorama desde afuera de la situación, mostrando distancia en donde se esperaría empatía. Las «confesiones» complementan de una manera justa los textos de «desaparición de voz», ya que mantienen dureza, son descarnados y nunca, nunca son autocomplacientes. Eso se agradece.

Es Por qué volvías cada verano un texto repleto de una sinceridad avasalladora, en donde López Peiró, frente al abuso del cual fue víctima, prefiere dejar hablar a los otros, siendo su mano de escritora la que selecciona y ordena, logrando, así, ser dueña de su propia historia.




Diego Armijo Otárola (Viña del Mar, 1994). Ha publicado el libro de cuentos Glorias Navales (Balmaceda Arte Joven Valparaíso, 2019) y la novela Carcasa (La Calabaza del Diablo, 2020). Escribe perfiles y reportajes, con foco regional (Valparaíso), en Plataforma Crítica.