[Traducciones] Poemas de Adília Lopes [vers. de Carla Badillo Coronado]

Imagen: © Joana Dilão

Adília Lopes (Lisboa, 1960) es una rara avis de la literatura portuguesa. Escasamente traducida al español, es una de las poetas contemporáneas que más ha explorado con recursos de la cotidianeidad, alejándose del lirismo de los poetas canónicos. No obstante, sus poemas, que a menudo parecen fragmentos extraídos de algún diario, están llenos de referencias a la literatura, la filosofía, la cultura popular y la ciencia (muchas veces relacionadas con su trastorno esquizoafectivo). Su escritura está repleta de juegos fonéticos, asociaciones libres e idiomas extranjeros, expuestos con un lenguaje sencillo y una mirada sardónica, aparentemente ingenua, pero siempre punzante.  

Los siguientes poemas corresponden al libro Z/S (Averno, 2016), dedicado a Roland Barthes.

Selección y traducción de Carla Badillo Coronado.




Porque solo somos
animales acosados
en la lucha por la sobrevivencia
escribimos cavernas
y diarios.


§


Mi gato Mémé comprendía un dibujo geométrico. Creo que era así. Hice dos circunferencias concéntricas con el compás de mina de grafito en mi diario, un cuaderno de papel pautado. Mémé puso dos veces una pata encima del dibujo como si lo entendiera. Esto no tuvo que ver con el movimiento del compás.


§


Kagemusha

para Manuel Ulacia

El año en que Kagemusha de Akira Kurosawa se estrenó en Lisboa, yo estudiaba métodos matemáticos de física. Tenía que saber las integrales de Lebesgue. Las integrales de Lebesgue me hacían recordar la «sympathie tardive pour les lesbiennes» de Fourier, de la que habla Barthes. Tenía que estudiar las transformadas de Fourier, esas extrañas mujeres. Este Fourier de las transformadas no es el Fourier de los falansterios.


§



En Martello Tower

En el verano del 91 estuve en Dublín pasando unos días. Andaba deprimida y tomando muchos antidepresivos, bebía mucha agua y orinaba muchas veces. Cuando visité la Martello Tower, donde Joyce vivió y que apareció en Ulises, quise orinar. Le pregunté al vigilante en mi inglés macarrónico dónde estaba el W. C. El vigilante me dijo:
I’m afraid we have not.
O: I’m afraid we don’t have. Sé poco de inglés y la negación con el verbo to have no es fácil para mí. Hemingway escribió To have and have not. Creo que ni Joyce ni Hemingway, a quienes leo en inglés, se molestarían conmigo por cometer errores en su idioma. Yo nunca me sentí, nunca estuve, lost in translation. Me Jane, you Tarzan. No son necesarios los pronombres. Jane. Tarzán. Sin los nombres también se pasa bien. Mémé y Lu se llaman mis gatos. Hipocorísticos. El resto es la mentira de los apellidos, las malas palabras, esa grande mentira. Papieren! Papieren! Piernas para qué las quiero.


§


Un profesor de mecánica cuántica me dijo que los electrones son todos iguales. Yo estaba convencida de que en este mundo no había dos cosas iguales.


§


Mi madre, que era bióloga, decía: «Para morir basta estar vivo». La tía Irenita, que era enfermera, decía «todo lo que nace es para sufrir».
Mi abuelo Raúl, que era médico, decía: «Más vale burro vivo que sabio muerto»



§


El Kamasutra

A los 14 años, por iniciativa mía, catalogué la biblioteca de un tío mío que había muerto. Ese tío era ingeniero químico. Tenía centenas de libros y de folletos.
Uno de los libros que catalogué fue una edición inglesa erudita del Kamasutra. No hojeé el libro. Me limité a abrir las primeras y las últimas páginas para poder hacer la catalogación.
No quise ver el Kamasutra. Nadie me iba a regañar ni burlarse de mí por hojearlo. Pero me pareció un libro técnico. Me gustaban mucho los libros técnicos sobre el giroscopio y la automatización. No me gustaban los libros técnicos sobre erotismo. Antes que el Kamasutra prefería los pasajes eróticos de Pearl Buck e incluso de Berthe Bernage, que también los tiene.


§


 

Chips implicados

La psicoanalista me decía: diga todo lo que le venga a la cabeza. Yo estaba sufriendo, me callaba. Ella preguntaba: ¿en qué está pensando ahora? Me daba ganas de decirle que estaba pensando en Dios y en un pasaje de Spinoza. God. Dog. La psicoanalista decía que yo no le daba material. Era una tortura.
El psiquiatra —un doctor profesor muy pretencioso— decía que yo solo me preocupaba por cosas pequeñas. También me preocupo por la distancia de la Tierra a la Luna y por la Torre Eiffel. A partir de aquí solo puedo ser ordinaria. Este se agitaba tanto en la silla giratoria durante mi consulta que yo llegaba al final con ganas de pasarle una guía de tratamiento con Haldol y Lexotan12 de hora en hora, tal vez hubiese sido mejor aumentar dos cajas de pastillas de Futre.
Con este Rocambole todo lo que tuve que aguantar, los chips de mis neuronas están cinco estrellas, siete estrellas. Es Dios. El viejo Spinoza, que no escribió una línea sobre el neurotransmisor, es quien me curó. El neurotransmisor es una cosa pequeña.


§


La crítica actual

Se dan explicaciones
y más explicaciones
que no explican nada.
Se da de comer
la comida masticada.


§


Vodka
voodoo
boogie-woogie
yo-yo


§


Normal es un término usado en estadísticas, generalmente usado por personas que no saben nada de estadística.


§

¡Cómo la familia es verdad!
……………FERNANDO PESSOA

Cómo la familia es mentira.


§


La casa de estar

¡La vida es tan divertida!
……………SYLVIA PLATH, Letters home


§


Esto ya no me entristece
me enfurece
y esto es triste


§


Escribir versos
regar las plantas


§


Calcado de un poema de Jorge Sousa Braga que me gusta mucho

Cuando llegues
a la cima del Everest
continúa subiendo


§


Godard dijo que solo hay dos películas buenas sobre el nazismo: La pasajera de Munk y Ser o no ser de Lubitsch.


§


Amo, insensatamente, los ácidos, los filos
y los ángulos agudos.
……………CESÁRIO VERDE

Conocí una paciente del Júlio de Matos que tenía pavor a los cuchillos y las tijeras. Había trabajado como peluquera y tuvo que dejar su oficio por ese miedo. El tratamiento del psiquiátrico consistía en lograr llevar desde casa hasta la consulta en el hospital un simple cuchillo de postre dentro de la cartera. Sé que hay mucha gente que no entiende el heroísmo y el sufrimiento de una persona así. Pero es brutal.


§


Escribo
a pesar de todo
a pesar de todo


§


En los años 60, en la estación de metro de Anjos en Lisboa, en el carril oriental, había una balanza roja para que las personas pudieran pesarse, bastaba meter una moneda. Puedo confundirme, pero tengo buena memoria, creo que la balanza estaba ahí. La balanza debía ser española porque tenía escrito:
¿cuánto pesa usted hoy?
Me quedé fascinada con lo que fascina a Molly Bloom de Joyce, con la maravilla de la grafía del español: ese punto de interrogación invertido al inicio de la pregunta que cierra con otro punto de interrogación que no está invertido. Parece un arabesco. A los 4 años yo era Molly Bloom, como les pasa ciertamente a muchos niños.


§


Tenemos la cara que nos dejan tener.


§


Pasé la vida corriendo riesgos y haciendo riesgos. No había plan B.



Carla Badillo Coronado (Quito, 1985). Poeta, escritora, periodista y artista multidisciplinaria radicada en Lisboa. Ha publicado los libros Belongings/Pertenencias (2009, Premio Moradalsur 2010), Partituras incompletas (apuntes de música y otras obsesiones) (2013, Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade 2011) y El color de la granada (2016, XXVIII Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe, a la Creación Joven). En ficción ha publicado la novela breve Abierta sigue la noche (mención de honor del Premio La Linares 2015 y mención de honor del Premio Joaquín Gallegos Lara 2017). Fascinada por lo híbrido y lo fragmentario, se sumerge en diferentes ramas del arte, la traducción y las experiencias de viajes. No obstante, es en la exploración de la música, la improvisación y la performance donde encuentra la posibilidad más genuina de rebelarse contra la tiranía de su propia mente.