[Reseña] Las calles nevadas de Diego L. García

Las calles nevadas es el más reciente título del poeta argentino Diego L. García. En la siguiente reseña, Juan José Rodinás ofrece una aguda lectura del libro —publicado por la editorial Barnacle durante el primer semestre de este año—.




Lo real se pincha con escarbadientes

Había leído unos pocos poemas de Diego L. García. De hecho, en rigor, Las calles nevadas es el primer libro suyo que leo íntegramente. La impresión de conjunto que me generan es que su poesía combina de manera muy singular al menos dos perspectivas retóricas y estéticas (que, desde la distancia geográfica y cultural, es fácil asociar con los años ochenta y noventa de la literatura argentina): 1) el neobarroco en su vertiente más intelectual; 2) un objetivismo sutil. Esa convergencia, por cierto, tiene precedentes, particularmente en la obra de Mario Arteca, autor en el cual la realidad parece estar intervenida por una voz en off que reproduce desde un monólogo mental la estructura de una improvisación. Diego L. García comparte algunos de estos procedimientos con Arteca, pero —este «pero» es muy importante— muestra una pregnancia emotiva y una voluntad por reivindicar el valor afectivo de ciertos objetos, detalles y circunstancias (con una juguetería minimalista que me recuerda vagamente a e. e. cummings). Para ello, emplea tres procedimientos singulares que, de algún modo, podrían sintetizarse como sigue:

1. La creación de escenas situadas, donde la relación entre lo mostrado y lo oculto nunca llega a volatilizar completamente la escena. Ejemplo:

lo real se pincha con escarbadientes:
(miro toda la sustancia del blues en una foto de
fred mcdowell. campera rosa & blanco. camisa
oscura. sombrero oscuro. pequeño) y puede
contradecirse en la sartén del bien y el mal.

(García 2020, 14)

Fragmentos como este revelan un movimiento cognitivo donde la realidad sensible y el mundo conceptual (e incluso la argumentación cruda) se entreveran en una escenografía híbrida, mixta, liminar. «Lo real se pincha con escarbadientes» se convierte en una poética del libro en su conjunto: la sutileza al emplear un utensilio fácilmente desechable para excavar en lo insondable. Lo real lacaniano o lo real cotidiano aparecen a través de un lente-espejo roto. Sería tópico referirse a este montaje escenográfico (a través de versos cuya conexión es, con frecuencia, oblicua) como un collage que revela la crisis de los procesos de individuación. Quizás lo que ocurre es, más bien, una autorrepresentación enajenada donde las referencias a objetos no alcanzan a explicar la experiencia vital ni tampoco el mero discurrir del pensamiento. García parece elegir el decurso inestable e inestabilizado entre ambos. En ese contraste, aparece, por ejemplo, la escena donde se aprecia una foto de Fred McDowell, cantante y guitarrista de blues. Esto anuncia una perspectiva vintage, relacionada con el sentimiento de pérdida. Estas escenas parecen prolongaciones escriturales, inmersiones en escenas o fotogramas de películas de cierto cine norteamericano (los hermanos Cohen, Clint Eastwood, Alexander Payne) en las que una noción nostálgica del paso del tiempo regula el comportamiento de los personajes. Creo que allí está la pista principal de la pregnancia emotiva que generan estos poemas.

2. Una estructura versal donde la segunda parte de cada línea pervierte e incluso contradice la lógica causal o la habitualidad de los acontecimientos o imágenes referidas. Ejemplo: «La estructura ósea del futuro es esta libertad / de sueños ajenos en un lavarropas» (García 2020, 19).

Nuevamente nos enfrentamos a imágenes donde la relación con el tiempo está marcada por la pérdida. En estos poemas, el yo parece existir en los objetos circunscritos en la escena, pero que se difuminan en excursos abstractos, oníricos o soterradamente humorísticos («el mérito del vaquero es morir pronto para ir a la universidad / y dejarle el polvo de los bigotes al público») (García 2020, 24).

3) Una técnica cinemática de zapping que, a diferencia de otros autores, no busca emular la progresión de escenas, sino que imita un movimiento dislocado que parece moverse adelante, atrás o en direcciones imposibles. Por ejemplo: «Rojos. azules. / ese texto tiene el relieve de una cicatriz / como los buzos nike que viajan / por las aerosillas de una cultura congelada» (García 2020, 25).

La relación entre los adjetivos cromáticos referidos en el primer verso citado y los fragmentos siguientes parece mediada por una elipsis o elisión que rompe la posible relación anecdótica entre esos colores y los «buzos nike». Solamente una lectura tabular nos permite entrever la relación entre estas referencias: parece que estamos dentro de una película donde el deporte de la equitación, las interseccionalidades determinadas por las clases sociales en contextos de aristocracias decadentes, la caída física de alguien (se entiende, desde un caballo) y la revelación ficcional del final («en el último minuto el héroe revela su identidad») reproducen conceptualmente la estructura de una película (quizás del mencionado Eastwood).

En Las calles nevadas no hay una especulación metáforica, sino una desoladora alegoría sobre la artificialidad del mundo contemporáneo, sobre las máscaras que adoptan los hechos para ser verosímiles ante los ojos de personas escindidas entre ser actores o espectadores de algo que es (o parece ser) una sola realidad.




Juan José Rodinás (Ambato, 1979). Ha publicado Los rastros (2006), Viaje a la mansedumbre (2009), Barrido de campo (2010), Código de barras (2011), Cromosoma (2011), Estereozen (2012), Anhedonia (2013), Kurdistán (2017), Cuaderno de Yorkshire (2018) y Yaraví para cantar bajo los cielos del norte (2019). Además, ha reunido su trabajo en antologías personales como Los páramos inversos (2014) y 9 grados de turbulencia interior (2014). Sus poemas han sido incluidos en antologías como País imaginario (2014), Bandadas (2014) y Equinoccio (2015). Recopiló —junto con Luis Carlos Mussó— el libro Tempestad secreta. Muestra de poesía ecuatoriana contemporánea (Quito, 2010). Como traductor publicó el libro Una cosa natural. Veintinueve poetas norteamericanos (2008). Ha obtenido reconocimientos como el Premio Festival de La Lira 2013, el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro 2017 y el Premio Casa de las Américas 2019.