[Extracciones] El rey del tiempo. Obra reunida de Velimir Jlébnikov

La vanguardia rusa fue un ardiente grupo de unos pocos solitarios majestuosos y otros muchos deshilachados por el tiempo. Entre los primeros estuvo Víktor Vladímirovich Jlébnikov. Más conocido como Velimir Jlébnikov, nació el 28 de octubre de 1885 en Maloderbétskoie. Poeta, narrador y dramaturgo, fue parte central del movimiento futurista ruso, aunque su obra excede cualquier intento de catalogación. Estudió ciencias naturales, zoología, lenguas orientales y lenguas eslavas. Murió el 18 de junio de 1922 en Santálovo, región de Nóvgorod. Su obra permaneció inédita en la Unión Soviética hasta los años 60.

El rey del tiempo (Añosluz Editora, 2019), cuya traducción estuvo a cargo de Fulvio Franchi, reúne textos hasta el momento inéditos en español o realizados por primeva vez en traducción directa del ruso.




En la rama
se posaba el ave de la rabia
y el ave del amor.
Y bajó a la rama
el ave de la calma.
Y con un grito
se elevó el ave de la rabia
y tras él se elevó el ave
del amor.

1905 – 1906




§




El saltamontes

Cricricriando letráureas
de finísimas venas
zampó el saltamontes en la cesta de su panza
de la orilla mucha hierba y junquillo.
«¡Pin-pin-pin!» —alborotaba el zorzal.
¡Ay, cisnemente!
¡Ay, atardecer!

1908 – 1909




§




Hechizo con risa

¡Ay, revienten de risa, reidores!
¡Ay, rómpanse de risa, reidores!
¡Que se ríen con risas, que se enríen reidoramente,
rómpanse de risa reidoramente!
¡Ay, reideros de los que ríen — risa de sonrientes reidores!
¡Ay, mátate de risa riendo a mares, risa de risotadores risibles!
Risotada, risotada.
Ríe, ríete.
Risitas, risitas.
¡Ay, reidorcitos, reidorcitos!
¡Ay, rómpanse de risa, reidores!

1908 – 1909




§




Los elefantes se golpeaban con sus colmillos
de modo que parecían piedra blanca
bajo la mano de un artista.
Los ciervos entrelazaban sus cuernos
de modo que parecía que los uniese
un antiguo matrimonio
con mutuos arrebatos y mutua infidelidad.
Los ríos desembocaban en el mar
de modo que parecía
la mano de uno sofocando el cuello de otro.

1910-1911




§




Cuando mueren los caballos – respiran
cuando mueren las hierbas – se marchitan,
cuando mueren los soles – se apagan,
cuando muere la gente – cantan canciones.

1912




§




La bestia + el Número

Cuando destella en el humo de las aldeas
de azul brillante la libélula,
pasa Ella, como una nueva invención,
y arroja la mente a la orilla de la cifra.

Exclama el sacerdote: “¡Oh, niños, niños!”,
al discurso del embajador de Atenas.
Y la mente y el mundo, como una capa,
se echan a los hombros la cifra rigurosa.

Y si se arruga la frente mortal
sobre la ecuación vinoespumante,
sepan que lo hace él, para ser
una planta cuya altura llegue al cielo.

¡Fuera el calabozo! Sin fruncir los ojos,
vuelvan la vista a la barreta de las cifras.
Pues ya está temblando la tormenta,
medio comprendida por la cifra.

Lo escribiré con tinta: ¡cree!
¡Está próximo el día que ascenderá sobre todos!
¡Está llegando sin hacer ruido la bestia
con el vapor de las tiernas cifras blancas!

Pero al escuchar el fresco rumor
de estos labios y de estos días,
caerá como si se quebrara
sobre un peñasco entre las rocas.

21 de agosto de 1915




§




Si transformo a la humanidad en un reloj
y muestro cómo se mueve la aguja del siglo,
¿es posible que de la fase de nuestro tiempo
desaparezca la guerra, como una íyitsa(1) inútil?
Allí, donde el género humano contrajo hemorroides
sentado por milenios en sillones de resortes bélicos,
yo les contaré lo que percibo del futuro,
mis sueños más allá de lo humano.
Yo sé que ustedes son lobos dogmáticos,
a sus cinco disparos les doy mis cinco,
¿pero no oyen, acaso, el susurro de la aguja del destino,
esa maravillosa costurera?
Anegaré con el aluvión de mi mente poderosa
los edificios de los gobiernos existentes,
la Kítezh(2) fabulosamente surgida
revelaré a los siervos de la vieja estupidez.
Y cuando la banda de los presidentes del globo terrestre
sea arrojada como un verde mendrugo al hambre atroz,
el tornillo de cada gobierno existente
obedecerá a nuestro destornillador.
Y cuando una doncella barbuda
tire la piedra prometida,
ustedes dirán: “es justo
lo que estuvimos esperando por siglos”.
¡Reloj de la humanidad, haciendo tictac,
mueve la aguja de mi pensamiento!
Que algunos crezcan con el suicidio de los gobiernos
y otros con un libro.
¡La tierra será inmandada!(3)
¡presiglobtergrandiosa!(4)
Que el canto le sirva de cuscuta:
contaré que el universo viene del tizne de un fósforo
sobre el rostro de las cifras.
Y mi pensamiento es como la llave maestra de una puerta
detrás de la que alguien se ha suicidado.

28 de enero de 1922


Jlébnikov


(1) Antigua letra del alfabeto ruso, eliminada en la reforma ortográfica después de la Revolución de 1917.
(2) Ciudad legendaria que durante la invasión de los mongoles fue sumergida por Dios en un lago para proteger a sus habitantes. Debajo del agua, estos continúan con su vida habitual. Según la creencia, cuando el lago se congela los justos pueden ver la gente de la ciudad debajo del hielo.
(3) Palabra creada por Jlébnikov utilizando un prefijo de negación y el participio perfecto de mandar o imperar.
(4) Palabra formada por Jlébnikov aglutinando las primeras sílabas de las palabras presidente, terrestre, globo y grandiosa.



Fulvio Franchi. Es especialista en literatura rusa, profesor de Literaturas Eslavas en la Universidad de Buenos Aires y de Literaturas Extranjeras en el Profesorado en Letras Mariano Acosta. También ha traducido, entre otros autores, a Dostoyevski, Tolstói, Chéjov y Mandelstam.