[Crítica] Siberia de Daniela Alcívar Bellolio

Recientemente publicada en Argentina tras ediciones previas en Ecuador y España, Siberia (Beatriz Viterbo, 2020) es la primera novela de Daniela Alcívar Bellolio. En el siguiente texto, Paulette R. Fernández comenta el galardonado debut narrativo de la escritora ecuatoriana.




La corporalidad habitada por el recuerdo
[sobre Siberia de Daniela Alcívar Bellolio]

Siberia, novela de Daniela Alcívar Bellolio escrita el 2017 con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes de Argentina y que al año siguiente ganó el Premio Nacional Joaquín Gallegos Lara a la mejor novela publicada entre 2017 y 2018. La autora es escritora, investigadora académica y crítica literaria de origen ecuatoriano, nacida en Guayaquil en 1982 y que residió en Buenos Aires entre 2005-2017. En consecuencia, no resulta sorpresivo que estos dos países, estos dos espacios, supongan los escenarios en los que acontecen los episodios más importantes de esta novela autoficcional.

Siberia es una novela que se presenta como una historia fragmentada de recuerdos que irrumpen en la línea de narración para construir un relato sobre las formas en que la protagonista habita el mundo y este la habita en ella. Desde una inadecuación persistente, la protagonista se muestra recelosa de la realidad, por lo que resuelve fantasear sobre un mundo en que el cuerpo se disuelve para volcarse a sensorialidades placenteras como posibilidades de una mejor vida:

Siempre la inadecuación, siempre el recelo, el desfase que llevo a todas partes como un hogar.

Esta pugna entre habitar y ser habitada muestra las diferentes formas en que la corporalidad se ancla bajo memorias de felicidad que se tornan en violencia; la fantasía se vuelca en desencanto de una realidad que violenta el cuerpo de la protagonista y la arroja a un constante tránsito de episodios dolorosos. Se trata de una narración en primera persona que describe acontecimientos que han marcado la vida de la protagonista y que, pareciera, se fueran replicando hasta el final de la novela. El yo autoficcional traspasa las barreras de la ficción para reclamar el espacio de la realidad de los hechos relatados dentro de la novela. Un yo dolido, destrozado, un cuerpo tan fragmentado como sus recuerdos: se narran como episodios aislados que se hilan por la desdicha de la pérdida del hijo.

Con un marcado sentido de la sensorialidad, la protagonista exhibe un mundo interno caótico, lleno de añoranzas por lo que pudo haber sido, la fantasía como mecanismo de defensa ante la realidad desoladora que se muestra como su fiel compañera. Una protagonista que nunca se nombra, no tiene nombre propio, pero sí sensaciones viscerales que dan cuenta de la realidad de lo que relata:

Ahí me veo, habitada por otro, en progresiva expansión, fluyendo con sangre y vida en el cuerpo pequeño de mi hijo, siendo otra, otra más, cada día muriendo un poco para dar vida, y con cada muerte la expiración de mis condenas, la renovación de la promesa, por esta vez libre de la carga de mi pasado y del de Julián.

La sensorialidad compensa el comprenderse ajena de su propio cuerpo, de una realidad violenta cargada de desesperación; la pérdida de la única esperanza que tenía la protagonista atraviesa el campo de los afectos para ser arrebatado inmediatamente y terminar rasgando el velo de fantasía que utilizaba para encontrar un último camino a la felicidad:

Repito vida, vida y vida para no dejar de recordarme que es esto lo que tengo, una vida desbordante y desbordada por la muerte de mis entrañas.

El tópico de la muerte de un hijo al momento de nacer rodea la historia para darle un nuevo sentido a toda la desesperanza que se puede palpar desde las primeras líneas de la novela. Las distintas experiencias de violencia y dolor que había vivido a lo largo de su vida no se comparan con lo destrozada que queda luego de perder a su hijo. Un habitar que atraviesa los campos de aprehensión del dolor, de la realidad de una vida despojada de amor verdadero. El amor encarnado que suponía la vida que crecía dentro de su propio cuerpo termina quebrándola desde la raíz para dejar la huella permanente de una posibilidad que no llegó a ser:

Transitar un lugar hasta dejarlo yermo; hacer un camino a fuerza de recorrerlo. Volver a tierras inhóspitas y heladas para dejarlas marcadas con algo humano, algo propio, aunque solo sea la huella impersonal de muchos pasos desencantados. El agujero que me hiende lo borra todo y en el mundo no queda espacio para nada más. Abierta y expandida como un animal diseccionado sobre una tabla, palpitante y ya perdido, invento la venganza que es borrar los dolores menores, las heridas metafóricas, las imágenes queridas.

Escribir el duelo como remedio ante la pérdida de la vida que se estuvo gestando dentro de su vientre, esa vida que le fue arrebatada al momento de nacer y que significó la huella permanente en un cuerpo atravesado por los signos del embarazo. La cicatriz de la cesárea reconfigura el sentido de la realidad, atan sus pies a un espacio en el que su hijo no se encuentra:

Un pálpito, un latido. No. Un peso inmenso en el centro del pecho, de repente. Súbito, un hilo tirando mi corazón desde el centro de la tierra, desde las oscuras profundidades de la tierra.

Con Siberia, Daniela Alcívar llena los espacios transitados, las huellas impresas por recuerdos, una memoria que logra anclar la vida a un acontecimiento medular que moldea el resto de las memorias. La pérdida es la raíz de la cicatriz, el motivo de enajenación de todo lo que ocurre. Retrata la tragedia de la pérdida y sus repercusiones en todos los ámbitos de la vida de la protagonista, revive la experiencia con cada recuerdo. El arrojo a una vida marcada por un momento exacto; el trauma que habita al cuerpo y traduce la vida en un lenguaje sensorial que nos embarca en una creciente deconstrucción del ser, para terminar en un final ambiguo que desarticula la realidad y la vuelve fantasía.


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Paulette R. Fernández (Santiago, 1992). Egresada de Licenciatura en Lengua y Literatura de la Universidad Alberto Hurtado. Actualmente cursa el Magíster en Literatura en la PUC. Forma parte del equipo editorial de la revista autogestionada Ouroboros-Sorobouro.