[Traducciones] Poemas de Steffen Popp [vers. Daniel Bencomo]

Foto: © Renate von Mangoldt (2017)

Steffen Popp, escritor alemán nacido en Greifswald (1978). Ha publicado cuatro libros de poesía y una novela, traducido a Ben Lerner y Elizabeth Bishop, entre otros, y preparado cuantiosas ediciones. Mereció el Premio Peter Huchel en 2014. Estos poemas conforman la sección «Bosques» del libro Dickicht mit Reden und Augen [una posible traducción: Fronda con plática y ojos] (publicado por kookbooks en 2014). Una excursión por una zona forestal: las amenazas y hallazgos que esta depara, su indescifrable naturaleza —a saber si biológica, política, poética— atraviesan este ciclo, que parece ofrecerse como sendero de entrada a un biotopo en riesgo, condición en que se encuentran casi todos bajo el signo del Antropoceno. Si aquí existe una escena de caza, habrá que preguntarse qué o quién caza a quién y bajo qué ritual.

Daniel Bencomo




Duerme el enérgico potencial. El enérgico
potencial y lo que enérgico se le opone. El bosque
me observa, debo asimilar amor. Naturaleza:
gimno- y angiosperma, cochinillas. El cérvido
esquivo pasta, arranca un poco, libera
la memoria RAM del poema. Con nombres
no se logra nada, no penetran ningún ser.

Troncos aserrados junto al sendero, a lo alto de la guardia
forestal. Algo con plumaje se disipa, shock en el aire vítreo.
Qué amor. Qué ahora. Presente: no hay retorno.



§



Irrumpir la reserva. El mordisco en lo verde claro
indica la salud dental del venado. Arrendatarios del coto, su Jeep
a lo lejos, su teatro precario en el que tiemblan las flechas.
El Rover del guardabosques. O tu resuello en sigilo. O
un dichoso que, al caer, devuelve el cuerpo en lenguas.
Lucha por la calma en las sinapsis, hirsutas, de los árboles.

Paladar erizado, boca. Todo cubierto de agujas, velloso.
Vivir en la barba de la tierra y, lógicamente, la idea
de la ausencia de barba. El denso pelaje de imágenes del yo.
Búsqueda tardía de un sujeto en el pinar, el cual urde rasguños, rescate.



§



Duerme la rodilla, doblada en el puesto de cacería.
No hay respuesta: todo ocurre. No te detienes a pensar,
cómo no se detiene la liebre en la mirilla. Gambetas,
algo que el gran arte no alcanza a comprender. La ronda
es tuya. Habla tu rodilla: dolores, ahora.
No hay respuesta: solo un sobarse muy pobre de ideas.

Una cierta tristeza del árbol caído.
Un cierto festejo del parásito que lo devora.
Una cierta esponja en tu cerebro, cierta dicha.
Te disparo al carajo, con todo y libro de sabiduría.



§



Crecimiento que no está frente a los ojos:
contarlo en los anillos. Separar madera útil de lo que es biotopo.
Preguntas deprimentes como tocones de árbol, claros de bosque
un baldío cubierto por hierba atrás de una cerca.
Aquí, viniendo del lenguaje, llegar a algo.

Aquí, del lado que se ofrece a la luna. A ese que,
sospecho, lo atrae el océano. Bosque de coníferas se clava
inclinado en el vidrio amarillento: vudú
dices tú, no muy seguro, aplica para la tierra,
el sol, el cráneo vapuleado por migrañas
sobre tus hombros con rizos como fuego amigo.



§



Silencio: tejido a mano con delirios diminutas
que el Ahora soporta, se extiende sobre fieltro
microbios y corzo. Tejido con cacerías,
espectros y así. Las facultades más altas explotan a las simples,
las hadas no son números primos. Aire puro, una fábrica de embutidos
a bocanadas lo buscas, te repites al andar.

Hasta aquí. A la investigación-pies-cansados le siguen dolores
todo es preámbulo, pre-recordar, floresta.
Inmenso compostero de hojarasca, vacío. Cómo la tierra
gira bajo la herradura. Trauma centrífugo, no, trauma
transportador que se autoinduce de la bomba sanguínea.



§



Mientras luz, allá enfrente, desarma en colores al bosque
cuentas tú de fármacos y karma, como venga mejor.
Ni la mínima idea de sus efectos concretos
o si tienen lugar en absoluto. Pero el bosque en sí mismo
es un cuerpo abierto, ¿no puedes ver nada aquí?
Bueno, para empezar no sabemos en qué consiste un efecto

aquí en la maleza quiero significar: el paradigma
hongo maligno. Muy bien, en el paradigma musgo
cargado de rocío. Local, un estado óptimo te interpela
sin necesidad de boca. Casi tropezar y darse en el hocico
al hablar. Agujetas, eso del paradigma, el zapato.



§



Insectos, por lo menos, hay. En columnas de calor,
impulsados por el sol como tan solo muy pequeñas
aves y cajitas parpadeantes, que con seguridad
viajan a través de todo. Los ojos en el display
como dementes entre pinos —su lentitud excesiva
de tensión muy baja para los sensores
y sentidos, que sin embargo siguen rotando. Insectos

insectos. Un colectivo de luces tubulares de bosque
cada rama una multitud, cada trampa de insectos un Estado.
Imágenes sin facetas: las pestañas se atraviesan.
Das con una trompa borrosa, boga bizca en lo profundo.



§



Lentamente, cabeza descubierta, piensas en mástiles
plática girante de las grúas. Piensas en poesía como caza
más profunda, carroña más alta. Las frondas te acarician
saltan garrapatas que aplastamos en la noche.
El cuaderno de notas, tendido entre las ramas, ofrece
bosque sin escritura, moldes para líneas sueltas:

[porcelana feudal sobre un tronco en la espesura
[mi idea de los besos es tu idea del concreto
[recargada en un pino escribe cartas la escalera
[el oquedal como el segundo rostro de la pobreza
[todo rastro se pierde en este sitio histórico



§



El andar en la niebla, previo a la noche, fue un exhausto
deslizarse de cadenas montañosas, de trayectos, y
en guardia, para no tropezar, o bien calentar
extensiones inmensas, cuidarlas, saltaba la percepción
aire denso de gotas, sin que cayera la lluvia, esfera
con vaho, sonido como viniendo de almejas, de fosas

escuchaba irse a los muertos, campo de ecos de ruidos arcaicos
cuernos de caza, el huir de la presa en el légamo, ladera abajo
me escuchaba por momentos, rastreando honduras de camino,
potencia de rocas, glifos de rocío en el ojo, la frente brillante
bajo el registro de huésped de una cornamenta con moho.



§



Ante las raíces, enormes, del sentido histórico
cultivar un órgano de aquellos imposibles, especializados
de los que pueden instalarse, con lecturas y tragos
hasta que florezcan, se aterricen, sean masticados.

Este pensamiento de la historia es muy joven, puedes
confiar en él. Bosque —la mezcla de agua y madera
en la que aparece— ofrece gnomos, hombres lobo
partisanos, cazadores y boy scouts, así como disparos
y entierros. Gotcha, conversaciones en la arbolada…
Poco tiempo para elegir un tema, tomar algo para llevar
el pensamiento crece, la tala de toda la comarca.



Daniel Bencomo (San Luis Potosí, 1980). Poeta y traductor mexicano. Ha publicado los libros Lugar de Residencia (2010, Fondo Editorial Tierra Adentro), al cual le fue concedido el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2010; Alces, Rejkyavik (Magenta Libros-Conaculta, 2014) y Espuma de bulldog (Luzzeta, 2016), entre otros. Como traductor de poesía ha publicado La calma entre el cero y el uno de Björn Kuhligk (Bonobos, 2015) y Canon previo a la huidade Tom Schulz (Cuadrivio, 2015). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en la categoría Jóvenes Creadores durante los períodos 2010-2011 y 2012-2013. La mutación de Lo en Lo es su último libro (Cuadrivio, 2018).