[Traducciones] Poemas de Ada Limón [vers. Daniela Morano]

Imagen: © Becka Ranta

De origen mexicano-estadounidense, Ada Limón (Sonoma, California, 1976) es autora de los libros Lucky Wreck (2006), This Big Fake World (2006), Sharks in the Rivers (2010), Bright Dead Things (2015) y The Carrying (2018).

Los poemas a continuación forman parte de este último libro, por el que obtuvo el National Book Critics Circle Award. La selección y traducción es de Daniela Morano.

 


 

Tener

El cielo blanco punzante con el frío de noviembre,
el aire es ceniza y humo de madera quemada.
El rubor del árbol que muere
un tren de carga a toda velocidad, y ahí,
esa soy yo, parada en medio del pasto
escarchado, observando al perro sufrir
con la caída de las hojas frías. No me veo grande a la distancia,
solo un poste de alambre, un seto de acebo.
Todavía más amplio, más allá del estruendoso cruce
de yeguas buscando lo que queda de verde
en el pasto, unos recién nacidos son
expulsados, y el cielo es el mismo, blanco
como la calma ante una tensa bandera de rendición.
Unos ranchos más allá, ahí está nuestra yegua,
su panza un barril redondo con un potrillo o
la idea de un potrillo. Es Kentucky, otoño,
y cualquier yegua que lo valga acarrea
un potencial próximo triunfador. Nuestro, su pelaje,
grueso con el barro de la temporada se apoya contra
la reja negra y esta imagen me pesa.
Como mi propio cuerpo, vacío,
libre de secretos, sabe cómo cargarla,
sabe que todos estamos destinados a algo.

 

§

 

Lo que antes no sabía

era cómo los caballos simplemente dan a luz
a otros caballos. No un bebé, no
una criatura de espacios liminales, sino
que a una bestia de cuatro patas empecinada en caminar
gateando en busca de su madre. Un caballo
deja espacio para otro caballo y de repente
hay dos caballos, así como si nada.
Así es como te amé. Tú,
bajando del lejano tren desde Red Bank con un café
del tamaño de tu brazo, una bolsa pesada
con dos computadores balanceándose
a tu lado. Recuerdo que nos reímos
cuando nos miramos. Lo que había entre
nosotros no era algo frágil que cuidar, adormecer.
Nació totalmente formado, listo para correr.

 

§

 

En un poste hace mucho tiempo

No sé en qué cosa de la lista
pensar primero.

De todas las cosas que están desapareciendo: peces, pájaros, árboles, flores, abejas,
e idiomas. Dicen que si promediamos los índices históricos, un idioma se extinguirá cada cuatro meses.

En el tiempo que tardas en decir te amo, o irte a vivir con alguien, o admitir que llevas un hijo dentro, todas las palabras intrincadas del lenguaje se habrán extinto.

Hay demasiadas cosas que sostener en la palma del cerebro.
Tu papá con Alzheimer usa la palabra algo para describir muchos sustantivos distintos y nosotros adivinamos la palabra. Cuando le acertamos asiente, como si fuese obvio.

Cuando nos equivocamos, su expresión es como un puño.

Caminando por el barrio, hay un ancho poste metálico
donde alguien rayó Brandy Earlywine ama a Jack Pickett y de ahí
unos corazones. El bombardeo de corazones rayados una y otra vez como si

por si acaso olvidamos la palabra amor, al menos reconoceremos el símbolo. Como si
la señorita Earlywine quisiera que supiéramos, incluso después de que ella y el señor Pickett

fallecieran, sus corazones reales detenidos —los que no se se parecen en nada
a esos pequeños símbolos—, los que frenéticamente, intensamente, una noche

bajo la luz de los postes mientras sus papás pensaban que dormían, inscribieron
en el cuerpo de algo permanente como un árbol, un corazón,

así incluso después de que sus cuerpos muertos,

sus bocas incapaces de formar palabras, ese símbolo universal nos dirá
cómo se sintió, una noche azul, hace mucho tiempo, cuando aún había 7 mil

idiomas con que nombrar y honrar plantas y animales cada uno
a su manera, cuando tu papá dijo algo y supimos qué quería decir,

y las abejas eran grandes y redondas y oíamos sus zumbidos.

 

§

 

Olvidando

Después de la tercera vez que tu papá se pierde,
………………………………….te enojas porque no contesta su celular.

Parte de mí quiere que siga perdido. Dios, ¿qué me quitó mi generosidad?

Se sirve un bol de cereal con leche y deja la puerta del refrigerador abierta.
………………………………….Te llama jefe y a mí mamá. Sí, mamá, dice y pone

sus ojos en blanco cuando le digo que coma algo, que limpie después.

¿Sería más paciente con un niño? ¿Amaría la pequeñez
………………………………….de una vida más que el abandono de la mente? Sí.

No sé qué hacer con él, así que con minuciosidad cocino
………………………………….ensalada de arvejas con cebollas rojas blanqueadas, rábanos y espárragos,
papas gratinadas, todas cosas buenas que salen de la tierra.

Se come los huevitos que dejé para los invitados hasta que no quedan;
………………………………….dice ¿qué piensas del aborto?

Le explico que las violetas, los dientes de león y los cebollines son comestibles,
así que casi tenemos un patio comestible. Dice que odia a los pájaros.

Me río y le pregunto ¿cómo puedes odiar a los pájaros?

Dice que los odia porque están en todos lados, en todas partes,
donde sea que mires, y observamos juntos el cielo.

Resulta que está en lo correcto, esos malditos están en todos lados.

 


 

Versiones originales

 

Carrying

The sky’s white with November’s teeth,
and the air is ash and woodsmoke.
A flush of color from the dying tree,
a cargo train speeding through, and there,
that’s me, standing in the wintering
grass watching the dog suffer the cold
leaves. I’m not large from this distance,
just a fence post, a hedge of holly.
Wider still, beyond the rumble of overpass,
mares look for what’s left of green
in the pasture, a few weanlings kick
out, and theirs is the same sky, white
like a calm flag of surrender pulled taut.
A few farms over, there’s our mare,
her belly barrel-round with foal, or idea
of foal. It’s Kentucky, late fall, and any
mare worth her salt is carrying the next
potential stake’s winner. Ours, her coat
thicker with the season’s muck, leans against
the black fence and this image is heavy
within me. How my own body, empty,
clean of secrets, knows how to carry her,
knows we were all meant for something.

 

§

 

What I Didn’t Know Before

was how horses simply give birth to other
horses. Not a baby by any means, not
a creature of liminal spaces, but a four-legged
beast hellbent on walking, scrambling after
the mother. A horse gives way to another
horse and then suddenly there are two horses,
just like that. That’s how I loved you. You,
off the long train from Red Bank carrying
a coffee as big as your arm, a bag with two
computers swinging in it unwieldily at your
side. I remember we broke into laughter
when we saw each other. What was between
us wasn’t a fragile thing to be coddled, cooed
over. It came out fully formed, ready to run.

 

§

 

On a Lampost Long Ago

I don’t know what to think of first
in the list

of all the things that are disappearing: Fishes, birds, trees, flowers, bees,
and languages too. They say that if historical rates are averaged, a language will die
every four months.

In the time it takes to say I love you, or move in with someone, or admit to the child
you’re carrying, all the intricate words of a language become extinct.

There’s too many things to hold in the palm of the brain.

Your father uses the word thing to describe many different nouns and we guess
the word he means. When we get it right, he nods as if it’s obvious.

When we get it wrong, his face closes like a fist.

Out walking in the neighborhood, there’s a wide metal lamp post
that has scratched into it, Brandy Earlywine loves Jack Pickett and then there
come the hearts. The barrage of hearts scratched over and over as if,

just in case we have forgotten the word love, we will know its symbol. As if,
Miss Earlywine wanted us to know that, even after she and Mr. Pickett

have passed on, their real hearts stopped—the ones that don’t look anything
like those little symbols—they frantically, furiously, late one night under

the streetlight while their parents thought they were asleep, inscribed
onto the body of the something like a permanent tree, a heart—

so that even after their bodies ceased to be bodies,

their mouths no longer capable of words, that universal shape will tell you
how she felt, one blue evening, long ago, when there were still 7,000

languages that named and honored the plants and animals each in their
own way, when your father said thing and we knew what it meant,

and the bees were big and round and buzzing.

 

§

 

Losing

After your father gets lost for the third time,
………………………………….you get angry because he won’t answer his phone.

Part of me wants him to stay lost. God, what has stolen my generosity?

He pours a bowl of cereal and milk and leaves the refrigerator door open.
………………………………….He calls you boss and me mother. Yes, Mother, he says and rolls

his eyes when I tell him to eat something, to clean up after himself.

Would I be more patient with a child? Would I love the smallness
………………………………….of a life more than the gone-ness of the mind? Yes.

I don’t know what to do with him, so I cook elaborately —
………………………………….pea salad with blanched red onions, radishes and asparagus,
scalloped potatoes, all good things that come from the ground.

He eats the mini eggs I’ve left for guests until they’re gone;
he says, How do you feel about abortion?

I explain how you can eat violets, and dandelions, and wild chives,
so that we almost have an edible lawn. He says he hates birds.

I laugh and ask him, How can you hate birds?

He says he hates them because they’re everywhere, they are all over,
everywhere you look, and we look up at the sky together.

Turns out he’s right, those damn things are everywhere.

 


Daniela Morano (Santiago, 1993). Poeta y traductora. Egresada de Literatura Creativa en la Universidad Diego Portales.