[Texto de presentación] Consideraciones para reconstruir una playa de Martín López

En diciembre del año pasado se lanzó en Santiago el libro Consideraciones para reconstruir una playa (Jámpster, 2019), ópera prima de Martín López. En dicha ocasión, el poeta Lucas Costa leyó el texto que presentamos a continuación.

 


 

Oír la polinización de las palmeras
Notas sobre Consideraciones para reconstruir una playa de Martín López (Jámpster Libros, 2019)

1. Nunca he visto un camello en vivo. No sé cómo caminan en verdad ni el semblante que llevan cuando cruzan las dunas o cómo se sentirá ir arriba de uno. No sé cuáles son sus costumbres ni aquello que simbolizan para los pueblos itinerantes del desierto. Pero sí sé lo que es un caballo, lo que supone verlos pastar, subirse arriba de uno y tomar las riendas, con una cuota de miedo o culpa (en mi caso) y usarlos metafóricamente, en jerga, para referirme a alguien temerario o atarantado. En el poema que cierra este libro se afirma: «Pero una playa no es menos irracional que los caballos». No sé bien qué quiere decir con eso ni cómo interpretarlo. Tan solo me queda dando vueltas el hecho de que se termine hablando de caballos y no de camellos, exóticos camellos que pasaron por casi todo el libro, de manera tan inverosímil como por el ojo de una aguja. El libro de pronto hace un cambalache con los elementos de su imaginario y ahí logro ver un gesto que descoloca y, por lo tanto, me interesa. Pero entonces ¿qué clase de playa es esta?

2. Parto pues por lo obvio y aparente: Consideraciones… contiene poemas miniaturas, casi epigramáticos, de diez versos como máximo. Generalmente, estos se dividen en secciones numeradas y tienen constantes apelaciones a un «tú» (que suponemos es la pareja del hablante, pero con pocas certezas), muchas descripciones notables (como «todas las cosas bajo una luz crustácea») y una interioridad que permite palpar un «termómetro emocional». Me llaman la atención las observaciones donde se mira y se hace notar la presencia de quien mira, de manera tanto superficial como más honda. Iba a acotar sobre ciertos destellos imaginativos y la convivencia de tonos decimonónicos con otros cotidianos, pero me di cuenta de que estoy resumiendo. Quería tan solo decir que el libro gira sobre algunos centros extraños, pues creo que intenta plantear constantemente un lugar donde las ideas se rearman y las sensaciones son devueltas a través de formas cambiadas. Un lugar lingüístico, por supuesto.

3. El primer poema («Escena de bañistas») tiene una virtuosa contradicción, pues se trata de múltiples textos que apelan a una sola escena que muta, que se muestra de diversas maneras. El título se presenta en singular pero el desarrollo del poema está en plural. Luego, llama mi atención el hecho de que contiene un imaginario común, que se repite a lo largo de todo el poema (y del libro), pero que cuando este aparece de nuevo, lo hace de manera dislocada, en un orden distinto al anterior. Los versos entonces resultan como especies de piedras rodantes que avanzan y retroceden, aparecen y desaparecen como sucede en las costas con el movimiento de las mareas. En el caso de este poema, los elementos son varios: cangrejos, arenas, ojos, piedras, dedos, Atacama, la lluvia de lado, la desnudez, la sal, campos de arroz, garzas y flamencos, que se combinan unos por otros. Acá dos fragmentos para contrastar: «En Atacama ayunan los flamencos / Llueve de lado: / la piedra sigue ahí / grande» y «llueve y sabe a sal de este lado / Desde ahora te llamaré Atacama».

4. Este tipo de arte «combinatorio» no es algo nuevo en la poesía. El último tiempo he estado obsesionado con el asunto y me he encontrado con un par de casos contemporáneos que lo han llevado a cabo de manera radical. Nombraré un par. Francis Ponge en Cómo un higo de palabras y por qué escribe con insistencia el mismo poema, una y otra vez, en función de mostrar la búsqueda por un procedimiento. Al parecer, es una obra ejemplar en esta materia, pero no puedo ir más allá pues no lo he leído (según tengo entendido, aún no se traduce). Mi amigo Chris Anwandter me ha hablado entusiasmado varias veces de él y confío en su criterio. Por otro lado, pienso en el caso de John Taggart, quien mediante la repetición del mismo poema, con pequeños cambios de la frase o permutas minúsculas de palabras, nos lleva a un efecto no de dilución sino de potencia, como si estuviéramos frente a un rezo o mantra expansivo. La primera impresión que me causaron sus poemas fue que no generaban el efecto de un cambio semántico radical sino de una especie de vaciamiento de sentido, como, cito a Martín: «Repitiendo muchas veces la palabra camarón (…) esto es el habla de las playas / en el que se ha perdido el significado». Pero leyendo de manera más profunda, en Taggart las palabras adquieren un espesor distinto cuando se las lee hasta el hartazgo, pues logran ir más allá de su mera referencia y la línea modificada resulta ser música en complejos y sutiles patrones de sentido, que hacen de la lectura de cada versión de un poema una experiencia renovada. Creo que hay que tomar en cuenta que «lo que está en juego es mucho más que un problema estrictamente técnico», según dijo alguna vez el mismo autor.

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5. Este libro se la juega a veces por otra forma de operar, que yo llamaría de «permutación», donde podemos ver los recorridos de un texto y sus «versiones». Su obsesión se centra en las posibilidades de escenas que se pueden dar mediante la combinación de sus elementos, que es sin duda una poética del cambio y de la mutación del sentido. Y quizá, mediante ello, se quiera develar la forma en que los textos se gestan. Ver el montaje sucesivo en un poema hace visible su trabajo de composición y ello resulta un ejercicio lúdico, que nos enrostra la búsqueda constante del orden de los factores que supone la escritura. Los elementos son solo transitivos, están ahí para evidenciar un proceso, la toma de decisiones en torno a escenas que se diluyen en sus posibilidades. El hecho de que este texto no se adhiera fielmente a la fidelidad de los hechos, sino que muestre las diferencias y las posibilidades del cambio, me hace pensar en la palabra «reconstruir» que preside el título del libro, como si tuviéramos que encontrar algo que fue destruido de antemano. Y creo que esto está emparentado con uno de los temas clave del libro, que es la memoria, ese roce constante del presente con el pasado: «Miro el durazno sobre la mesa / mientras tú haces caca en el baño / completamente desnuda // si decidiera comerme el durazno / su recuerdo no tendría sabor a durazno».

6. A través de este libro recordamos que es imposible «cosificar» un recuerdo, porque no existe una versión verídica de un hecho, sino que muchas maneras de ensamblarlo. Somos homo faber, hacedores y, por tanto, fabricantes de memoria, según nos recuerda Montalbetti: hacemos recuerdos, volvemos a pasar los elementos por el corazón (recuerdo viene de re-cordis), que los cambia de orden y de lugar. Por eso son relevantes las posibilidades que superan la noción de un pasado fijo y quieto. Esto permite generar que los hechos parezcan una alucinación en medio del desierto: un «espejismo que sostengo / como un vaso». Un vaso sin duda hecho de un material como el vidrio, transparente y completamente frágil. Entonces, lo que queda del pasado son tan solo restos, piezas que con el tiempo cambian de lugar. He ahí que haya momentos en este libro donde se palpe una notable desconfianza en lo que se describe: «En realidad la playa no está rosada / no sabría decirlo». Sucede lo mismo cuando se enuncia de manera explícita que estamos frente a una creación: «Ahora pienso: / podría de forma arbitraria / incluir cualquier verbo presente (…) o quedarme inmóvil y pensar en el pasado». Este hablante dubitativo, incapaz de describir de manera total, cuestiona constantemente de manera implícita aquello que muestra y eso, para mí, genera una complicidad con el lector, pues no impone y así asume que lo que dice permanece abierto: «Esta playa es / así como que un poco medio / ambigua».

7. Para mí, hay algo especialmente llamativo en estos versos: «Estos días he pensado / en el recuerdo de mi nacimiento». Será porque es algo imposible de recordar o porque está supeditado a los otros, que muchas veces recuerdan por nosotros. Como en este otro poema, donde involuntariamente se forma parte de los recuerdos ajenos: «Me pregunté por todos los videos de antiguas vacaciones / grabados por personas que nunca conocí / en los que yo podría aparecer quizás / corriendo al fondo durante un segundo». Me llama la atención que la realidad en estos poemas resulte pasar por las posibilidades del lenguaje o que el lenguaje pueda ser llevado más allá de los límites de la razón: mostrarnos lo imposible. Esto de fabular o echar a andar la función imaginativa forma parte constitutiva de la poética de Consideraciones… Consideremos, pues, estos dos versos: «Tú veías ayunar a los flamencos» y «queriendo oír la polinización de las palmeras». Ambas cosas resultan racionalmente imposibles (se necesita comunicación para poder conocer el ayuno de un flamenco o un oído biónico para oír la polinización de las palmeras. Me pregunto también si esta generará sonido). Así, en un poema como «Profundo sentimiento de nostalgia frente al mar» se llega finalmente a estos versos donde el hablante afirma ser un camello, algo completamente inverosímil pero significativo para el punto que quiero hacerles ver:

Veo un desnivel en el suelo
digo aquí se adivinará la luna
cuando llueva
la noche está oscura oh amor

el camello intentando recordar
su propio nacimiento

yo soy el camello
todo lo demás
la forma ciega de las piedras

El libro contiene muchísimos enigmas que no se resuelven, que hacen tambalear la lógica del lector, y le permiten ingresar desde el terreno de la representación más realista hacia una perspectiva imaginativa, que abre las posibilidades de ver y entender la realidad, sobre todo del pasado y sus repercusiones en el presente.

8. Recaigo sobre el título para terminar, donde las playas pueden ser espacios donde van a encallar nuestras experiencias y los lugares desde los cuales re-construir nuevas formas de comprender el pasado y el presente. Me parece certera la palabra «consideración», pues este es un libro que le permite al lector ingresar en él y habitarlo. Resultan necesarias las consideraciones para los tiempos que corren, pues estamos comenzando a repletarnos de imposiciones y reglas. Es clave que el libro parta desde ahí, pues resulta peligroso el que se nos obligue a reconstruir de tal o cual manera y a interpretar de una manera uniformada las vastas posibilidades de nuestras playas mentales.

 


Lucas Costa (Santiago, 1988). Ha publicado los libros Encomienda (Cuneta, 2013) y Playa de escombros (Alquimia, 2017). El año 2010 fue becario de la Fundación Neruda y el 2012 obtuvo el Premio Roberto Bolaño en poesía. Con Playa de escombros obtuvo una beca de creación del CNCA el 2013. Junto a Cristian Foerster dirigió el taller de escritura poética emergente Al pulso de la letra. Trabaja en diversas instancias de fomento lector.