[Punto de partida] El pensamiento del poema de Mario Montalbetti

En este nuevo Punto de partida, Diego L. García comenta la más reciente publicación del poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti, el libro de ensayo El pensamiento del poema, que acaba de publicarse en España por la editorial Kriller71.

 


 

En el desborde: El pensamiento del poema de Mario Montalbetti (Kriller71, colección Mula Plateada, 2020)

Como Pound, como Girri, como Carson, como Bellessi, Mario Montalbetti ha desarrollado una obra poética y una teoría sobre la escritura de poesía. Como muchxs otrxs, pero no como cualquiera. Porque si bien toda literatura se escribe y se inscribe en corrientes, en afectos, en sintonías, también en réplicas, pocas veces la estructuración teórica del asunto resulta tan singular y expansiva. Esta reciente publicación de Kriller71, en su flamante colección Mula Plateada, nos propone una indagación desde algunos conceptos de Alain Badiou, desde el poema como evento pensante y hacia un pensamiento escribible que habilita el propio circuito de escape. Porque cuando se reflexiona en torno a la escritura de poesía más tarde o más temprano se requiere una fuga que permita hacer un nudo al caso para volverlo un trayecto donable al lector.

Justamente la idea de fuga, de salirse, de ir en busca de una nada, es uno de los puntos iniciales del ensayo. Piensa Montalbetti: «No se sale del lenguaje significando. Lo que llamamos “fuera del lenguaje” sigue estando perfectamente acomodado dentro de él». Claro, hablamos de una falsa salida, ilusoria (una «ilusión desgarradora», dice Badiou en El ser y el acontecimiento). Lo que sí se produciría es «un cambio de estado físico» del lenguaje, y ello definiría al poema. El pasaje es de un estado a otro. ¿Por qué habría de abandonar el lenguaje su consistencia comunicativa? Para, según Montalbetti, hacer borde en esa zona donde el significado tambalea y se vuelven precarias las nociones de sentido, interpretación, expresión, incluso otras muy en boga como las de efecto y funcionamiento. En estas líneas lo sintetiza el autor de manera magistral: «El poema piensa allí donde no significa o, donde aún significando, su pensamiento desborda su significación». Se trata de una sentencia que atomiza una teorización acaso interminable. Habría en el mapa del poema zonas de significado y zonas vacías. White spaces, las llamó Paul Auster en un ensayo de 1979. Y para representarlo, el escritor norteamericano planteaba el siguiente caso: «Un hombre emprende un viaje a un lugar donde nunca ha estado antes. Otro hombre regresa. Un hombre llega a un lugar sin nombre, sin señales físicas que le digan dónde está. Otro hombre decide regresar. Un hombre escribe cartas desde ningún sitio, desde el espacio en blanco que se ha abierto en su mente. Las cartas jamás son recibidas. Las cartas jamás son enviadas. Otro hombre emprende un viaje en busca de aquel primer hombre. Este segundo hombre se va pareciendo más y más al primero, hasta que también él es tragado por la blancura. Un tercer hombre emprende un viaje sin esperanza de llegar jamás a ningún lugar. Vaga. Sigue vagando. Durante todo el tiempo que permanece en el dominio del ojo desnudo, sigue vagando»¹. Así como las cartas que no salen ni llegan, el poema piensa el espacio en blanco que lo consume; un espacio sin linealidad, sin recorrido posible. El desborde es el lugar irreconocible, pero desde el cual todavía se elige escribir las cartas. ¿No habrá lector? ¿Nadie accederá allí? Me gustaría pensarlo más bien como una transustanciación del lector, mediante la cual su consistencia de decodificador mutara en la de un vagabundo despreocupado. La blancura es una plenitud que no requiere respuestas, o que entiende un modo de las palabras en el poema como contradicción (no dejen de rastrear este jugosísimo concepto en el libro). Tampoco vestimentas críticas de ningún tipo. Tan solo el despojamiento del sentido.

Tapa El pensamiento del poema

Montalbetti, citando a Agamben y a San Francisco de Asís, habla de pobreza. Se pregunta si no es posible un loqui sine proprio (hablar sin propiedad) para abordar ese carácter del poema de no poseer, de no requerir, de valerse por su propia falta. Por ahí van algunas de las claves del libro. Que el resto del camino lo descubra el lector. Eso sí, no espere un tour por las grandes ciudades de una ciencia-poética, no espere un guía que traduzca informaciones obvias y previsibles sobre ciertas ruinas o ciertas majestuosidades… Únicamente procure volverse parte de la senda, desnudarse en el ojo, aceptar la intemperie de lo que no puede ser apropiado. La poesía necesita pocas cosas y, las pocas que necesita, las necesita poco.

 

1 Auster, Paul (2012). Poesía completa. Trad. Jordi Doce. Buenos Aires: Seix Barral, p. 273.

Diego L. García nació en Berazategui, Buenos Aires, en 1983. Es profesor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Escribe crítica y poesía. Entre sus libros figuran Fin del enigma (Ediber, 2011), Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), Una voz hervida (Jámpster eBooks, 2017), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018), (Fotografías) (Zindo & Gafuri, 2018) y Las calles nevadas (Barnacle, 2020). Forma parte de la antología de poesía latinoamericana País imaginario: escrituras y transtextos 1980-1992 (Ay del Seis, 2018). Se publicó en Bolivia una selección de su obra titulada Modo arcade (Electrodependiente, 2019). Colabora en diversas revistas literarias con reseñas, traducciones y artículos críticos. Sitio: margendelpoema.blogspot.com.