Perfil editorial: Noctámbula

Entre las editoriales chilenas que hicieron su aparición en el circuito independiente durante el 2019, una de las más destacadas es Noctámbula. Dirigida por los escritores Mónica Drouilly Hurtado y Eduardo Plaza, este sello ha logrado ganarse un espacio apostando por la publicación tanto de libros de narradores emergentes como de poesía japonesa tradicional, dando forma a un catálogo atractivo por su carácter ecléctico. Sobre esto, los orígenes de la editorial y sus planes para el 2020, conversamos con sus fundadores.


¿Quiénes componen la editorial Noctámbula? ¿Cómo nace? ¿Cuáles son sus métodos de trabajo?

Noctámbula está compuesta por los escritores Eduardo Plaza y Mónica Drouilly Hurtado. Nace después de darnos cuenta de que teníamos un interés común en poner en circulación escrituras interesantísimas que, por algún motivo, permanecían inéditas. También queríamos facilitar el acceso a libros de escritores latinoamericanos que están escribiendo muy bien y no tienen distribución en Chile. Nuestra metodología de trabajo es bien diversa: estamos atentos permanentemente a lo que están trabajando escritores inéditos o con un par de libros publicados; también estamos atentos a lo que están haciendo editoriales con proyectos parecidos en el resto de Latinoamérica. En el caso de la colección Omamori, que se compone de traducciones directas desde el japonés, trabajamos con varios traductores seleccionando textos que nos parezcan atractivos.

Son una editorial esencialmente de narrativa, sin embargo, tienen un interés muy específico en la poesía japonesa. ¿De dónde nace ese interés por una colección tan particular? ¿Qué buscan con ella?

En la colección Omamori buscamos difundir la literatura japonesa desde Latinoamérica. De momento, la mayor parte de las traducciones que nos llegan son realizadas en España y, en algunas ocasiones, desde el inglés, el francés o el alemán. Lo anterior tiene como consecuencia que tengamos libros caros con un marcado acento ibérico. Queremos ofrecer una alternativa, y es por esto que estamos trabajando para fortalecer la traducción literaria de literatura japonesa desde el Cono Sur. Es en este contexto donde, además de narrativa y no ficción, publicamos poesía. Comenzamos en 2019 con un conjunto de haikus de Matsuo Basho. Para 2020 tenemos planificado publicar poesía escrita durante el siglo XX con formas que rompen con la tradición japonesa. Seguiremos publicando haikus y al mismo tiempo ampliaremos el tipo de poesía a la que podemos acceder.

En el medio poético se dice mucho que al final se leen entre poetas, que la llegada a los lectores-no autores es mínima. ¿Los chilenos leen a narradores chilenos?

Suena muy deprimente. Creo que en el caso de la narrativa podríamos distinguir entre los autores de grandes casas editoriales y los narradores que se están abriendo espacios en editoriales más pequeñas y sin la maquinaria de difusión y distribución de las primeras. Efectivamente, en el último caso es más difícil llegar a los lectores —se consigue un mínimo de prensa o espacio en medios, las condiciones de distribución son diferentes, se venden menos libros—, y tal vez quienes estén más pendientes sean los propios escritores, pero no tiene por qué ser una condición permanente. De todos modos, creo que los autores chilenos estamos más preocupados de hablar mal de nuestros pares que de leerlos. Es cosa de quedarse después de los lanzamientos para comprobarlo.

¿Qué novedades tienen para este año?

Tenemos hartas novedades, algunas de ellas aún las estamos terminando de negociar. De momento les podemos contar que en la colección En Lengua Materna partiremos el año con El fallo muscular, del dramaturgo Cristian Cristino; continuaremos con Botarga de Carlos Crisóstomo; para cerrar el año con Vagabunda de Luisa Ballentine.
En la colección Omamori presentaremos Gato azul de Sakutar? Hagiwara, con traducción de Mat Chiappe, y Flor de naranja amarga de Misuzu Kaneko, con traducción de Marcela Chandía.
Este año también presentamos dos nuevas colecciones: en primer lugar, tenemos la colección de libros de pequeño formato Kotori, que en japonés significa pajarito, donde publicaremos Las voces de Hiroshima de Tamiki Hara, con traducción de Juan Luis Perelló, y la japonería La posada de los juncos en flor de Judith Gautier, con traducción de Fe Orellana. Por último, estamos preparando una nueva colección, a la que aún no bautizamos, que será inaugurada con La imprudencia, de la escritora y directora francesa Loo Hui Phang.


Álvaro Gaete Escanilla

Álvaro Gaete Escanilla (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano y editor en las revistas digitales Jámpster y Tatami. En 2016 obtuvo una mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño, categoría Poesía, y el 2018 fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Poemas suyos aparecen en Maraña, Panorama de poesía chilena joven (Alquimia, 2019).