Inéditos: Poemas de Antonia Torres

Autora de cuatro libros de poesía y de la novela Las vocales del verano (2017), Antonia Torres es una voz relevante de la generación de poetas de los noventa. No obstante, no conocemos de su trabajo poético desde la publicación de Umzug en 2012. Por lo mismo, nos complace presentar los siguientes poemas de adelanto del libro inédito La luz y las horas. Que los disfruten.


Enseñas cocina como si enseñaras dicción
ensayas un paso en falso para conocer la caída
enseñas con señas para borrar tus huellas
te ensañas con alguien para ensayar.

Enseñas un idioma y lo desafinas
un instrumento
te ensañas con tu imagen
en el espejo la maquillas
coloreas y detallas.

Al escribir te asfixias
al mirar te atragantas
al respirar te equivocas.

Te confirmas al leer y te conformas
escribes un diario y te extravías
enseñas palabras y te silencias.

Hablas un idioma extranjero
lo descompaginas
tomas un libro
lo olvidas

amas a alguien
repartes en dos el dolor.


Amo la voz llegada desde lejos y con retraso
la imperfección de aquello que distrae el ojo
lo inevitable del error

A la taza a punto de caer
la contemplo con vergüenza

Amo la inminencia de su destrozo
lo profano en aquello a punto de desencadenarse

Amo el sueño de los vecinos que se cuela en los nuestros
anegando el cuarto de fantasías absurdas

Amo las palabras torpes e involuntarias que se nos caen de la boca
como granos de arroz mientras hablamos

Amo el instante preciso
en que todo encantamiento cede:

suspendida en el aire
la memoria de la luz se desvanece

convertida en tropiezos
la música y las risas de anoche caen por la escalera

y el cielo se desfonda en forma de lluvia
y los deseos se desenhebran
se salen de sus cuencas
parpadean las lámparas

y entonces todo cede
y entonces todo habla y es invierno y es de noche
y el planeta da una vuelta completa alrededor del tiempo
cada uno habla con la boca llena de lluvia o vino
y hasta los objetos conversan entre sí
y ya no hay significados ocultos
no hay acertijos que resolver en el poema

entonces
quien sabe
haber amado
lo impreciso
lo imperfecto
lo atrasado
tendrá recompensa.


La luz del amanecer mancha el suelo del bosque
prolongándolo más allá de lo que él mismo puede comprender.

Algunos árboles avergonzados dan la espalda al sol.

Cabizbajos, no soportan en su sombría envergadura
el calor de una idea mayor que ellos.
No saben, no entienden la luz de la inteligencia ajena.

La luz del amanecer mancha el suelo del bosque
de sombras que se prolongan e inundan la casa
señalando un camino que tiñe el día con gotas de noche.

Un grupo de árboles
como adolescentes que traman algo en una esquina
se apiñan para darle la espalda al sol del alba
empozados en su encono, protegidos en su pacto.

Al atardecer, el mismo joven bosque ya no puede negar el boato
la insolente orquesta, la enceguecedora estridencia del sol:
como una bofetada lo castiga y le recuerda
las tinieblas ciegas allí donde acaba el mundo.


La herida de Narciso

En el fondo suave y profundo de mi bolsillo
acaricio una piedra como moneda antigua.
Es la joya encontrada en un paseo que atesoro
como los dientes de leche de mis hijos
revueltos y confundidos entre sí en un joyero
allí justo
bajo el espejo en el que miro mi rostro cada mañana.

Mi piedra pesa cada día menos
y hasta parece haberse pulido
como el rostro hermoso de mis hijos
que son a estas alturas cada uno de mis brazos
mis piernas
y mis propios ojos
cuando brillan por la noche en busca de la luna.

Mi piedra en el bolsillo
un trozo de carbón milenario
que alimenta la caldera
de mi cráneo
mi torso
mis pasos
el calor de mi empeño.

En el fondo mullido del bolsillo
mi piedra crece y se embellece
sus contornos cobran dimensiones montañosas
y sus pliegues comienzan a parecerse a las arrugas de mi cuerpo.

Posee mi piedra una herida igual a la mía
en el mismo lugar
una batalla que no consigue olvidar.

Hela aquí:
la herida de Narciso
que palpo con ternura en secreto
nadie la ve
ni siquiera yo
pero quema como brasa mi muslo
y me habla
puedo jurar que me habla
en una lengua que aún no logro descifrar.


Foto Antonia TorresAntonia Torres Agüero (Valdivia, 1975). Escritora, periodista, Magíster en Literatura Hispanoamericana Contemporánea (UACh) y Dra. en Filología Románica (Dr. der Phil) por la Heinrich-Heine-Universität de Düsseldorf. Sus líneas de investigación académica abordan temas como la memoria en la poesía y la narrativa chilenas de posdictadura. Es autora del estudio Las trampas de la nación. La nación como problema en la poesía chilena de postdictadura (Peter Lang Verlag, 2013), de los libros de poesía Las estaciones aéreas (Barba de Palo, 1999), Orillas de tránsito (Sec. Reg. Min. Educación, 2003), Inventario de equipaje (Cuarto Propio, 2006),  Umzug (Cuarto Propio, 2012), y la traducción al alemán de este último, Mudanza/Umzug (Düsseldorf University Press, 2015 / trad. K. Viseneber). También ha publicado la novela Las vocales del verano (Random House, 2017). En 2018 obtuvo la beca de escritura del Consejo Nacional de las Culturas y las Artes. Actualmente dicta el curso de Derecho y Literatura en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Austral de Chile y el Taller de Lectura y Escritura Autobiográfica Me Acuerdo, en las ciudades de Valdivia y Puerto Varas.