Traducciones: Poemas de Shara McCallum [versiones de Adalber Salas Hernández]

Shara McCallum (Kingston, Jamaica) es autora de los libros The Water Between Us (1999), Song of Thieves (2003), This Strange Land (2011), The Face of Water (2011) y Madwoman (2017, ganador del OCM Bocas Prize for Caribbean Poetry y el Sheila Margaret Motton Book Prize). Su trabajo ha sido publicado en Estados Unidos, el Caribe y Europa, y traducido a varias lenguas. Ha recibido la Beca Witter Bynner de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la beca para poesía de la National Endowment for the Arts. Actualmente se desempeña como profesora en Penn State University.


Selección y traducción de Adalber Salas Hernández

La Historia es un cuarto

El estudio de la Historia es el estudio del Imperio.
Niall Ferguson

No puedo entrar.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que ser un hombre que hace
Historia, no una muchacha a quien la Historia le sucedió.

Madre de dos hijas, resguardo sus vidas con esperanza, una pizca de
sal que lanzo sobre mi hombro.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que llevar una pistola.

Aquí, blando armas que sirven para un arte que mi madre y
mi abuela conocían: cómo hacer una comida con plátanos y huevos.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que vivir en el pasado, entender
cómo se acumula el poder, eclipsando el sol.

Bajo las camas de mis niñas, esparzo granos de arroz para tener a los espantos
a raya.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que vivir en el presente: Estas
elecciones. Esta guerra.

Bajo las almohadas de mis niñas, pongo muñecas quitapenas para asegurarles
un sueño tranquilo.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que salvar la distancia entre
mi puerta y lo que espera más allá.

Parada en mi vestíbulo, en el ocaso, le pido al mar que llene las grietas
de esta casa con su aliento.

La Historia es contada por los muertos, que vuelven de sus tumbas
para caminar vistiendo pieles secas.

En nuestro patio, miro cómo mis hijas corren con brazos
que empapelan el viento.

La Historia es contada por los niños con sus canciones infantiles,
belleza enmascarando su propia violencia.

En mi cocina, pelo una naranja, intento olvidar que mi pulgar debe
arrancar la pulpa a la concha.

La Historia es contada en El Libro de las Explicaciones: AK-47 engendró a UZI,
que engendró a M-16… y todos los días de sus vidas fueron largos.

Detenida ante el fregadero, pienso cómo puede cortarse un pimentón, hoja
manejada para que el cuchillo se vuelva el fruto tajeado, sus semillas
exhibidas, desnudas.

La Historia es contada en El Libro de los Comienzos: el relato de
un pueblo nacido del olvido.

En nuestro patio, nombro el mundo para nuestras niñas: mantis religiosa,
huevo de petirrojo, hoja de arce. Palabras para vidas que me traen
en las palmas de sus manos.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que mirar el espejo de la lengua,
ver en los rostros de los muertos daño colateral.

En nuestro patio, esparzo semillas, plantándome yo misma en esta tierra.

Para entrar a ese cuarto, tendría que descubrir el patrón de una vida
tejida en algún telar maestro.

Aquí pongo la mesa, barro el piso, hago tratos con el dios de las cosas pequeñas.

Para entrar a ese cuarto, yo tendría que estar armada con la pregunta
correcta: ¿es la Historia el comienzo de la noche o el amanecer que devuelve
la golondrina al cielo?

Aquí prendo velas al anochecer, creo que el fósforo espera ser encendido.


Ninguna piedra arruinada

Cuando regresen los muertos,
vendrán a ti en sueños
y en la vigilia, serán el pájaro
que golpea y golpea el vidrio, buscando
alguna entrada, se disfrazarán
de viento, sus voces audibles en
las lenguas de las hojas, dando vueltas
avaras, como la fuga fabricada por las olas
es un tornar y un retornar, los muertos
no te abandonarán, ni entonces
ni nunca, su inquietud
será el abrigo que te cubrirá,
mientras más lejos de ellos viajes,
con mayor saña esa distancia te hincará
los dientes, tiempo y espacio hechos barranco
cuando regresen los muertos pidiendo
que les rindan cuentas, queriendo
y queriendo y queriendo
todo lo que tienes para dar y nada
les saciará la sed o el hambre,
pues toman todo lo que haces como ofrenda.
Y entonces te dicen: empieza de nuevo.


Foto Adalber Salas HernándezAdalber Salas Hernández (Caracas, 1987). Poeta, ensayista y traductor. Autor de los poemarios La arena, el vidrio (Equinoccio, 2008), Extranjero (Bid & Co. Editor, 2010; Común Presencia, 2012), Suturas (Bid & Co. Editor, 2012), Heredar la tierra (Común Presencia, 2013), Salvoconducto (Pre-textos, 2015; ganador del XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita), Río en blanco (Sudaquia, 2016) y mínimos (Amargord, 2016). Asimismo, ha publicado el volumen Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (Bid & Co. Editor, 2013). Junto con Alejandro Sebastiani Verlezza editó las antologías Poetas venezolanos contemporáneos. Tramas cruzadas, destinos comunes Destinos portátiles. Poesía venezolana reciente. Entre otras, ha publicado traducciones de Marguerite Duras, Antonin Artaud, Charles Wright, Mário de Andrade y Hector de Saint-Denys Garneau. Cursa estudios doctorales en la New York University y forma parte del comité editorial de las revistas Poesía y Buenos Aires Poetry.