Extracciones: Moradas nómades [Josely Vianna Baptista]

Traducir a esta poeta única, inasimilable a cualquier estereotipo, fue tarea gozosa que me propuse, a manera de autopresente, sin perspectivas de publicación, veinte años atrás, por el solo beneficio de frecuentar su inscripción. Y es que acercarse a lo que irradia, implica recibir la especie de bendición que dimanan sus fulguraciones curativas.

Relámpago de belleza justo cuando no se da como captura. Se imprime nomás al dorso inatrapable de la consciencia-retina, como el interior de ese eco visivo. Mientras, induce al trazo transmental, que sería la huella-corazonada de la visión. La cual ocurre poéticamente en tanto y en cuanto perfume de la intuición, adivinación por el tacto. Y es que esta poética es una de las pocas que exploran las posibilidades intraverbales de la sinestesia.

Lleva, por la hebra sinuosa de su inscripción intocada por las creencias o la mera época, a esa fibra elemental por sustanciosa y mucho más amplia de la emoción. Emoción-pulpa en cuanto textura mixturante de diversos y contrastados sentimientos, sentires, en un procesar cloroscuro que infiltra, tras el sutil contraste, la busca de un equilibrio de inestabilidades y ciclos, llegando al convivio entre lo ultrahumano y lo extrahumano. Emoción, en fin, en el sentido de los misterios que a los modos mutables del amor incluyen.

Tales efectos de pasaje recíproco y fluido entre natura y cultura equivalen a una meditación silabaria: mediante delicada operación respirante, como quien separase cada pétalo verbalescente del cohesivo lenguaje. La atención lectora, siguiendo su incitación, se ve devuelta en foco a fulgores aurales y reminiscencias opalinas. Es sensualmente que se amplía el alcance alegórico.

Esa dimensión plural del deshechizamiento simbólico en la lírica neoarcaica de Josely Vianna Baptista, se deja apreciar como corporización de fuerzas fluctuantes que se prodigan por gracia de incantación.

Reynaldo Jiménez

 

Hace 462 años un hecho resulta alumbrador para nuestras (de)moradas/miradas, hace saltar el imaginario sobre nuestro hogar, Nuestra América. Se trata de una eucaristía concreta y concretista —somos concretistas— y pone de un reverso lo que siempre parece estar en revés, hace temblar a la aguja de la brújula: hay otros polos. Lo que fuga no son lxs ciudadanxs, sino la propia tierra que habitan, su nave, la de cada unx. Y es la morada lo que huye y se multiplica, moradas nómades.

 «el suelo es arduo
pero alado»

En el lenguaje se aclara, entra el aire y en la lectura, relectura, entre las letras, entre las lenguas, en el aire, en la liquidez de las palabras, la nación y el mundo hacen agua, hacen sueño, deseo, perlas, eslabones. La lengua es un vestido más, una calza, un hábito, un fantasma. En ella también habitamos, pero ella está en fuga permanente.

Despertar es habitar. Abrir los ojos y los sentidos a encontrar el ahora del mundo, el choque con el otro, o su caricia. Cada parole un despertar, cada palabra de cada lengua, cada aire entre palabras se va a la caza, saeta, de algo que siempre es mundo, y mudo (sin palabras y sin sitio fijo).

Pues es que “el sentido se siente con el cuerpo”, el sentido es lo sentido y lo sentido es el sentir. Así, en la motilidad del presente, y en la flecha que es cada palabra, el reverso halla su verso y “se va leyendo sentido en el silencio”, un sentido en sentido del deseo, una destraducción que descubre los astros lejanos e infinitos en las perlas parole… y pensá, miento.

Miento porque no hay Descubrí, miento: «Solo vestigios del vértigo»… en las naves que van y vienen desde hace 500 años y pico, desde aquello que dijeren o digieren las palabras, flechas, dije antes, pero siempre en movimiento, aun cuando detenidas en presente paradojal, entre las risitas de Zenón, el barroco de Severo y la bufonada Gongorina, van en moví, miento, «el sentido en desliz».

Romina Freschi



>
Schima

Cobre reflejándose en el oro de los ojos:
sin jarcia ni cordaje los móviles oscilan, barcos
sin rumbo, a la deriva (desiertos), río adentro
(en el lecho cambiante), sin remo ni vela
al viento. Deslizan un intervalo, río afuera,
en el linde (los sueños) -superficie.

Nubes y agua, pénsiles, fluctuando en los ojos.
Reverso de mortaja, los mantos corren en álveos:
los barcos tienen velámenes.

*

>
misiones

campánulas lacias
oscilan entre las ruinas:
primera lluvia
después de las sombras
nítidas
de los soles largos

pétalos crespos
se estremecen entre
el negro de las varas
que el viento azota
y el estruendo de las vainas
en semillas
(pequeñas naves
singlando el pasto
con su fronda
negra de brotes
y destrozos)
-carozos de otoño,
restos del estío-

reliquias

*

>
NINGÚN GESTO
SIN PASADO
NINGÚN ROSTRO
SIN EL OTRO

*

>
PASO
tras paso:
anturios marchitos
en el basalto

lodo
o soto:
sobre el rastrojo
el cuero sangriento

de los pedregullos
en la suela
los tajos

el suelo arduo

pero alado

*

>
EL SEBO
que enciende
la lumbre
es el mismo
que unge
las manos
que abren
surcos
entre raíces
y rastrojos,
tegumentos
de mudas,
hongos
en el estiércol

*

>
moradas nómades

carcomas y termitas roen,
voraces, la choza de ripias

penden del pilar ramos de trigo,
hecho amuleto para graneros llenos;
peroles espolvorean costras de grano molido
y las redes balancean sus harapos,
cerca del piso donde una mancha negra
revela el antiguo fuego

todo abandono y, sin embargo,
allá fuera el pomar sembrado
para los que ahora cruzan
(fardos vacíos), uno
a uno, los once mil
guapuruvús

*

>
donde el cielo encuentra a la tierra

la brea devore de la noche
el propio rastro:
en el suelo ocre, de bruces,
lo oscuro oscurezca,
noche tan noche
que se desdoble en día

los charcos zumben
otra vez insectos;
viren los regueros
de lodo
en que chapoteo
-con el sol-
polvo purpúreo,
o largos rulos
que el viento
eleva y devana

a plomo el sol se ofusque
a sí mismo
y la tarde atardezca
en un crepúsculo

núcleo de sombras,
nieblas entre dos luces
(frutos brunos se pudren
en la escudilla)

Portada Moradas nómades

Josely Vianna Baptista, Moradas nómades. Selección, traducción y prólogo: Reynaldo Jiménez. Juana Ramírez Editora, 2019.

 


imagesJosely Vianna Baptista (Curitiba, 1957). Formada en Letras Hispánicas con especialización en Semiótica. Publicó Ar (1991), Corpografia (1992), A Concha das Mil Coisas Maravilhosas do Velho Caramujo (2001), Outro (2001, en coautoría con María Angela Biscaia y Arnaldo Antunes), Os poros floridos / Los poros floridos (2002), On the shining screen of the eyelids (2003, poesía reunida), Terra sem Mal (2005), Sol sobre nuvens (2007, poesía reunida), Aladdin & Universalismo Construtivo – Joaquín Torres García (2007), Roca barroca (2012), Universos paralelos: desencuentros y centelleos (2014), Os sete bichos da Primeira Terra e suas sombras (2014) y Nada está fora do lugar. Fábula arborescente (2018).