Perfil editorial: Letra Muerta

Ya sea por la situación política y económica del país o por el carácter migratorio tan propio de la condición humana, no es extraño encontrarse con editoriales venezolanas operando desde la extranjería. Sin ir más lejos, en Chile tenemos al menos dos ejemplos: Libros del Fuego y Letra Muerta. Se trata, en ambos casos, de sellos cuyo equipo editorial se encuentra disperso por distintas ciudades del mundo, entre ellas Santiago, y que han logrado mantenerse en pie a pesar de las dificultades que suponen la diáspora y el trabajo a distancia.

Sobre esta particularidad, así como del proyecto editorial propiamente tal, Tito Manfred conversó con Diosce Martínez, miembro de Letra Muerta que reside actualmente en Santiago.


¿Me puedes contar de los inicios de Letra Muerta? ¿Qué idea o ímpetu dio origen a la editorial?

Faride Mereb, la fundadora y directora, desde que tenía diecinueve años quería dar a conocer la obra de Miyó Vestrini, ya que llegó a sus manos un libro fotocopiado y como en Venezuela la reedición es algo que pocas veces ocurre se obsesionó con la idea de Logo Letra Muertapublicar en algún momento la obra de Miyó. El tiempo le dio la razón, porque luego de siete años de investigación encontró con ayuda de Elisa Maggi, amiga de Miyó, manuscritos que contenían poemas inéditos y eso en combinación con sus ahorros la llevó a fundar Letra Muerta y con ello a publicar Es una buena máquina. Luego, con los años aparecieron otros miembros que apoyaron en la edición de Al filo. Entrevistas literarias de Miyó Vestrini; Poemas de Ida Gramcko, obra que permaneció sesenta y cuatro años sin ser reeditada; Otono (sic) de Luis Moreno Villamediana, que habla de la condición extranjera e inauguró la colección Contemporáneos; Espacios para decir lo mismo de Hanni Ossott, que tampoco había sido reeditada y que la publicamos en una versión bilingüe (español-inglés), y A love supreme de Adalber Salas, el más joven de la colección Contemporáneos.

Entiendo, corrígeme si me equivoco, que a causa de la situación en Venezuela actualmente el equipo editorial está desperdigado en distintas partes del mundo, en una suerte de diáspora. Imagino que esto supone una serie de dificultades pero también una oportunidad. ¿Me podrías comentar un poco al respecto?

Bueno, antes de que perteneciéramos a la diáspora venezolana de manera formal, ya nos encontrábamos en varias ciudades del país y la mayoría de las veces nos reuníamos en línea, por teléfono y coordinábamos muchas cosas por correo electrónico. Entonces, cuando cada quien partió a Nueva York, Colombia, Argentina y Chile, nos mantuvimos en contacto y a pesar de las responsabilidades de cada uno por encaminarse a nuevas vidas, jamás renunciamos a Letra Muerta.

Su catálogo está consagrado a la publicación de poesía y, específicamente, de autores relevantes de la tradición poética venezolana. ¿A qué obedece este criterio editorial, de por sí osado si pensamos en la marginalidad de la poesía como género y de la poesía venezolana en el contexto latinoamericano?

Precisamente lo que más nos interesa es que la poesía venezolana se ha mantenido al margen a pesar de la publicación de varios autores consagrados en editoriales españolas, por ejemplo. Con respecto al criterio de selección, al principio estaba en manos de Faride Mereb, pero luego en el 2015, ella me propuso que conformáramos una mesa editorial, porque había muchas autoras, autores, que a pesar de su relevancia para la poesía venezolana y la academia estaban destinados al olvido, sobre todo las mujeres. En dicha mesa se encuentra hasta el maestro impresor Javier Aizpurua.

Si algo caracteriza a Letra Muerta es el diseño y la materialidad de sus libros, que parecen pensados para participar del mundo desde la belleza. Ese gesto tiene un costo inevitable: el precio de los libros. ¿Cuál es la reflexión de la editorial sobre esto?

No están destinados a participar en el mundo desde la belleza, sino a dar a conocer parte de la memoria literaria de un país llamado Venezuela, que es mucho más que sus crisis y violencia. Es cierto que el diseño experimental de Faride sobresale y también los materiales que emplea para la editorial, pero es que allí es donde radica la importancia de nuestro trabajo, en que las obras que publicamos sean tratadas con respeto y dignidad ya que la mayoría de ellas durante años permanecieron desplazadas; por ello, en lugar de abaratar costos, decidimos que fuesen piezas de colección que cada lector aprecie y cuide.

También vale acotar que donamos libros a estudiantes, a universidades y bibliotecas públicas; además, organizamos concursos en nuestras redes sociales.

Para finalizar, ¿nos podrías contar sobre los próximos proyectos de la editorial?

Este año publicamos Pavesa de Gabriela Kizer, una poeta venezolana que nunca se ha apresurado en publicar y que ha dedicado buena parte de su vida a la investigación y a la docencia universitaria. Esta obra la escribió en voz de María Magdalena.

Pavesa.jpeg Pavesa 2


Tito ManfredTito Manfred (Arica, 1983). Ha publicado el ebook 13 poemas(2016), el libro Los peces se dirigen a las redes de pesca (2018) y la plaquette Imágenes de la inmutabilidad y la destrucción (2019). Recibió la beca de creación del Fondo del Libro en 2016. En 2017, ganó el Premio Publicación Digital, que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, por 13 poemas. Es editor de la revista Jámpster y dirige la editorial del mismo nombre.