Futuro esplendor: Poemas de Ramón Colmenarez

Sin libros publicados aún, la poesía de Ramón Colmenarez circula hace un rato en sitios web. Debuta en Jámpster con estos poemas que, a la manera quizá del Watanabe de Álbum de familia, funcionan como viñetas del extrañamiento, la condición de extranjero y la historia filial. Especial atención a «Poema del mercader», donde tal vez la propia biografía de Colmenarez (un venezolano en Buenos Aires) aparece cifrada en un texto que dialoga directamente con «La mujer del mercader del río» de Pound, que a su vez remite a Li Po.


Respuesta a Nikolai

Quiero preguntarle al mar
para qué hierve
Nikolaí Zabolotsky

Déjame decirte algunas cosas:
Mi padre quiere que todo sea mar
en su vejez
ya no se entiende con la tierra
camina largos tramos
fingiendo ser un pescador.
Mi padre rema todo el día
amanece cansado
y sin peces para el almuerzo.

Él ignora la montaña
solo soñaría con la nieve
si es un mar congelado
que lo acecha.
Ignora las montañas
las ha visto tantas veces
que solo levanta la mirada
al confundirlas con grandes olas
prefiere los mares que aúllan
a la desilusión del verde
tanto verde perturba su espíritu.

Se acuesta durante horas
frente a la tv
ve pescadores de sitios inalcanzables
sacar atunes rojos gigantes
cangrejos
salmones
y escucho el rumor de su deseo:
haber vivido una vida distinta
allá donde el mar es plano
y de verdad.
Por eso hierve el mar
para ser real entre montañas
para tocar a papá
mientras camina.
Déjame decirte algunas cosas:
No deseas el mar
y yo tampoco
pero ¿dónde podré tirar este anzuelo?


Réquiem

Volver a la tierra de mis padres
volver al polvo despacio.
El paisaje se ha ido corroyendo
la erosión en los caminos
las casas en ruinas.
Todo el caserío es un enorme mausoleo.
Lejos entra piedras y espinos
crecen cruces de palo
sobre niños muertos
noche
tras noche.

Volví a la tierra de mis padres
no habían caminos
ni casas
ni cruces
y papá y mamá brillaban por su ausencia.


Rituales domésticos

En la casa de la abuela
al fondo
hay un cuarto para los santos

no es un lugar para el descanso
ni un sitio donde jugar al escondite

cada mañana
se encerraba entre imágenes oscuras
santitos de yeso
que se despertaban
al murmuro de sus oraciones

al anochecer volvía
quizás a contarle anécdotas
de su vida como mujer en el campo
aunque ellos estuvieron ahí
ayudándola en todo momento

su mano encendía
las velas
como se enciende un fogón
la abuela no conocía otra cosa
que el fuego
para protegerse

entre llamas
recitaba sus oraciones

yo prefería algo distinto:
jugar con las cabras del corral
o perderme entre las quebradas.
Mi abuelo, en cambio, decidió morirse.


Poemas del mercader

Te escribo porque ha pasado el tiempo
más lento que a tu lado
seis años desde que recibí tu carta
tres para que mi respuesta
cruce el continente.

Todas las estaciones han sido crueles
ahora escribo desde el invierno
y tú leerás sobre el musgo de la primavera.
Mi ubicación ni yo la conozco
he confundido mi camino.
Acá también hay una rivera
todas las personas del continente
se parecen a las de Ku-to-yen
se maravillan frente las mismas cosas
una grulla de jade
los ecos del imperio
las telas de oro y carmesí
que arrastro como si fuesen mi nombre.

Cruzar el Kang
me llevó 3 días
al llegar esperé algo distinto
pero era el mismo verdor
las mismas plantas
el azul del cielo
y los pájaros cantando a las mismas horas.
Creí haber equivocado mi rumbo.
Cruzar de vuelta
me llevó una semana de mal tiempo
y era la misma agua
bajo mi sampán.
Durante 8 meses
hice la ruta
creyendo no haber partido
aproveche de transportar
las mercancías del pueblo
y la gente confundió
mi obsesión con un oficio.
Quería cambiar el paisaje.
Una noche recibí tu carta
el río ya se había congelado
pero conocía los peces que inmóviles
resplandecían ante el sol.
Me fui al noroeste siguiendo las montañas
y aún el verde
resaltaba bajo la nieve.
Crucé las rocas y me eran familiares
llevaban nombres de emperadores
y se mantenían calladas
recordando los himnos de las dinastías.
Así descubrí el desierto
habité entre nómadas
entendí su idioma
como si fuese la lengua de mis padres
los abandoné en cuanto pude
solo para encontrar las mismas aldeas de regreso
frente a un río
que se repetía en cada lugar.

Confieso:
He besado las estatuas
sido pobre
y vendido las más ridículas mercancías
como una prueba a mi fortaleza
no he fallado
y he sabido reconocer el engaño
de las circunstancias.

Lo he perdido todo en el camino
menos tu carta
y te escribo ahora
porque preparo mi regreso
y espero no seas tú quien me espere
sino la otra
que envejeció en mi ausencia
mientras yo aún arrastro mis pasos.


Interpretaciones de la palabra deseo

I
Afuera comienza a llover
Intento contactarme con mamá
antes del corte de energía programado
y el fin de la comunicación.
Me dice: todo está bien-
le digo: estoy muy bien-
¿me creerá?

II
Mi padre una noche
dejó de sentir su brazo izquierdo
ahora ese peso muerto
apenas si le pertenece.
Está lejos
no he soñado con él
y su vida se ha vuelto miserable.

III
En esta ciudad todos lloran.
Mamá solo sé de papá a través
de tus palabras.
Hay noticias que nunca podría decirte:
Algo crece dentro de mí
no es un niño
imposible que lleve mi apellido.

Nunca lloro mamá
estoy bien
¿estaré soñando?


Foto Ramón ColmenarezRamón Colmenarez (Carora, 1992). Trabaja y ha publicado algunos poemas.