Futuro esplendor: Poemas de Ciro Romero

Lánguido el cuerpo yace para que los instrumentos trabajen. ¿Podrán estos objetos fríos reparar aquellas formas que padecen? En contradicción con la carne, blanda y desprovista de vitalidad, el lenguaje opera sensual y excesivo; corta y sutura. Pliegues, nervios, colgajos experimentan la violencia de la palabra.

Los poemas que leerán a continuación forman parte del primer libro (inédito) de Ciro Romero, poeta venezolano residente en Santiago de Chile.


Bosquejo el rostro antes de mencionar su nombre y erro en una facción
se escucha la palabra orden
alguien desaparece

¿qué será de la rabia después del umbral?

despellejo al dormido
separo el diafragma
inoculado en el lugar de un órgano clave
asilada
la agonía del cuerpo que crece
espacios se cierran
la bilis se desborda
abrazando en un acto recíproco
a la calma que descansa en las costillas
cisuras óseas desprenden astillas
la distancia entre un bostezo y el dolor
el viaje: este grito
se incuba
al retazo de nervio que busca inervar
la forma precisa de guardar silencio
es conocer el andar de habitaciones oscuras,
la resistencia
nos recibe.


En oleaje profundo
se cristaliza
la pobreza de la víctima antes de ser disecada
la depuración
extirpar lo incomprensible
cortar pliegue inofensivo
desmenuzar sus láminas
¿elige no despertar
o el dolor le tumba?
introduzco la curvatura
un garfio
el tarso se raspa
movimientos precisos
una vena sobresale
el dormido pierde lo hermético de su cuerpo
una cadena de sangre atrapada en conductos
su forma templada lo abandona
poco a poco
la meticulosidad
extrae con pequeños jalones
tiendo en el suelo
serpiente venosa
dispuesta
la maraña de túbulos
imita la sombra
replican
sus venas ordenadas fuera de la muralla
al frío contrae ambas masas
las venillas se desangran
¿cómo devolver lo que arranqué sin preguntar?
no hay palabra que sustituya la sangre
¿cómo funciona la redecilla láctea de sus venas?
en su interior respuestas
¿en qué viaja la sangre cuando duerme?
el cielo cabe en cualquier lado
al subterráneo de las venas
y el dormido se queja
tarde
de inmediato
me arrepiento.


La sangre despejada llueve
en cada abertura
cualquier abertura
la poca relevancia al perder
la facultad para sangrar
el límite tenue del infinito
órgano que no pregunta
lo que nadie nota:
un islote varado en una ballena
la herida en la sangre
pequeñas ligaduras de la aorta
impulso vital
cuerpo abarcable
nos frena.


Un cuello se levanta lentamente
la mano que se alarga y empuja
el hábito de esperar
la boca es un hueco en el medio del agua
una cascada en la tráquea
el cuello resiste
como un navío sin alrededores
sangre que espesa más rápido al mezclarse con nombres
¿de dónde viene?
busca puntos de fuga entre los costados
no hay caminos
no hay cauces
solo una brecha enquistada hacia el puerto
recorre una última vista
una mano familiar
despierta
alguien vino a visitarme cuando ya no había nadie
¿eso también cuenta como una forma de quedarse?
hay rasgos de tristeza en la forma de guardar el aire
una fe que asciende cuando todo baja
trazos inobservables desde la superficie
una lucha difícil contra el río
la caída resuena
dedos buscan el colgajo
racimos de piel
un daño irreversible
afán
¿por qué ahora recuerdo cosas que nunca vi?
la hendedura muestra lo que nadie pudo
texturas amarillentas
grasas ondean
desplome de órganos
mezclados entre los que observan
y en la superficie suciedad
de lo que pensábamos pulcro
un cuello
levita.


La discontinuidad
la tectónica de la voz señala cada malformación
estira lentamente la palma de la mano
los dedos toman la elipse de un duelo
tocan
forámenes de un testigo
retoman un recorrido
una cuarentena se levanta
describen lo olvidado
el laxismo de nunca haber buscado la nostalgia
hoyos que nunca habían sido otra cosa que vacíos
extrañan
la sensación de perder algo que no estuvo
se distancia y recupera sus vértices
segmento los períodos de habla
movimientos esporádicos desuellan fragilidad
en la dificultad para detallar una desaparición
menciono inútilmente con las manos
una autopsia comienza en un fragmento minúsculo
culmina en un deseo que se moviliza
a la córnea de un pájaro
el delirio de un hombre
la nada que lo levanta
se recuesta
la discontinuidad que estremece.


La violencia irrumpe
ojos digieren piel demacrada
auscultan el eje de la herida
epicentros de una lengua que se extingue
la oquedad
un pulmón a punto de romperse
el cuerpo es sordo
el habla se extingue
la arteria, una baranda
que la mirada alcanza a cubrir
un gesto punza, hurga
la enfermedad que ocupó los bordes de las piernas
los discos de la espalda
después el follaje
le invadió:
la muerte es evidencia
el dolor nos apresa
el recuerdo es el exoesqueleto que dejamos
su repetición las alas agitadas de un insecto
la imagen y el sonido no viajan en la misma memoria
nadie apura un cuerpo deshabitado
¿el recuerdo, los alientos
en qué reencarnas?


Foto Ciro RomeroCiro Romero (Venezuela, 1993). Estudió Ciencias de la Salud y se graduó de dentista en 2016. Estudió idiomas paralelo a la universidad. Ahora vive en Santiago.