Traducciones: Poemas de Ocean Vuong [versiones de Francisco Cardemil]

Estadounidense de padres vietnamitas, el nombre de Ocean Vuong (1988) resulta ineludible a la hora de hablar de la poesía actual en lengua inglesa. No es exagerado decir que su irrupción a inicios de esta década fue un acontecimiento en el panorama poético estadounidense, no solo por actualizar desde una vertiente confesional temas como la migración, la homosexualidad y la figura del padre, sino también por el ímpetu renovador del inglés que pareciera mover su escritura.

Los siguientes poemas son una selección de su libro más reciente, Night Sky with Exit Wounds (2016), en traducción de Francisco Cardemil.


DetoNación

Hay un chiste que termina en — ah?
Es la bomba diciendo aquí está tu padre

Ahora aquí está tu padre dentro
de tus pulmones. Mira cuán liviana

es la tierra después.
Tan solo escribir la palabra padre

es tallar una porción del día
de una página con el brillo de una bomba

Hay suficiente luz para ahogarse
pero nunca para entrar en los huesos

y permanecer. No te quedes aquí, dijo, mi muchacho
roto por los nombres de las flores. No llores

nunca más. Entonces corrí dentro de la noche.
La noche: mi sombra crece

hacia mi padre.

*

Umbral

En el cuerpo, donde todo tiene un precio,
……….yo era un mendigo. Arrodillado,

miraba por la cerradura, no
……….al hombre duchándose, sino a la lluvia

que lo cubría: cuerdas de guitarra cortándose
……….sobre sus hombros redondos

Estaba cantando, es por eso
……….que lo recuerdo. Su voz—

me llenaba profundamente
……….como un esqueleto. Incluso mi nombre

arrodillado dentro de mí, pedía
……….absolución.

Estaba cantando. Es todo lo que recuerdo.
……….Pues en el cuerpo, donde todo tiene un precio,

yo estaba vivo, no conocía
……….una razón mejor.

Esa mañana, mi padre se detuvo
……….—un potro negro inmóvil en el aguacero—

buscaba mi respiración apretada
……….tras la puerta. Yo no sabía que el costo

de entrar a una canción – era perder
……….el camino de vuelta

Así que entré. Así que perdí.
……….Perdí todo con mis ojos

bien abiertos.

*

En la tierra somos brevemente hermosos

i

Dime que fue por hambre
y nada más. Pues el hambre es dar
al cuerpo lo que sabe
que no puede quedarse. Que esta luz ámbar
reducida por otra guerra
es todo lo que une mi mano
a tu pecho.

i

Tú, ahogándote
entre mis brazos —
quédate.
Tú, empujando tu cuerpo
dentro del río
solo para estar
contigo mismo —
quédate.

i

Te diré que nuestros errores son suficientes para ser perdonados. Cómo una noche, después de golpear a mamá y llevando una sierra a la mesa de la cocina, mi padre fue a arrodillarse
en el baño hasta que escuchamos su llanto contenido a través de los muros. Y así aprendí que un hombre, en su clímax, es lo más cercano a darse por vencido.

i

Di rendición. Di alabastro. Navaja.
Madreselva. Vara de oro. Di otoño.
Di otoño a pesar del verde
en tus ojos. Belleza a pesar de la luz
del día. Di que matarías por esto. Amanecer inquebrantable
cabalgando en tu garganta.
Mis piernas moviéndose debajo de ti
como un gorrión aturdido
por la caída.

i

Oscuridad: un filo de miel entre nuestras sombras, drenándose.

i

Quise desaparecer — así que abrí la puerta del auto de un desconocido. Estaba divorciado. Estaba vivo. Lloraba hundido en sus manos (manos con sabor mohoso). El listón rosado del cáncer de mama de su llavero se balanceaba en la ignición. Acaso no nos tocamos para probar que seguimos aquí? Alguna vez seguí aquí. La luna, distante y temblorosa, se atrapó en las perlas de sudor de mi cuello. Dejo que la niebla se esparza por la ventana agrietada y cubra mis colmillos. Cuando partí, el Buick quedó varado, un toro atontado en la pradera, sus ojos abrasando mi sombra hacia el costado de las casas suburbanas. De regreso, me lancé a la cama como una antorcha y miré las llamas carcomer la casa de mi madre hasta que el cielo apareció, sangriento y macizo. Cuánto quise ser ese cielo — contener todo vuelo y toda caída de una vez.

i

Di amén. Di reparación.
Di sí. Di sí
de cualquier forma.

i

En la ducha, sudando bajo el agua fría, refregué y refregué.

i

En la vida anterior a esta, podías intuir
que dos personas estaban enamoradas
porque al conducir una camioneta
sobre un puente, sus alas
reaparecían justo a tiempo.
Algunos días sigo dentro de la camioneta.
Algunos días sigo esperando.

i

No es demasiado tarde. Nuestras cabezas se nimbaron
de mosquitos y de verano muy pronto
como para dejar marcas.
Tu mano bajo mi polera como la estática
se intensifica en la radio.
Tu otra mano apunta
el revolver de tu papá
hacia el cielo. Las estrellas caen una
por una en la mira.
Esto significa que no tendré
miedo si ya estamos
aquí. Ya hay más de lo que la piel
es capaz de soportar. Que un cuerpo
junto a un cuerpo
debe construir un campo
lleno de percusiones. Que tu nombre
es solo el sonido de los relojes
siendo retrocedidos por otra hora
y la mañana
encuentra nuestra ropa
sobre el pórtico de tu madre, deshilachada
como un lirio debilitado por la vejez.

*

Algún día amaré a Ocean Vuong

A partir de Frank O’Hara/a partir de Roger Reeves

Ocean, no tengas miedo.
El final del camino está tan lejos
que ya está detrás de nosotros.
No te preocupes. Tu padre es solo tu padre
hasta que alguno de los dos lo olvide. Como la columna
no recordará sus alas
sin importar cuántas veces nuestras rodillas
besen el pavimento. Ocean,
me escuchas? La parte más hermosa
de tu cuerpo es dondequiera
que caiga la sombra de tu madre.
Aquí está la casa cuya infancia
se redujo a una trampa de alambres rojos.
No te preocupes. Tan solo llámala horizonte
y nunca la alcanzarás.
Aquí está hoy. Salta. Prometo que no es
un bote de rescate. Aquí está el hombre
cuyos brazos son suficientemente amplios para abarcar
tu partida. Y aquí el momento,
justo después de que las luces se apagan, cuando todavía ves
la antorcha débil entre sus piernas.
Cómo la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y te asignaron una boca donde vaciarte.
No tengas miedo. Los disparos
son solo el sonido de la gente
intentando vivir un poco más. Ocean, Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es hacia donde se dirige. Y recuerda
que la soledad también es tiempo que pasas
con el mundo. Aquí está
la pieza que los contiene a todos.
Tus amigos muertos pasan
a través de ti como el viento
atraviesa un carillón. Aquí un escritorio
con una pata coja y un ladrillo
para sostenerlo. Sí, aquí hay una pieza
tan tibia y sanguínea,
que, te juro, despertarás
y confundirás estos muros
con piel.

*

Sin título (azul, verde y marrón): óleo sobre tela: Mark Rothko: 1952

La tele dijo que los aviones chocaron con los edificios.
Y yo dije porque tú me pediste que me quedara.
Tal vez oramos arrodillados porque el señor
solo nos escucha cuando estamos así de cerca
del demonio. Hay mucho que quiero decirte.
Cómo mi gran recompensa fue caminar
por el puente de Brooklyn y no pensar
en el vuelo. Cómo hemos vivido como el agua: tocando
una lengua nueva sin decir
lo que hemos pasado. Dicen que el cielo es azul
pero sé que es negro visto a través de demasiado aire.
Siempre recordarás lo que estás haciendo
cuando hay más dolor. Hay tanto
que quiero decirte – pero solo me gano
esta vida. Y no me llevo nada. Nada. Como un par de dientes
hacia el final. La tele siguió diciendo Los aviones…
Los aviones… y yo me quedé esperando en la habitación
hecha de ruiseñores rotos. Sus alas revoloteando
dentro de cuatro muros borrosos. Solo tú estabas ahí.
Tú eras la ventana.

*

Telémaco

Como cualquier buen hijo, saco a mi padre
del agua, lo arrastro del pelo

por la arena, sus nudillos dejan un rastro
que las olas se apresuran en borrar. Porque la ciudad

más allá de la orilla ya no está
donde él la dejó. Porque la catedral

bombardeada, ahora es una catedral
de árboles. Me arrodillo a su lado para ver cuánto

podría hundirme. Sabes quién soy,
ba? Pero la respuesta no llega. La respuesta

es la marca de un disparo en su espalda, salpicando
agua de mar. Aunque sea él, todavía pienso

que podría ser el padre de cualquiera, encontrado
de la forma en que una botella verde aparece

a los pies de un niño conteniendo un año
que nunca ha tocado. Toco

sus orejas. Inútil. El moretón
del cuello. Lo doy vuelta. Para

enfrentarlo. La catedral en sus ojos de mar oscuro.
La cara no es mía pero es la que usaré

para dar las buenas noches a mis amantes:
de la misma forma en que sello sus labios

con los míos y comienzo
el fiel trabajo de ahogarme.

*

Destructor de hogares

Y así fue como bailamos: con los vestidos blancos
de nuestras madres derramándose a nuestros pies, el fin de agosto

ponía en nuestras manos un rojo oscuro. Y así fue como amamos:
un quinto de vodka y una tarde en el ático, tus dedos

acariciando mi pelo – mi pelo era un incendio forestal.
Cubrimos nuestros oídos y el arrebato de tu padre se convirtió

en palpitaciones. Cuando nuestros labios se tocaron el día se encerró
en un ataúd. En el museo del corazón

dos personas decapitadas construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.

Siempre otra hora que esperar – solo para rogarle a algún dios
que la devuelva. Si no el ático, el auto. Si no el auto,

el sueño. Si no el niño, su ropa. Si no vivos,
cuelga el teléfono. Pues el año es una distancia

que recorrimos en círculos. Que es como decir: así fue
como bailamos: solos en cuerpos dormidos. Que es como decir:

Así fue como amamos: en la lengua un cuchillo que se convierte
en una lengua.

*

Besar en vietnamita

Mi abuela besa
como si hubiera bombas estallando en el patio trasero,
donde la menta y el jazmín enlazan sus perfumes
por la ventana de la cocina,
como si en algún lugar, un cuerpo se desarmara
y las llamas hicieran su camino de regreso
a través de los recovecos del muslo de un niño,
como si al salir por la puerta, tu torso
danzara en heridas de fuego.
Cuando mi abuela besa, no hay
un sonido extravagante ni música occidental
de labios fruncidos, ella besa como si te respirara
en su interior, la nariz presionada a la mejilla
de modo que tu olor es reaprendido
y tu sudor se convirtiera en perlas de oro
dentro de sus pulmones, como si al sostenerte
también la muerte se aferrara a tu muñeca.
Mi abuela besa como si la historia
nunca terminara, como si en algún lugar
un cuerpo siguiera
desmoronándose.


Versiones originales

DetoNation

There’s a joke that ends with — huh?
It’s the bomb saying here is your father.

Now here is your father inside
your lungs. Look how lighter

the earth is — afterward.
To even write the word father

is to carve a portion of the day
out of a bomb-bright page.

There’s enough light to drown in
but never enough to enter the bones

& stay. Don’t stay here, he said, my boy
broken by the names of flowers. Don’t cry

anymore. So I ran into the night.
The night: my shadow growing

toward my father.

*

Threshold

In the body, where everything has a price,
I was a beggar. On my knees,

I watched, through the keyhole, not
the man showering, but the rain

falling through him: guitar strings snapping
over his globed shoulders.

He was singing, which is why
I remember it. His voice—

it filled me to the core
like a skeleton. Even my name

knelt down inside me, asking
to be spared.

He was singing. It is all I remember.
For in the body, where everything has a price,

I was alive. I didn’t know
there was a better reason.

That one morning, my father would stop
—a dark colt paused in downpour—

& listen for my clutched breath
behind the door. I didn’t know the cost

of entering a song—was to lose
your way back.

So I entered. So I lost.
I lost it all with my eyes

wide open.

*

On Earth We’re Briefly Gorgeous

i

Tell me it was for the hunger
& nothing less. For hunger is to give
the body what it knows

it cannot keep. That this amber light
whittled down by another war
is all that pins my hand to your chest.

i

You, drowning
between my arms —
stay.
You, pushing your body
into the river
only to be left
with yourself —
stay.

i

I’ll tell you how we’re wrong enough to be forgiven. How one night, after backhanding mother, then taking a chainsaw to the kitchen table, my father went to kneel in the bathroom until we heard his muffled cries through the walls. And so I learned that a man, in climax, was the closest thing to surrender.

i

Say surrender. Say alabaster. Switchblade.
Honeysuckle. Goldenrod. Say autumn.
Say autumn despite the green
in your eyes. Beauty despite
daylight. Say you’d kill for it. Unbreakable dawn
mounting in your throat.
My thrashing beneath you
like a sparrow stunned
with falling.

i

Dusk: a blade of honey between our shadows, draining.

i

I wanted to disappear — so I opened the door to a stranger’s car. He was divorced. He was still alive. He was sobbing into his hands (hands that tasted like rust). The pink breast cancer ribbon on his keychain swayed in the ignition. Don’t we touch each other just to prove we are still here? I was still here once. The moon, distant & flickering, trapped itself in beads of sweat on my neck. I let the fog spill through the cracked window & cover my fangs. When I left, the Buick kept sitting there, a dumb bull in pasture, its eyes searing my shadow onto the side of suburban houses. At home, I threw myself on the bed like a torch & watched the flames gnaw through my mother’s house until the sky appeared, bloodshot & massive. How I wanted to be that sky — to hold every flying & falling at once.

i

Say amen. Say amend.
Say yes. Say yes
anyway.

i

In the shower, sweating under cold water, I scrubbed & scrubbed

i

In the life before this one, you could tell
two people were in love
because when they drove the pickup
over the bridge, their wings
would grow back just in time.
Some days I am still inside the pickup.
Some days I keep waiting.

i

It’s not too late. Our heads haloed
with gnats & summer too early
to leave any marks.
Your hand under my shirt as static
intensifies on the radio.
Your other hand pointing
your daddy’s revolver
to the sky. Stars falling one
by one in the cross hairs.
This means I won’t be
afraid if we’re already
here. Already more
than skin can hold. That a body
beside a body
must make a field
full of ticking. That your name
is only the sound of clocks
being set back another hour
& morning
finds our clothes
on your mother’s front porch, shed
like week-old lilies.

*

Someday I’ll Love Ocean Vuong

After Frank O’Hara / After Roger Reeves

Ocean, don’t be afraid.
The end of the road is so far ahead
it is already behind us.
Don’t worry. Your father is only your father
until one of you forgets. Like how the spine
won’t remember its wings
no matter how many times our knees
kiss the pavement. Ocean,
are you listening? The most beautiful part
of your body is wherever
your mother’s shadow falls.
Here’s the house with childhood
whittled down to a single red tripwire.
Don’t worry. Just call it horizon
& you’ll never reach it.
Here’s today. Jump. I promise it’s not
a lifeboat. Here’s the man
whose arms are wide enough to gather
your leaving. & here the moment,
just after the lights go out, when you can still see
the faint torch between his legs.
How you use it again & again
to find your own hands.
You asked for a second chance
& are given a mouth to empty into.
Don’t be afraid, the gunfire
is only the sound of people
trying to live a little longer. Ocean. Ocean,
get up. The most beautiful part of your body
is where it’s headed. & remember,
loneliness is still time spent
with the world. Here’s
the room with everyone in it.
Your dead friends passing
through you like wind
through a wind chime. Here’s a desk
with the gimp leg & a brick
to make it last. Yes, here’s a room
so warm & blood-close,
I swear, you will wake—
& mistake these walls
for skin.

*

Untitled (Blue, Green, & Brown): Oil on Canvas: Mark Rothko: 1952

The TV said the planes have hit the buildings.
& I said Yes because you asked me to stay.
Maybe we pray on our knees because the lord
only listens when we’re this close
to the devil. There is so much I want to tell you.
How my greatest accolade was to walk
across the Brooklyn Bridge & not think
of flight. How we live like water: touching
a new tongue with no telling
what we’ve been through. They say the is sky is blue
but I know it’s black seen through too much air.
You will always remember what you were doing
when it hurts the most. There is so much
I want to tell you—but I only earned
one life. & I took nothing. Nothing. Like a pair of teeth
at the end. The TV kept saying The planes…
The planes… & I stood waiting in the room
made from broken mocking birds. Their wings throbbing
into four blurred walls. Only you were there.
You were the window.

*

Telemachus

Like any good son, I pull my father out
of the water, drag him by his hair

through sand, his knuckles carving a trail
the waves rush in to erase. Because the city

beyond the shore is no longer
where he left it. Because the bombed

cathedral is now a cathedral
of trees. I kneel beside him to see how far

I might sink. Do you know who I am,
ba? But the answer never comes. The answer

is the bullet hole in his back, brimming
with seawater. He is so still I think

he could be anyone’s father, found
the way a green bottle might appear

at a boy’s feet containing a year
he has never touched. I touch

his ears. No use. The neck’s
bruising. I turn him over. To face

it. The cathedral in his sea-black eyes.
The face not mine but one I will wear

to kiss all my lovers goodnight:
the way I seal my father’s lips

with my own and begin
the faithful work of drowning.

*

Homewrecker

And this is how we danced: with our mothers’
white dresses spilling from our feet, late August

turning our hands dark red. And this is how we loved:
a fifth of vodka and an afternoon in the attic, your fingers

sweeping though my hair—my hair a wildfire.
We covered our ears and your father’s tantrum turned

into heartbeats. When our lips touched the day closed
into a coffin. In the museum of the heart

there are two headless people building a burning house.
There was always the shotgun above the fireplace.

Always another hour to kill—only to beg some god
to give it back. If not the attic, the car. If not the car,

the dream. If not the boy, his clothes. If not alive,
put down the phone. Because the year is a distance

we’ve traveled in circles. Which is to say: this is how
we danced: alone in sleeping bodies. Which is to say:

This is how we loved: a knife on the tongue turning
into a tongue.

*

Kissing in Vietnamese

My grandmother kisses
as if bombs are bursting in the backyard,
where mint and jasmine lace their perfumes
through the kitchen window,
as if somewhere, a body is falling apart
and flames are making their way back
through the intricacies of a young boy’s thigh,
as if to walk out the door, your torso
would dance from exit wounds.
When my grandmother kisses, there would be
no flashy smooching, no western music
of pursed lips, she kisses as if to breathe
you inside her, nose pressed to cheek
so that your scent is relearned
and your sweat pearls into drops of gold
inside her lungs, as if while she holds you
death also, is clutching your wrist.
My grandmother kisses as if history
never ended, as if somewhere
a body is still
falling apart.


Foto Francisco CardemilFrancisco Cardemil Pérez (Santiago, 1995). Magíster en Arquitectura por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha participado en talleres de poesía con Gladys González y Carlos Cardani y como asistente curatorial de la exposición «The Plot» junto a Alejandra Celedón para la Bienal de Chicago del 2019. En 2013 obtuvo el primer lugar en el Concurso Juvenil de Poesía Pablo Neruda y el primer lugar en el concurso de ensayos «Arquitectura Escrita» el 2017. Fue becario del taller de la Fundación Pablo Neruda el 2018 y obtuvo la beca de creación del Fondo del Libro y la Lectura el 2019. Actualmente forma parte del Taller Lorkokran y del colectivo Frank Ocean, y trabaja como traductor y asistente de edición en la editorial ARQ.