Punto de partida: «La poesía no me hace inmune a nada. Acerca de Dämmerung de Juan Romero Vinueza» [Diego L. García]

No hay texto literario que no tenga múltiples trayectos subterráneos activos, y no hay lectura verdadera que no vaya por ellos. Dämmerung (Liliputienses, 2019) no quiere definir lo que es un poema, pero dice «un poema es un fragmento del universo», o «escribo un poema que no es poema sino un hallazgo». ¿Por qué? Aunque no lo parezca, Juan Romero Vinueza no quiere decir eso. De hecho, no lo dice, lo hacen sus voces. Así, la escritura en ese juego fracasa de antemano: «Sé que fracasé & que lo seguiré haciendo / la poesía no me hace –ni me hará– inmune a nada». Esas voces son Vergüenzas Bolaño, Cárcel Montalbetti, Despedidas Onetti, Niñozombie Rodinás…, entre otrxs. Fracasa como un evento configurado para ser poema en el sentido de un objeto expresivo según los parámetros de una inteligencia mediatizada y afectada por el canon del consumidor; ese poema-que-no-es actualiza un deseo de prosperidad en torno a una belleza confortable.

También aquí los textos quieren huir de cierto procedimiento vinculado con la poesía del lenguaje (tantas veces figurada en ejercicios de gramática generativa en verso). Hay un reconocimiento de que algo está sucediendo en los nudos entre palabras, pero que no puede ser atendido con los instrumentos ortodoxos de quien campea el lenguaje levantando los paños del pasto. Este dämmerung, «crepúsculo» en germánico, es el declive de las verdades.

hace falta repensar el lenguaje pero sería mejor fingir
ser un oso panda y así reconocer que se ha perdido algo
que podrían ser unos lindos parches de pirata fantasma
esto indudablemente no significaría lo mismo que poder
adquirir un boleto de avión para dirigirse a Kurdistán

(«Niñozombie Rodinás o tres apuntes para desarmar a un post humano»)

El odio a los ídolos, al que refiere en uno de los poemas, encuentra un cauce en ese plano vislumbrado como poshumanidad. Reinventarlos es reinventar para el lenguaje un filo nuevo («ningún ídolo puede ser más que una hoja de afeitar»), una nueva posibilidad de desdecir, de cortar y lastimar.

En «Un país borrado por M. Medo o el poema es un objeto sin tierra», Vinueza cuestiona esas posconstrucciones desde la perspectiva territorial:

…un poema
que no sepa de dónde proviene ni a dónde va / como una botella
lanzada al mar & que además no contiene ningún mensaje porque
lo único importante es el viaje que se da cuando se decide que un
paso es igual a dos o a ninguno: la única interpretación válida es
la que no se expone ante nadie sino ante un silencio inconcluso

La tierra de los poshumanos es únicamente habitada por ídolos que se veneran entre sí. Pensar el poema como una botella al mar que no contiene ningún mensaje es boicotear la lógica de la identificación. El ídolo embandera las ideas y las despoja de toda crítica humanista. Hasta la poesía llega a tomarse con pinzas científicas y las condiciones de producción del arte se aíslan en un set de filmación. Ese poshumano ya está, desde hace tiempo, entre nosotros.

¿Hacia dónde apuntaría la reinvención si «siempre / hemos estado diciendo lo mismo (incluso mucho antes de que se / inventaran las palabras)»? Pareciera que las palabras ya dichas, las palabras de piedras pulidas, han entrado en estos poemas para dar un suspiro final. Pero al mismo tiempo la propuesta no compra la novedad poshumana de una novísima golosina. Produce un encuentro y un cortocircuito. Erige templos sin muros y sin altares, trama una mitología antropófaga, inventa su propia muerte.

Portada Dämmerung.png
Juan Romero Vinueza, Dämmerung. Ediciones Liliputienses, 2019.


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui, 1983). Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), una voz hervida (Jámpster, 2017; en coautoría con Ivankan), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y fotografías (Zindo & Gafuri, 2018). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.