Extracciones: El principio luminoso [Natalia Romero]

Hay una grieta en todo, así es como entra la luz
Leonard Cohen

«Ver las cosas como si nunca se fueran. / Lo que se lleva la luz no se ve. / Esta es la vida sin nombre, y aún así intento, / la pared cubierta de hiedra, / la noche del verano, la noche sin fin / para besarnos en la calle y ser eso, / la velocidad perdida, / lo que lleva la luz».

El principio luminoso es el último poemario de Natalia Romero (editado por el sello argentino Caleta Olivia). Poemas como días, como horas, como instantes o como quien logra retener la resolana de lo íntimo para siempre en las palabras. Las imágenes se enumeran a sí mismas construyendo una cadencia particular: la voz de la autora y los distintos estadios de una luz que se posa en los detalles, mientras transita duelos, despedidas, paisajes, recuerdos, encuentros; con la nostalgia y la sabiduría de quien ya atravesó ese recorrido y ahora escribe, moldea texturas en forma de versos.

¿La palabra es un molde? ¿Un lugar donde guardar o resguardar la memoria? ¿O donde transitar una transformación? El poeta Rumi decía que «la herida es el lugar por donde entra la luz». Acá, Natalia Romero transmite de una forma casi cinematográfica cada escena, describe delicadamente: destaca un gesto o rasgo que vuelve único e irrepetible ese momento y, en consecuencia, el poema. De a ratos nos parece que estamos leyendo el diario de un cotidiano donde el tiempo desapareció, quedó suspendido junto a aquellas sensaciones a flor de piel, como quien al recordar algo lo evoca, y en consecuencia logra revivirlo a la perfección. Lo cierto es que, a medida que nos vamos sumergiendo en el libro, cada texto se convierte en una ventana de luz que se abre hacia algo más; aquello macerado, que ahora vuelve de otra forma y deja ver con claridad las certezas. Cada poema es un fragmento de una propia constelación.

Cielo, inmensidad, piedras, oleaje, dique, fuerza, bordes, miedo, noches, benteveos, araucarias, perros, pastos, nidos, brotes, corazones, casas, cuerpos, pérdidas, miradas, tardes, pepitas de oro, posibilidades: cientas que se traman en el suceso de la narración abriéndonos ese principio que indica el título, cuando aparece el camino luminoso, como si se tratase del recorrido que hacen las golondrinas al emigrar. Así, cada poema nos guía hacia la luz.

Ana Claudia Díaz


La unión

No voy a volver a esconder
la piedra debajo de la alfombra, dijo.
Así mi abuelo mira la dureza
como si raspara con la yema de los dedos
una lija,
como si pudiera verse la sangre
o descubrir la trama secreta
de esa unión.
Mi abuelo mira el olvido de mi abuela,
lo que ella suelta.
La pérdida siempre es pérdida.


Cena

Ceno sola casi todas las noches, tomo vino.
Necesito una copa, a veces más.
A veces toda la botella hasta dormirme.
Ceno sola y está bien.
Algunas veces me acuerdo
de cómo era
besarlo antes y después de la cena.
Hablar de las cosas del día,
hacer planes, mirar el campo quieto,
escuchar los grillos.
A veces, me acuerdo de cómo era
no querer besarlo después de la cena.
No querer dormir con él después de la cena.
Ceno sola y a veces recuerdo,
cómo era hacer el amor con él
antes de la cena.
Cenar a la madrugada en verano,
hacer el amor en la cocina.
La pregunta insiste, cómo era.


Despedida

El miedo también es esta forma
con la que tipeo tu nombre,
digo hola, no,
no tipeo el nombre
no te nombro,
digo, el sábado voy a buscar mis cosas.
Digo, estoy triste.
El miedo también es esto.
Llegar a tu casa, sacar la llave de la maceta,
abrir la puerta
mi amiga me espera en el auto,
entro,
no estás.
La perra me lame las manos,
me lame como si lamiera mis heridas,
la dejo,
la dejo que me cure
quiero creer que me está curando.
Entro,
la casa es la misma pero no la reconozco.
La que se fue
no es la misma que ahora entra,
esta soy yo me digo,
entro para irme.
Esto es el miedo,
lo digo en voz alta
miedo de no verte nunca más.
Saco mis cosas,
los libros, las camisas, los vestidos,
mi taza, un perfume.
Una piedra de cuarzo,
lo que no refleja
lo que escondió.
El miedo,
no decir más que esto.


Dos o tres cosas

¿Dónde está el principio?
¿El principio de qué?
Jean-Luc Godard

Dos o tres cosas podría saber de él.
Esta mañana entró el sol por la ventana,
él abrió los ojos, buen día, me dijo.
Dos o tres cosas,
la vez que fuimos a la playa y sacamos la primera foto.
Las veces que en la cama, me besa
se da vuelta
se mete en mi sueño y sigue.
Despierto, preparo el mate, enciendo la radio.
Dos o tres cosas, que nunca son las mismas.
Tomamos cerveza, apagamos las luces,
tiramos al suelo los almohadones del sillón
dormimos desnudos.
Dos o tres cosas podría saber de él.
Antes no estaba en mi vida, digo
y dudo del lenguaje.
Dos o tres cosas, podría
pero no quiero saber
más que la forma en que todo
en el amor se desconoce.


Para estar en el mundo

Para estar en el mundo
nos enseñaron formas de hacer las cosas.
No sé de cuáles me desprendí.
Corto la calabaza para la sopa
la pelo con el cuchillo serrucho,
muelo semillas de sésamo para el pan
sirvo el vino en vasos
caliento la leche para el café,
me gusta el silencio, vivo sola,
puedo olvidarme del mundo.
Pero el otro día en tu casa, vi cómo doblabas la ropa
para guardarla en el placard,
apilaste las remeras, creo que las juntaste por color,
después pusiste el mantel de cuadros en la mesa,
hiciste ese gesto con las manos,
el mismo que haces cuando encendés un cigarrillo
o preparás café
o lavás la fruta.
Siempre me pareció que usas las manos
como si llevaran un tesoro.
Aprendimos a hacer cosas para estar en el mundo
aprendimos a estar solos.
Creemos que esa es la naturaleza frente al espíritu,
que así se comparte
la tierra con el cielo.
Cuando estoy en tu casa, también
puedo olvidarme del mundo.
Y es un olvido tierno,
se parece a la forma en que nos dejamos ver
se parece a no saber hasta dónde,
vemos naturaleza o vemos espíritu.

Portada El principio luminoso
Natalia Romero, El principio luminoso. Caleta Olivia, 2019.


Foto Natalia Romero.jpgNatalia Romero (Bahía Blanca, 1985). Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y Magíster en Escritura Creativa (UNTREF). Ha publicado en poesía Nací en verano (El Ojo del Mármol, 2014) y Puede que la muerte mienta (Alción, 2018); en ensayo, El otro lado de las cosas. La poesía como restauración de una voz en la obra de Diana Bellessi (Blatt & Ríos, 2017), y el libro para niños ABC, mi primera cocina (Periplo, 2018). Dirigió la librería A Cien Metros de la Orilla, en su casa y con la compañía de su gata Pepa, y coordina desde el 2015 El Otro Lado de las Cosas, Taller de Escritura. Su blog es http://todaslascostas.blogspot.com.