Traducciones: Poemas de Kim Addonizio [versiones de Mónica Drouilly]

En la siguiente selección de poemas de Kim Addonizio (Washington, 1954), traducidos por Mónica Drouilly, se ha dejado deliberadamente fuera la faceta más reconocida de la poeta estadounidense: esa que se asocia al poema «What do women want?» (algo así como «¿Qué quieren las mujeres?»), por otra en la que se hace referencia, de manera más profunda, al amor y a las relaciones interpersonales. A continuación, veremos que la belleza no solo está en lo sublime, sino también en alcanzar la realidad, con toda su dureza, por medio del lenguaje. ¿O no es bella acaso la imagen del amor con un fósforo y una cocina con fuga de gas?


Primer beso

Después tenías esa mirada borracha y drogada
que mi hija solía tener cuando soltaba
mi pezón y su boca se aflojaba y sus ojos
se ponían borrosos y transparentes, como si detrás de ellos
la leche se elevara para llenar
toda su cabeza, recostándose en su pequeño
cuello blanco para que tuviera que abrazarla
más fuerte, sorprendida por el poder absoluto
de la saciedad, que no se parece en nada a la necesidad
de ser alimentada, a la salvaje agitación y al llanto hasta
que se sujeta a mí y estrecha el sello
entre nosotras y succiona, sacando el líquido hacia abajo
y fuera de mi cuerpo; no, este fue el momento
culmine, esta entrega de sí misma, sabiendo que
podía mostrarme cuán indefensa
era― eso es lo que vi, esa noche cuando alejaste
tu boca de la mía y
te apoyaste contra una cerca de alambre,
frente a una iglesia quemada: un hombre
que iba a ser tan vulnerable,
tan fácil e imposible de lastimar.

*

Vidas de los poetas

Uno se paró entre las violetas
escuchando a un pájaro. Uno fue al baño
y fue golpeado por la luna. Uno se sentía desesperado
hasta que una trompeta estalló, y he aquí,
que se convirtió en un diamante. Tengo una pala.
¿Puedo convertirla en un poema? En mi cocina
estoy hirviendo un poco de leche de cardo.
Espero que se convierta en una tesis alada
antes de que dejes de leer. Mira, ¡estoy en topless!
Escucha: ¡se acercan los cascos!
Uno se ahogó en una piscina.
Uno se quitó los zapatos
y añoró un puente. Uno vive
con Alzheimer en una instalación estatal, con saliva
en su barba blanca. Resulta
que las palabras no son de ayuda.
Pero aquí estoy con mi pala
cavando como una tonta
al lado del splish y el splash
de un mar desenfrenado. No puedo parar.
Vienen los caballos, los ladrones.
Todavía no he encontrado el amor duradero.
Todavía quiero escuchar violas
en el hotelito de la playa
que fue derribado y ya no está.
Quiero volver a ver los cardúmenes
brillar como un velo
donde las olas empujan
contra el dique. Se ha ido
la niña con su falda blanca
que probaba el frío con un pie descalzo.
Hace demasiado frío, pero ella entra, con mucho
cuidado, oh.

*

Armamento

Usé una flecha para matar a la araña.
Usé una apisonadora para aplanar el gusano.

Para las hormigas llamé un ataque aéreo.
Para la abeja que se abrió camino a través de la malla:

soplete.
Los mamíferos fueron más fáciles:

un balde de agua para sumergir al gato,
una palabra envenenada arrojada al perro.

Para el amor, solo un fósforo. Eso
y una cocina con fuga de gas

y la espera hasta que la cena
estuviese buena y quemada.

*

Momentos robados

Lo que pasó, pasó una vez. Así que ahora es mejor
en la memoria: una naranja que cortó: la piel
intacta, luego el cuchillo, la cuña fría
levantada hacia mi boca, su boca, la delgada
membrana entre nosotros, la naranja exquisita,
la lengua, la naranja, mi desnudez y la suya,
la forma en que volvió a empujarme, el beso
que no duró y envió un destello neural gemelo
salvaje a través de la corteza. El amor
es despiadado, la forma en que viaja
y sigue emitiendo luz. Junto a la cocina
comimos una naranja. Y había flores moradas
en la mesa. Y aún teníamos horas.

*

Verdades

En cada vida debe caer un hacha pequeña.
Cada perro tiene su cadena de estrangulamiento.
Cada nube tiene una sombra.
Mejor muerto que alimentado,
Quien ríe, no durará.
Palos y piedras te romperán,
Y entonces los nombres de las cosas serán cambiados.
Una sutura a tiempo no salva a nadie.
Viene la hora más oscura.


Versiones originales

First Kiss

Afterwards you had that drunk, drugged look
my daughter used to get, when she had let go
of my nipple, her mouth gone slack and her eyes
turned vague and filmy, as though behind them
the milk was rising up to fill her
whole head, that would loll on the small
white stalk of her neck so I would have to hold her
closer, amazed at the sheer power
of satiety, which was nothing like the needing
to be fed, the wild flailing and crying until she fastened
herself to me and made the seal tight
between us, and sucked, drawing the liquid down
and out of my body; no, this was the crowning
moment, this giving of herself, knowing
she could show me how helpless
she was—that’s what I saw, that night when you
pulled your mouth from mine and
leaned back against a chain-link fence,
in front of a burned-out church: a man
who was going to be that vulnerable,
that easy and impossible to hurt.

*

Lives of the Poets

One stood among the violets
listening to a bird. One went to the toilet
and was struck by the moon. One felt hopeless
until a trumpet crash, and then lo,
he became a diamond. I have a shovel.
Can I turn it into a poem? On my stove
I’m boiling some milk thistle.
I hope it will turn into a winged thesis
before you stop reading. Look, I’m topless!
Listen: approaching hooves!
One drowned in a swimming pool.
One removed his shoes
and yearned off a bridge. One lives
with Alzheimer’s in a state facility, spittle
in his white beard. It
turns out words are no help.
But here I am with my shovel
digging like a fool
beside the spilth and splosh
of the ungirdled sea. I can’t stop.
The horses are coming, the thieves.
I still haven’t found lasting love.
I still want to hear viols
in the little beach hotel
that’s torn down and gone.
I want to see again the fish
schooling and glittering like a veil
where the waves shove
against the breakwater. Gone
is the girl in her white slip
testing the chill with one bare foot.
It’s too cold, but she goes in, so
carefully, oh.

*

Weaponry

I used an arrow to kill the spider.
I used a steamroller to flatten the worm.

For the ants I called in an air strike.
Bee that found its way in through the screen:

blowtorch.
The mammals were easier—

a bucket of water for submerging the cat,
a poisoned word thrown to the dog.

For love, only a kitchen match. That
and a stove leaking gas

and waiting until the dinner
was good and burned.

*

Stolen Moments

What happened, happened once. So now it’s best
in memory ―an orange he sliced: the skin
unbroken, then the knife, the chilled wedge
lifted to my mouth, his mouth, the thin
membrane between us, the exquisite orange,
tongue, orange, my nakedness and his,
the way he pushed me up again, the Kiss
that didn’t last, but sent some neural twin
flashing wildly through the cortex. Love’s
merciless, the way it travels in
and keeps emitting light. Beside the stove
we ate an orange. An there were purple flowers
on the table. And we still had hours.

*

Verities

Into every life a little ax must fall.
Every dog has its choke chain.
Every cloud has a shadow.
Better dead tan fed,
He who laughs, will not last.
Sticks and stones will break you,
And then the names of things will be changed.
A stitch in time saves no one.
The darkest hour comes.


MDMÓNICA DROUILLY HURTADO (Santiago, 1980). Narradora y dramaturga. Es licenciada en estética e ingeniera civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Autora del libro de cuentos Retrovisor, los textos teatrales Querido John, Take a chance on me#WishList y Lovelace. Ha sido merecedora de diversos reconocimientos, entre ellos, la XVIII Muestra Nacional de Dramaturgia, el Premio Mejor Obra Literaria 2018 y el Concurso de Cuentos Paula. Dirige el club Okonomiyaki, grupo de lectura dedicado a la literatura japonesa, y es fundadora del sello editorial Noctámbula.