«Me interesa mucho aprender del ensayo»: Una conversación con Felipe Reyes

Nos reunimos con Felipe Reyes, autor de las novelas Corte y Migrante, y de los libros Nascimento, el editor de los chilenos (Premio Escrituras de la Memoria 2013), y Rodolfo Walsh. Reportero en Chile 1970-1971. Hablamos a propósito de Un reflejo en el agua movido por el viento, su último libro: un híbrido de encuentros literarios que deriva en ensayos y cuentos.

 


 

 

¿Hay algún valor agregado en que los personajes (pensando en los textos que derivan en cuentos) sean conocidos? 

No lo pienso como producto que tiene que tener necesariamente un valor agregado, porque la idea del libro viene de mucho después, de cuando ya tenía harto escrito. En el fondo, es lo que he ido leyendo, anotando. Es una lectura, precisamente. Cuando emito un juicio de esa obra, ya estoy hablando de mí, no es solo el hecho. No está solo el encuentro, la obra también entra a jugar un papel. O la obra de ese autor referido ayuda a contar la historia. Tengo un montón de hebras sueltas, de líneas que después voy amarrando, digamos.

Hay un detalle muy bello e interesante: en el libro no se habla formalmente de nadie, aunque algunos “personajes” se repiten en algunos textos, como si estuviesen abriendo otras puertas de una misma casa…

Los vínculos que mencionas, fueron estableciéndose durante mis lecturas personales. Me gusta mucho leer crónica literaria, lo que me lleva a los archivos y a distintas fuentes. Entonces, como esto lo voy haciendo simultáneamente mientras reviso las obras de los autores, en mis textos —inevitablemente— van apareciendo dichas relaciones. Como te mencionaba, uno llega desde distintas fuentes, recomendaciones; y, en ese tránsito de lector, es que voy encontrando y explicitando estos vínculos. Podría decirse que es una especie de bitácora de cosas que se fueron acumulando en la lectura.  De hecho, en un principio el texto se llamaba Notas al pie, porque eran textos mucho más breves que fueron creciendo y mutando a medida que me iba encontrando con estas historias.

Este libro reafirma tu interés por trabajar con el archivo, con los documentos y así también la forma de diluirte, de traducirte a partir de los otros. Lo anterior y la idea de encuentros, hace pensar en el trabajo colectivo. Entonces, ¿existe aquí alguna intención de trazar una poética?

Está la idea de trabajo colectivo, pero está sobre todo la idea del oficio de la escritura, el cual está un poco a la trastienda. Lo digo así porque este libro es un poco “el material de desecho”, lo que va quedando. Muchas veces, estos encuentros en la biografía oficial apenas tienen dos líneas. Aparecen, están ahí, pero solamente en esas dos líneas y creía que podía haber algo más; aunque fueran hechos laterales, no necesariamente oficiales. Es como describir una foto o una escena de la película de lo que es un autor. Es un híbrido de cosas que para mí, es difícil definir.

La elección de autores nacionales no parece azarosa. De cierta forma, es hasta necesaria la tarea de hablar de algunas obras que han parado en el olvido. En tu opinión, ¿por qué no se leen ciertos autores locales en nuestro país?

Hay hartas cosas que podrían explicarlo, aunque una razón importante es la modificación de los programas de educación. Estos “autores olvidados” quedaron excluidos en dictadura porque —de una u otra manera— su discurso se asociaba o —de plano— llamaba a algún tipo de reivindicación social. Otra razón importante sería “el fenómeno de la internacionalización nacional”: en esta idea de un Chile abierto al mercado, inevitablemente se perdió de vista una escena con muchos nombres. Menos mal que ahora se han reeditado muchas cosas, y eso es tremendo. Ojalá que se puedan leer, porque es muy necesario establecer un vínculo con una idea de tradición. Aunque eso es absolutamente subjetivo, ¿no? Cada quién tiene su propia tradición: uno construye su propio canon a partir de elementos muy personales. Por lo mismo, me parece súper necesario saber con qué historia se está escribiendo, porque uno está escribiendo inserto en —lo que se supone es— la Historia.

Mucho se ha hablado del carácter híbrido de este libro. ¿Qué te ha sido más cómodo? ¿La hibridación o la narrativa convencional?

Como lector, me gusta mucho el hibridaje y, finalmente, eso es lo que tiene este libro. Una especie de charquicán que mezcla lo epistolario, el diario de los autores, entrevistas: contiene de todo. En realidad, este es el registro que me interesa en este momento. Aunque es lo que mayoritariamente he hecho, porque lo otro que escribo, también tiene este hibridaje o intenta algo parecido.  Me gusta la idea de que en la escritura se puede ocupar todo. Y, más allá que la pregunta por los géneros, como lector, me sorprende más que haya alguna apuesta, que se corra algún riesgo.

En Un reflejo en el agua…, los pies de página funcionan como ventanas/cuentos independientes. ¿Trabajas conscientemente la visualidad de estos textos?

Aunque esta es una dimensión más de un libro de autor, es un camino que me interesa muchísimo explorar. Espero en algún momento tener las herramientas o simplemente la decisión para abordarlo totalmente, porque en casos como este, no solo está pensado el contenido del texto, sino que también su disposición en la página. No siempre se tiene libertad en esto porque uno casi siempre se somete a una colección, a una editorial, a un formato. El libro de autor da la posibilidad de controlar dichos aspectos. Como ya te dije, me interesa mucho trabajar a partir de la imagen y, si es posible, con más de un texto en la misma página. Tengo por ahí algunas ideas que requieren plantearse de ese modo: el objeto y el texto como una sola cosa. Aunque esto también es un riesgo, riesgo que suena a colgar en una cuerda floja desde dos edificios y caminar sobre ella. En este caso, tiene que ver con la idea de romper el concepto de libro clásico, trabajar con distintos elementos y materiales. Y ojo que con estoy no estoy hablando de originalidad; más bien una exploración, una búsqueda constante.

Fabián Casas dice que hay que echar por debajo la originalidad. ¿Cuál fue tu exploración en este libro?

La exploración de este libro fue total porque surgió durante la pausa de una novela que estaba escribiendo, por lo que terminé leyendo e interviniendo otros textos. Paré porque sentí que lo que estaba haciendo era muy parecido a Corte. Y aunque no veo en eso un problema: aunque me parecía interesante, sentí que no era la voz que tenía que tener. Así, la exploración se planteó a partir de la disposición y el montaje de la historia. En algún momento era absurdo, quería que todas fueran distintas estructuralmente, que tuvieran una voz distinta. Lo que ocurrió al final fue que la forma quedó determinada por el tipo de encuentro.

Este tipo de escritura me recuerda un poco el trabajo que han hecho en breves secciones de diarios, autores como Piglia, Levrero, Forn y ¿Por ahí va tu tradición?

El periodismo no me interesa en tanto contingencia. Los autores que nombras, claro que son autores importantes para mí porque son influyentes desde distintas perspectivas. El perfil cuenta un periodo de tiempo más amplio de un personaje, una minibiografía o muchos aspectos de un personaje. Me encanta el perfil, pero claro, en este caso solo son un momento: en función de otro, una escena fuera de la película.

¿En qué trabajas actualmente?

Estoy trabajando en una novela y me interesa mucho aprender del ensayo, que es, por decir algo, trabajar con distintos materiales, con distintas fijaciones, no solamente literarias, sino que con la cultura en general. A eso voy con el ensayo. Creo que este formato permite trabajar con muchas cosas. Aunque también sigo escribiendo textos sobre autores que me gustan, y eso se va acumulando.

¿Hay algún encuentro que no haya ocurrido? El encuentro de Antúnez y Einstein suena muy surreal.

Los autores fueron apareciendo en la medida que iba leyendo, picando aquí y allá. A veces, llegaba solo la historia, por lo que tenía que indagar un poco más. En los años noventa, en el programa Ojo con el arte, cuando yo tenía doce, el mismísimo Nemesio Antúnez contó la historia y me quedó dando vueltas. De hecho, él es uno de los pocos no escritores que aparecen en el texto porque sentí que era interesante que quedara un registro, independiente de que el encuentro en sí ya sea muy interesante. De igual manera nacieron las demás: desde la escucha, desde lo leído. Lo mismo pasó con Lowell y Borges, por ejemplo. A partir del libro que hizo la UDP sobre Lowell, donde sale una cronología que dice “el año 62 Lowell visita Buenos Aires y tiene un encuentro desafortunado con Borges”, parte mi texto. Luego, me encuentro con que el periodista Ruthford, quien iba con él, tiene un diario donde habla del viaje. De allí traduje los fragmentos en los que se hacía alusión. Además, hay un poema donde Lowell habla de su estadía en Buenos Aires.

Y así, tantos más.

 

 

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Felipe Reyes, Un reflejo en el agua movido por el viento. Lumen, 2019.

 

 


Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño 2016, categoría poesía. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2018). Trabaja en su primer libro.