Extracciones: Tan real como el pavo [Laura Fuksman]

formas de devenir: cartografía del recuerdo

Puso las manos en sus hombros y lo miró un largo rato de una manera profunda, apasionada y al mismo tiempo inquisitiva. Estudiaba su rostro para compensar el tiempo que había pasado sin verlo.Hacía lo que siempre hacía al verlo: comparar la imagen de él que tenía en su imaginación (incomparablemente superior, y en realidad imposible) con él tal como era.
Tolstoi, Ana Karenina

 

 

Tan real como el pavo es un poemario que pliega y despliega sus poemas a través/a raíz de un mantra/un estribillo. Los textos superponen entre sí diversas formas de dar comienzo/final —paradójicamente— a una historia de «amor», combinándose como postales móviles juegan con la idea de verosimilitud, mientras sumergen al lector en un libre albedrío, en la fantasía sobre: ¿cuál de todas las opciones es la verdadera sobre cómo empezó?: «Todo comenzó bajo el calor de enero / como despedida antes del viaje» o «Todo comenzó aquella tarde de invierno / la Santa Fé marcándome / el rumbo a tu encuentro», o quizás: «Todo comenzó aquel mediodía / un perfecto azul / nos abrigaba a ambos».

Una serie de imágenes poderosas que se balancean entre lo feroz y lo sutil, construyendo la poética del libro, dentro de una baraja de texturas e intenciones, que tienen como fin el mismo desenlace: un efecto dominó, un efecto de superficie que descarrila y comienza a transitar -en degradé- lo «rancio», el desgaste de un vínculo. Cada poema circula alrededor de un espacio ya habitado por la ausencia del otrx. Con el pasar de las páginas, la cadencia se intensifica, cada texto es un eslabón que, sumado a los otros, va transformando ausencia en nitidez.

Las sensaciones desbordan y bordean el bosquejo de lo que fue, lo que sucedió, entre restos y retos del propio yo, arrepentimientos: «Nunca debí olvidar», «No debí desestimar las señales», «y olvidaste que aún en el freezer / todo tiene fecha de caducidad».

Como sugiere Anne Carson: «Los bordes del espacio son los bordes de las cosas que amamos, cuyas desarmonías hacen que nuestra mente se mueva. Y allí está Eros, un realista nervioso en este campo sentimental, que actúa por amor a la paradoja, es decir, mientras pliega el objeto amado y lo oculta para volverlo un misterio, para hacerlo un punto ciego en el que pueda flotar conocido y desconocido, real y posible, cercano y lejano, deseado y capaz de atraernos».

Hay algo que recorre/puebla los textos de Laura Fuksman, ninguna imagen se agota en sí misma, cada poema es una construcción de puntos correlativos condensados en un lugar. Y es en ese recorte de tiempo que deviene relato/recuerdo, donde reside la eficacia. Toda expresión es subjetiva, personal, y a la vez traza un paralelismo: «Los momentos felices, las salidas / las charlas al sol / sobre la textura que tendrían / los copos de algodón / que regalaban los palos borrachos». Entonces: la ambigüedad como un rugido manso o un graznido.

Podemos pensar este libro como un ciclo: una rueda/una ruleta de principios y finales que se intercalan dentro de eso que es real, auténtico. Ahora el deseo demuele el tiempo, desplaza el eco del pasado y lo transforma en una perspectiva desde donde es posible mirar. Una llave.

«Por leer tu mensaje / anunciando que no llegarías / no percibí / lo rancio del ambiente / avant premiere de lo que traería julio. // Después, todo el desenlace / con la rapidez del diluvio // que no nos trajo / la suerte que siempre / auguran las comadres».

Ana Claudia Díaz

 


 

 

*

Todo comenzó en la oscuridad
la estrepitosa caída del imán
y las astillas que quedaron sobre la baldosa de la cocina.
Lo que siguió a tu rugido
fue ejercicio de buenos modales:
acariciar la gata
ofrecerme un té.

Subterráneo, el temblor
suave no cesó hasta despertar
al demonio que habita en los arenales.

*

Todo comenzó en el gran salón
la reunión
íntima y pagana
la presentación del padrino y los buenos augurios
Los momentos felices, las salidas
las charlas al sol
sobre la textura que tendrían
los copos de algodón
que regalaban los palo borrachos.

Todo cambió
con los mellizos a cuestas.
Chinas atacando Kamchatkas.
Silencios-lanza
y la herida que cicatrizaba
volvió a sangrar.

Nunca debí olvidar
lo difícil que te resultaba
pasear en tándem.

*

Todo comenzó aquella noche
jugabas al agrimensor
la insistencia de medir
lo que era tuyo, lo que era mío
imposible escriturar a nombre de
un nosotros.
Separar las partes:
ahí donde todo era entero
aparecieron lotes
y quisiste demarcarlos bien
y pusiste una cerca
y la alambraste con púas
y te fuiste saltando la tranquera

pero antes la electrificaste,
Todo por si acaso.

*

Todo terminó
con el calor de la terraza,
la esquina reservada
donde la luna enorme
nos iluminaba
con su imperfecta redondez.

De este lado de la bailanta
todo comenzaba nuevamente.

 

 


 

 

Portada Tan real como el pavo
Laura Fuksman, Tan real como el pavo. Patronus, 2019.

 

 


Foto Laura FuksmanLAURA FUKSMAN. Nació en Buenos Aires a fines de 1970, bajo el signo de Sagitario. Publicó los libros de poesía Hostal Klezmer (Zindo & Gafuri, 2016) y Tan real como el pavo (Patronus, 2019).