Perfil editorial: Komorebi Ediciones

Una de las gratas sorpresas del 2018 en el campo editorial chileno fue la aparición del sello valdiviano Komorebi. Integrado por María José Cabezas, Manuel Naranjo y Pedro Tapia, Komorebi hizo su irrupción en un momento en que se hacía urgente el surgimiento de editoriales regionales que se impusieran el desafío de construir catálogos arriesgados y de calidad. Para ello han contado con una visión suficientemente ambiciosa para publicar la reedición de un libro fundamental de la poesía latinoamericana de los últimos treinta años, como Fin desierto y otros poemas de Mario Montalbetti, o la primera traducción al español de la poeta inglesa Jean Sprackland (Inclinación), por nombrar dos de los cuatro títulos con que inauguraron su catálogo el año recién pasado.

Para conocer más sobre los inicios del sello, su visión del trabajo editorial y sus planes en el corto y mediano plazo, nuestro editor Tito Manfred le hizo llegar estas preguntas al equipo editorial de Komorebi.


PERFIL EDITORIAL #2
KOMOREBI EDICIONES

Antes de ser una editorial, Komorebi fue una idea, ¿nos podrían relatar la escena en que esta aparece y cómo la pusieron en marcha?

[Manuel] El momento preciso en el que se nos ocurrió conformar Komorebi no lo recuerdo con exactitud, sinceramente. Sí recuerdo bien el contexto particular en el que nos encontrábamos, contexto superdisímil que paradójicamente ayudó a detonar todo esto. Fue a fines del año 2016. Por mi lado, ya llevaba viviendo en Valdivia cerca de 5 años por razones familiares y académicas. Durante ese tiempo estuve completamente aislado del mundo dedicado sólo a mi familia y a mis estudios de postgrado en la Universidad Austral. Aislado literal, relacionándome casi nada con la gente y sin ninguna red social. Tuve por largo rato la necesidad de desaparecer, de correr el riesgo de oír el silencio, de esfumarme en la naturaleza. Fue importante vivir eso, aprendí un montón, pero ya por esa fecha empecé a cansarme, quería vincularme con el entorno, con las personas, dejar de estar semimuerto. Por otro lado, y en una línea vital totalmente opuesta, Pedro y María José, luego de un año entero que recorrieron América del Sur arriba de una combi, se vinieron a radicar a Valdivia, llenos de entusiasmo, experiencias e ideas. No pasó mucho tiempo para que nos conociéramos y que la chispa se encendiera. Komorebi se podría decir que es al mismo tiempo el cruce, el encuentro de esas dos situaciones y el vehículo que aunó sus ganas de desarrollar proyectos culturales en la ciudad y la región, junto con mi necesidad de salir y de expresar de alguna forma lo que había leído, intuido y aprendido durante ese tiempo voluntario en el que me desconecté de casi todo.

La puesta en marcha de la editorial (me refiero a los aspectos legales, tributarios, etc.) no fue algo tan difícil, pero sí la preparación de los primeros cuatro títulos que hemos editado (La marcha hacia ninguna parte de Tania Favela, Inclinación de Jean Sprackland, Fin desierto y otros poemas de Mario Montalbetti e Insistencia del día de Víctor Quezada), en la que nos demoramos prácticamente un año, razón por la cual todos esos libros salieron el 2018. Ayudó mucho, por cierto, que los chicos ya tuvieran experiencia en el mundo editorial (ambos habían creado antes un sello pequeño de corta vida en Santiago llamado Narraciónyestilo; además de eso, los dos habían autopublicado sus primeros poemarios, Oscurece al fin, en el caso de María José, e Itinerario del olvido, en el caso de Pedro).

Imagen Komorebi
El equipo Komorebi junto al poeta peruano Mario Montalbetti.

Komorebi es una palabra japonesa intraducible al español que significa «la luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles». ¿De qué manera esa imagen da cuenta del espíritu o la línea editorial de Komorebi?

[María José] Siempre quisimos que el nombre que nos iba a representar fuera a la vez algo tangible e intraducible (esto último por esa idea de Deleuze de que la literatura articula en el interior del idioma una suerte de lengua extranjera). Elegimos este concepto porque expresa plenamente la línea que desde un comienzo pensamos para Komorebi: materializar libros que den cuenta de la otredad, que vislumbren orillas nuevas (reflejado en el carácter foráneo y extraño de dicha palabra), pero también otras más «situadas» que expresen la creación literaria que se está haciendo en la zona sur del país donde vivimos (reflejado en el fenómeno natural que designa esa palabra, tan habitual en esta parte del mundo rebosante de bosques). Este nombre resume bien, por tanto, lo que somos: una editorial que mira simultáneamente hacia afuera, a lo que se está haciendo más allá de nuestras fronteras naturales e imaginarias, y hacia adentro, a lo que se está generando en estas latitudes y que merece su conocimiento y difusión.

Los editores de Komorebi nacieron y se formaron académicamente en Santiago, pero por diversos motivos se radicaron en Valdivia. ¿Qué desafíos y ventajas supone editar desde el sur?

[Pedro] Este es un tema que dialogamos constantemente con el equipo. Podría decirles que las ventajas son varias e importantes, así como también los desafíos. Editar desde el sur, desde regiones, permite sobre todo tener una mirada distinta y más reposada respecto a lo que se está haciendo en los grandes centros urbanos y culturales, especialmente Santiago y Valparaíso. Esta distancia, junto con dar mayor libertad, permite ver y analizar mejor las tendencias que de allá surgen y lo que éstas pasan por alto. Eso de cara al exterior. Internamente, el menor número de editoriales (independientes o no) que operan/persisten desde acá no sólo permite que nos conozcamos entre todos y hagamos diversas actividades en conjunto (desde charlas de fomento lector hasta eventos como Caudal: Festival del Libro Independiente Valdivia), sino también que sea más fácil construir una línea editorial propia que se diferencie de las demás.

Lo anterior no evita, como decía, que enfrentemos a diario múltiples desafíos. Sin entrar en temas globales que nos afectan a todos por igual independiente de la zona geográfica desde la cual actuamos (como la crisis de la lectura y la industria del libro), hay otras cosas prácticas por resolver, como por ejemplo el hecho de que, por un tema de costo, tengamos que imprimir los libros fuera de la región. En el caso particular de Valdivia, el circuito de librerías y espacios para hacer lanzamientos, lecturas, conversatorios, etc., es acotado (aunque hay un crecimiento de iniciativas autogestionadas e independientes), lo que dificulta articular el acercamiento de nuevos lectores. El lector del sur, al igual que el lector chileno en general por lo demás, es conservador, es decir, no se arriesga normalmente a adquirir un libro de alguien que desconozca, pero que le seduzca tanto por su título, diseño o texto de contracubierta, situación que ha representado un problema para nosotros que apostamos fuerte por autores extranjeros no tan conocidos acá (sin, recalco, ignorar a los autores locales cuyas obras nos parezcan interesantes, además de acordes a la línea de nuestro catálogo). Un problema bonito en todo caso porque nos ha obligado a pensar y buscar distintas estrategias para acercar estos libros, que nos encantan y consideramos que son un aporte literario-cultural a la comunidad.

A pesar de no tener más de un año de vida, Komorebi ha logrado afianzar un diseño editorial coherente y reconocible. ¿Nos podrían contar cómo trabajan este aspecto del trabajo editorial?

[María José] Me alegra que digan eso, considerando que ese punto, el del diseño, fue algo que debatimos harto como equipo, especialmente el año previo a la publicación de los primeros libros y de conformación como editorial. La responsable de este estilo, que nosotros consideramos minimalista y «poshumanista» (puesto que en las cubiertas deliberadamente no disponemos figuras humanas por el efecto nostálgico y meditativo que produce) es Maite Naranjo, fotógrafa y diseñadora, quien además es hermana de Manuel. Si bien nosotros aportamos muchas ideas, fue ella la que las analizó y «aterrizó» hasta dar con este resultado, luego de varias pruebas. La propuesta es supersimple (y por lo mismo poderosa, a nuestro juicio): la fotografía de un símbolo, de una imagen recurrente de cada texto que, despojada de cualquier artificio o adorno, ocupa la totalidad de la cubierta, incluida idealmente la contracubierta, si no dificulta la lectura del texto que va ahí. En cuanto al interior, usamos para la composición de los textos de poesía la tipografía Australis, por su original plasticidad y para dar cuenta de nuestra condición «periférica», de ser una editorial del sur del mundo. Otro aspecto importante que tiene relación con el diseño es que el formato, las dimensiones que tiene cada libro, lo determina el texto y no un molde que establezcamos de antemano (eso explica, por ejemplo, que para el caso de textos que utilizan versos largos los libros sean más horizontales o apaisados).

Publicar poesía constituye por sí mismo una empresa arriesgada; si además se trata de autores extranjeros poco conocidos en el país, el riesgo deviene temeridad. ¿A qué obedece el gesto de editar a poetas excelentes pero inéditas en Chile como Tania Favela o Jean Sprackland?

[Manuel] Hay, por cierto, una dosis grande de arrojo, de temeridad en todo esto, junto con las ganas de hacer una especie de declaración de principios, de anunciar desde un comienzo cuál será la línea de nuestro catálogo. Sin embargo, lo anterior no fue algo premeditado, por lo menos de manera consciente. Para el caso puntual del libro de Tania (porque cada libro tiene su historia diferente) contamos con la suerte de su asombrosa amabilidad y generosidad. Ella desde el minuto uno confió en nosotros, pese a que cuando la contactamos no habíamos publicado nada todavía como editorial y ni siquiera habíamos hecho perfiles de Komorebi en las distintas redes sociales. Realmente estamos muy agradecidos con ella, además de contentos de que su libro haya sido el primero que publicamos, puesto que creemos marca perfectamente el rumbo que queremos seguir, el tipo de textos que nos interesan: textos que manifiestan algún grado de experimentación con el lenguaje y que por medio de la utilización de distintas estrategias discursivas (la incorporación polifónica de varias voces dentro de cada poema en el caso de Tania) tienen la intención de posibilitar una percepción más abierta del mundo.

Respecto del libro de Jean, que tuve el privilegio de traducir, más que el hecho de que este sería la primera traducción al castellano que se realizara de una de sus obras (lo cual por supuesto fue importante a la hora de decidir publicarlo), lo que de verdad nos impulsó a querer incorporarlo dentro de nuestro catálogo fue la sorprendente conexión que advertimos en sus textos con los paisajes del sur donde estamos inmersos. Como muy bien lo notó Luz María Astudillo en una reseña que hizo del libro, da la impresión que Sprackland visitó en algún momento esta zona de nuestro país, caracterizada en palabras de Luz por «la humedad que envuelve los bosques, la lluvia copiosa siempre cayendo y la inmensidad del cielo» (visita que no nos consta en todo caso; sabemos sí que el año 2007 estuvo en Argentina dictando talleres de escritura creativa). En fin, sea o no coincidencia, nos pareció interesante mostrar ese vínculo, esa conexión, que por lo demás refleja perfectamente nuestro interés dual y simultáneo de dar cuenta de lo que está sucediendo en el exterior y dentro de este territorio.

Hasta el momento han publicado solo poesía, tanto chilena como latinoamericana, así como traducciones. ¿Planean abrirse a la edición en otros géneros?

[Pedro] No es casual que nuestro catálogo lo hayamos iniciado con cuatro títulos de poesía (es el género literario preferido del equipo), abordando todas sus variantes: poesía inédita, reedición y traducción. Y sí, nuestra idea es crear con el tiempo más colecciones y explorar la edición de otros géneros, en especial el ensayo y la narrativa. Tan es así que este año inauguraremos la colección «Palabra Hendida» (ensayo) con el libro Ficciones críticas (antropologías, literaturas, visualidades), del antropólogo, poeta y traductor valdiviano Pedro Araya. Un texto muy interesante en el que se exploran y analizan distintas manifestaciones culturales (desde escritos de autores como Carlos Droguett y Juan Emar, pasando por las performances del grupo CADA, hasta los rayados callejeros que se hicieron en la época de la dictadura y la transición a la democracia), todo esto desde un punto de vista etnográfico.

Con la narrativa estamos en deuda, hay que decirlo. Nos interesa y gusta mucho, pero quizás porque no hemos hallado algo que realmente nos fulmine a todos, no ha sido posible concretar un proyecto todavía. Estamos sí trabajando desde ya con una joven y talentosa escritora para una novela corta que vería la luz el 2020 (autora cuyo nombre prefiero no decir ahora, puesto que el texto aún está en plena construcción).

¿Qué novedades se vienen para el catálogo de este año, nos podrían adelantar algún título?

[Manuel] Para este año tenemos planificado publicar seis libros (posiblemente siete, pero precisamente en este momento estamos evaluando si este último es factible o no por un tema de derechos y recursos). Dentro de ellos, porque queremos guardarnos algunas sorpresas, podemos nombrar, aparte del ya señalado ensayo de Pedro Araya, el poemario Todos mis quchillos, de la también joven y talentosa poeta mexicana Andrea Alzati (libro que anunciaremos justamente esta semana); la reedición de Las cábalas del sueño (1951), de Olga Acevedo, una autora chilena completamente visionaria que de manera sorprendente ha desaparecido de la tradición cultural y que estableció una relación de maestra-discípula con Gabriela Mistral; Exterminio, del escritor y editor chileno-argentino Juan Manuel Silva, libro de poemas que dialoga al mismo tiempo con la tradición cabalística judía, el sufismo islámico y la poesía de la segunda vanguardia chilena, especialmente con la de Gustavo Ossorio y Omar Cáceres; además de la reedición de La palabra rabia (2005), de Pedro Montealegre, poemario que el fallecido autor chileno publicó en España y que pese a ser el único que obtuvo un reconocimiento (Premio César Simón 2005), no ha tenido mayor circulación y recepción crítica en nuestro país.

Komorebi


Tito ManfredTITO MANFRED (Arica, 1983). Ha publicado el ebook 13 poemas(2016) y el libro Los peces se dirigen a las redes de pesca (2018). Recibió la beca de creación del Fondo del Libro en 2016. En 2017, ganó el Premio Publicación Digital, que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, por 13 poemas. Es editor de la revista Jámpster y dirige la editorial del mismo nombre.