Extracciones: Hologramas [Valeria Tentoni]

En la superficie del mar / no habrá / menos ni más olas / por barco perdido.
Palabras como placas fotográficas que se superponen y, en ese preciso movimiento, nos dejan bamboleándonos sobre una poesía tan lírica como íntima.

Nada que pueda descubrirse / visto de frente.
Estos versos del primer poema de Hologramas dan la clave de cómo leer el libro de Valeria Tentoni: leer por el margen, por lo que se escapa, de reojo, leer forzando la mirada. Los poemas son hologramas, construcciones tridimensionales de escenas familiares sobre las que Tentoni proyecta su ojo-haz de luz, rayo láser. El poema se vuelve materia, densidad, cuerpo en torno al que podemos girar para cambiar de perspectiva. Superpuestas / la palabra y el silencio, todo toma una consistencia nueva, incandescente, que miramos aunque lo que queríamos de verdad no era mirar, dice Laura Forchetti en la contratapa del libro.

Hologramas, recientemente editado por el flamante sello argentino Hemisferio Derecho, reúne dos libros de Valeria Tentoni: Hologramas (2009) y Ajuar (2011).

En estos poemas los versos son tan directos como poéticos, el sol pareciera encandilarnos en la lectura, posarse siempre sobre el mismo ángulo, alumbrar el cotidiano, hacer foco, retener una imagen, volverla palabra.
La autora construye un escenario poblado de calidez, de recovecos; juega con la luz, con la temperatura de los textos horadando sus fragmentos, de lado a lado. Podríamos decir que sumergirnos en este libro es casi como leer a través de un caleidoscopio, y depende de la conjugación que elijamos el resultado del holograma que se nos muestra. Poemas que se alzan en la lectura armando diagramas de distintas voces y anécdotas: la grandilocuencia o la sencillez dentro de eso, y la belleza.

Ana Claudia Díaz


Arte poética

Superpuestas
la palabra y el silencio,
su producto:
una interferencia.

Por caso, un holograma.

Nada que pueda descubrirse
visto de frente.

*

Hervías agua
para el té con leche,
nosotras hundíamos galletitas
en las tazas
ensayando el punto exacto
entre la destrucción y la consistencia.

Si alguna lo lograba
el goce era secreto,
solo. De algún modo,
también, falso.

de Hologramas


Avestruces

¿Qué hace el avestruz después de sacar la cabeza del hoyo,
qué es lo primero que olvidan los avestruces
de esa oscuridad en la que estuvieron
mientras afuera todo brillaba?

*

Flamencos

Dicen que esos son flamencos
pero no me alcanza la vista. Dicen
que hay que tener cautela
con lo que puja y dicen que es espuma
pero yo veo un rebaño,
lomos surtidos de marrón glacé.

Lo que se acerca, ungulado,
y arrastra la arena.
El animal líquido
sobre la lona
granulada de la costa

caracoles
apenas enteros.

Nadie que sepa bracear debería
irse demasiado lejos. El que conoce su fuerza
es el que sabe medir
primero la ajena.

*

Sierva María

La que moría de rabia
en una novela que leí de chica
sigue muriéndose
en el mismo capítulo.

Se muere mientras las cosas andan;
se muere todo el tiempo
en el mismo párrafo, se muere
incansable
sin variaciones.

*

Tempestad

Hace un silencio ahora
que podría oírse a mil kilómetros a la redonda

salvo por las pulseras de plata cascabel
igual de venenosas
que las serpientes a las que mi madre tuvo tanto miedo
y nunca anduvieron cerca.

*

San Bernardo

El tiempo que pasamos mirando el anillo lácteo
el polvo sereno que levantaban las camionetas, polvo
que vuelve a su puesto sin intentar la huida, sin esperar
con esperanza o terror del viento,
la conversación, entre las casas abiertas,
de los humos interiores, el punto
al que nos dirigíamos
masticando el aire hueco
aire de nadie antes
todo nuestro, la parte
de nosotros
que se arrastraba,
lo que tardan los cuerpos en recuperarse
después de un camino.

*

Ajuar

Para mis cuarenta hijos
cuarenta ajuares
canastas colmadas de ortigas y muérdagos,
perlas envueltas en hojas de parra.

La cinta con la que se ahorcan los pájaros
en un lugar oscuro.

Un cencerro de plata;
un recuerdo de cuando fui joven y entera, puro tallo
y nada en mi cuerpo articulaba con otro
y solo venía y sola iba y sola contestaba
ninguna pregunta.

Pero no tengo para darle a cuarenta
no tengo más que un corazón tullido
un corazón duraznero enfermo de pobredumbre morena
que ataca primero las flores, después el fruto y después
después
el árbol.

Que me crezco encima de mí y por debajo de mí
y de mis ramas se columpian
cuarenta hijos muertos
de los cuales he parido ninguno,

cuarenta hijos todos de mí entenados.

de Ajuar


Portada Hologramas
Valeria Tentoni, Hologramas. Hemisferio Derecho, 2018.


Valeria TentoniVALERIA TENTONI (Bahía Blanca, 1985). Publicó los libros de poesía Batalla sonora (Manual, 2009), Ajuar (Ruinas Circulares, 2011), Antitierra (Libros del Pez Espiral, 2014; Neutrinos, 2015; Liliputienses, 2016), Piedras preciosas (Libros del Pez Espiral, 2018) y Hologramas (Hemisferio Derecho, 2018), así como los libros de relatos El sistema del silencio (17 Grises, 2012) y Furia diamante (Leer es Futuro, 2015; Libros del Pez Espiral, 2017).