Artículo: «Ruiz, constructor de laberintos» [Jonnathan Opazo]

Hace un par de meses, y luego de ver La telenovela errante en un dizque cine local, con un amigo nos planteamos la posibilidad de conectar las películas de Raúl Ruiz con otras cintas chilenas. La idea era postular, a modo de juego y fascinados por la idea de hiperstición, que, por ejemplo, Tres tristes tigres estaba conectada con El zapato chino de Cristian Sánchez.

Para los que no han visto La telenovela errante, el argumento es más o menos sencillo y descabellado al mismo tiempo: los personajes, en una clásica deriva ruiziana, se pasean por distintos lugares de un Santiago inexistente. A medida que la cinta transcurre, nos vamos dando cuenta de que todos están atrapados en una enorme telenovela. En la cinta, de hecho, los televisores funcionan como puestas en abismo que extienden ese mundo hasta el infinito.

Así las cosas —Ruiz, por decirlo de forma coloquial, dejó la pelota rebotando—, plantear, usando como modus operandi cierto mecanismo paranoico propio de los creepypastas, que los personajes de Tres tristes… y los de El zapato chino habitaban un mismo momento ficcional. La razón por la que no se encontraban nunca iba a ser el misterio a revelar, la tarea detectivesca.

En ambas películas, por ejemplo, asistimos a un Chile que parece haberse extinguido. Sus personajes, que nos parecen mucho más reales que los personajes de, pongamos, las películas de Larraín, habitan una lengua que está siempre realizándose a través de sus posibilidades lúdicas. El chiste y el non-sense, propios de la poesía popular, hacen que en ambas cintas los personajes a ratos parezcan no comunicarse, sino establecer una serie de diálogos entre sordos. Un lenguaje que se disloca y que recuerda, salvando cuidadosamente las distancias, a la poesía de Ashbery, con sus saltos y giros que enrarecen la lectura del poema con su aparente opacidad.

Ambas cintas, por cierto, están filmadas en blanco y negro y el Santiago que nos muestran se parece mucho a la provincia chilena que nosotros —mi amigo y yo—habitamos: esas calles eternamente solas, las cantinas con sus gárgolas imperecederas —uno casi podría pensar que los hijos de los alcohólicos de ayer son los alcohólicos de mañana: la generación de recambio en esos sucuchos del infierno—, las fachadas continuas, etc. Un paisaje urbano que en el cine chileno contemporáneo más mainstream parece no existir o no querer existir, enterrado en el esplendor de los profesionales de diverso cuño y sus pequeños dramitas cotidianos —véase Gloria—.

Imagen Ruiz, constructor de laberintos 1Y pasa que, leyendo los ensayos de Metamorfosis. Aproximaciones al cine y la poética de Raúl Ruiz de Valeria de los Ríos (Metales Pesados, 2019), la idea no parece tan tonta. La idea del ensayo, digo. Casi podría decir que el corpus del cine de Ruiz está ahí para eso: para seguir abriendo laberintos y explorar las posibilidades de la imaginación. Sin ir más lejos, Valeria anota en la introducción a sus ensayos que la última película filmada por Ruiz fue La noche de enfrente. Más tarde, en 2016, se publica en Chile El espíritu de la escalera. En ambas, anota la autora, el tópico del espiritismo y el de los fantasmas «aparecen […] con una centralidad inusitada, como si el director quisiera resaltar hacia el final de su vida la existencia de conectores o vasos comunicantes entre el mundo de los vivos y el de los muertos».

No es casualidad —o sí lo es, qué sé yo— que Ruiz insistiera tanto en la similitud del cine con el sueño. O las ensoñaciones, para ser más preciso («creo que el cine está más cerca de la ensoñación», en entrevista con Udo Jacobsen). El sueño, la ensoñación, que por ahí Jean-Luc Nancy compara con la muerte: «El dormir se torna la noche misma. Y se convierte de por sí en el retorno al mundo inmemorial, al mundo más acá del mundo, al mundo de los dioses oscuros que no pronuncian ninguna palabra creadora».

Tema para otro ensayo. Suma de cosas pendientes. Así son los laberintos.


OpazoJONNATHAN OPAZO HERNÁNDEZ (San Javier, 1990). Es autor de los libros Junkopia (Bifurcaciones, 2016) y Cangrejos (Gramaje, 2018), y del ebook Baja fidelidad (Jámpster Ebooks, 2017). Escribe para el sitio web Culto, de La Tercera.