Perfil editorial: Hojas Rudas

En el contexto de la explosiva aparición de editoriales independientes durante la última década en Chile, es posible que más de alguna de ellas pase injustamente desapercibida en medio del barullo editorial. Por lo mismo, quisimos darnos a la tarea de rastrear aquellos pequeños proyectos de edición que creemos que merecen una mayor visibilidad. Así, para inaugurar esta nueva sección elegimos a la editorial Hojas Rudas. Álvaro Gaete se reunió con las responsables del proyecto y esto fue lo que conversaron.


PERFIL EDITORIAL #1
HOJAS RUDAS

¿Quiénes son Hojas Rudas y cómo nació la editorial?

[Jael] Somos Jael y Carolina Bolla, hermanas, de los mismos padres. Decidimos estar de cumpleaños en mayo, que fue cuando se lanzó nuestro primer libro, Bolsas de Diego Alfaro Palma. Mayo del 2017, en Buenos Aires.

Así nace Hojas Rudas. Parte como una inquietud mía en un contexto académico. Estaba cursando una maestría en la UBA, y esa maestría me llevó a cursar edición. La UBA tiene la tecnicatura de edición editorial. En base a eso me empecé a meter, a ver cómo estaba funcionando la edición independiente en Argentina, y decidí hacer de eso mi temática de tesis. Quería mucho hacer libros, llevaba un tiempo encuadernando, y arrojarme con un proyecto de solo encuadernación me parecía un poco vacío. ¿Cómo vincularlo con la edición? Armando una editorial artesanal. Valoro mucho el trabajo de edición, de enfrentarse a un texto. A mí me daba mucho temor hacerlo sola. Qué hacía si sacaba 300 copias y no las vendía. Hubiese sido un caos. Y eso fue un problema desde el principio, la distribución de los libros. Esa es la piedra de tope que tienen las editoriales autogestivas-independientes.

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Diego Alfaro Palma, Bolsas (2017)

Así nace la idea de hacer una editorial artesanal de bajo tiraje. Empiezo sola a armar el proyecto el 2016, y al primero que se lo presento es a Diego Alfaro, a quien conocí por la universidad. Habíamos estado en un seminario juntos, teníamos proyectos y le comenté: «Mira, estoy haciendo esto». Eran puras maquetas chiquitas, hechas de libros usados. Porque en Argentina yo vivía muy paupérrimamente [se ríe], muy rata, no tenía plata para comprar papel. Entonces, empecé a jugar con libros viejos. Y de la encuadernación pasé al libro de artista. Tomé talleres de encuadernación en Argentina, pero sobre el libro de artista, libro objeto, comencé a ver de manera autodidacta y a jugar con las formas que encontraba, el plegado de los papeles. Le mostré a Diego una serie de maquetas y me dijo que tenía dos textos que podían calzar. Así que veo este modelo, Turkish Map, y nos ofreció trabajar en Bolsas, no en Los sueños de los sueños de Kurosawa, que era la otra opción en ese momento. Empezamos a hacer el trabajo en esos meses; yo regresé a Chile un ratito, volví, y el lanzamiento se hizo allá. Y en la manufactura, y en todo lo que implica hacer un libro, me di cuenta de que no podía hacer este proyecto sola. Y pensé: «¿Quién podría ayudarme con este proyecto? A ver, quién». Y pensé en la Carola, mi hermana [se ríe]. Porque se dio la coincidencia de que paralelamente a lo que estaba viviendo en Argentina, ella estaba viviendo lo mismo. Nos enteramos después. La Carola también había tomado un taller de encuadernación. Y cuando vuelvo a Chile a fines de ese mismo año, a vivir definitivamente acá, le presento la idea y me dice: «Te sigo». Y ahí le dimos juntas desde ahí, y desde entonces todos los libros los hacemos juntas con la Carola.

 

[Carolina] Paralelo a esa historia, yo soy profesora de educación diferencial, por lo que siempre he estado ligada a la didáctica y al arte manual, siempre he sido autodidacta en muchas técnicas. Cuando la Jael llega a ofrecerme el proyecto, yo ya estaba armando un taller en la casa [se ríe]; pero sin pensar que iba hacia allá, sino pensando en independizarme en el arte. Y cuando la Jael se fue a Argentina, como que desapareció [se ríen]. No sabíamos mucho de ella. Y, bueno, se presentó este proyecto y todos los aprendizajes relacionados se volcaron en Hojas Rudas.

[J] Creo que esa fue nuestra forma de empezar, de una forma muy orgánica. Volcamos en el libro el conocimiento que acumulamos de otras artes, distintas técnicas. Por ejemplo, el libro de Vicente Oyarzún (El neón de la mañana) es papel hecho artesanalmente y pintado a mano. Latinos del sur tiene cosido, pop-up, origami. En Tinnitus avanzamos hasta lo 3D, que es lo que queremos seguir desarrollando más adelante. Que la cubierta se eleve, que tenga mucha más presencia. La experiencia lectora es lo que se pierde luego de los libros para niños. Se pierde lo lúdico. ¿Cuál es la justificación de eso?

¿Cuáles eran sus referentes en cuanto a la edición artesanal y el libro objeto?

[J] A mí me marcó mucho el trabajo de Eric (Schierloh, editor de Barba de Abejas). Lo entrevisté para la tesis. Cuando lo conocí solo tenía Bolsas. Se lo mostré humildemente al final de la entrevista. También Funesiana, que es otra editorial argentina. Cuando entrevisté a Lucas (Oliveira, editor de Funesiana), me dijo que no entendía por qué ocurre que libros con materiales cartoneros quedan tan poco estéticos, si es posible hacer algo más bonito. Igual, hay un contexto político superfuerte, que tiene que ver con la crisis económica que hubo en Argentina a principios de los 2000, pero sirve mucho para repensar los materiales que se tienen a mano. También Hedi Kyle, del mundo del libro de artista, y como diseñador, Nicolás Sagredo.

El diseño de sus libros es muy variado: plegables, pop-up, etc. Ninguno de sus libros lleva el nombre del autor o el título en la portada, ¿a qué obedece esta arriesgada decisión editorial?

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Andrés Torres Meza, Tinnitus (2018)

[C] No están los títulos en la cubierta porque de alguna forma el soporte está relacionado con el contenido del libro.

La cubierta de los libros tradicionales, principalmente editados en transnacionales, tienen algo recurrente. Como lector, ¿qué te llama la atención al ir a un stand con 300 títulos? Eso habla de un lenguaje. Los nombres más grandes que el título cuando los autores son mayormente reconocidos, o al revés, el título más grande cuando no. Nosotras, al no tener título ni autor en la cubierta de los libros, estamos invitando al lector a descubrir su contenido, a hacer la lectura de otra forma.

[J] Eso fue un consejo de Eric Schierloh cuando le llevé Bolsas, que es nuestro único título con portada. Me dijo que el objeto estaba sobrecargado, que el libro ya tenía suficiente información con la forma. Si el libro es tan potente desde su estructura, desde la forma que se mueve en el espacio, no es necesario que lleve título.

En el caso de Tinnitus, que es un origami en 3D, al sobrecargarlo con el nombre del autor y el título no te iba a llamar la atención la caracola.

Tienes que considerar también que hay distintos tipos de lectores. Si bien hay varios que se sienten reticentes a este formato sin título ni nombre de autor en la portada, ha servido para acercar a gente que no lee, que no lee poesía, de hecho.

Nos ha pasado eso, se llevan el objeto, no el texto. Cuando se compra un libro tradicional, difícilmente ocurre eso. Y es algo que siempre me he cuestionado desde la misma literatura, o incluso desde lo teórico; no te enseñan lo que es la materialidad del libro. La forma, la cubierta, el tamaño, el grado de apertura, también comunican.

La decisión obedece a abrir la poesía a otras personas. También a preocuparnos tanto del formato como del contenido; esa fue una de las primeras razones. Hacemos un trabajo exhaustivo junto al autor y luego buscamos un soporte que logre comunicarse con el texto.

Y como si fuera poco, comparten los libros en pdf…

Nosotras trabajamos con copyleft, con creative commons específicamente. El texto está inscrito, porque es tuyo, del autor. Es un resguardo legal. La base de nuestra política está en compartir los libros y, claro, alguien puede transcribirlo si quiere, pero que deje en claro quién es el autor. No son libros gratuitos, son libres.

¿Hay alguna línea en su catálogo?

[J] Sí, sí la hay. Tenemos una línea de trabajo que va desde la decisión de trabajar con licencias a la diagramación. Una decisión política. Nuestra línea editorial tiene que ver con los libros que estamos trabajando ahora. El denominador común de nuestros tres primeros libros (Bolsas de Diego Alfaro, Nogales de Rodolfo Reyes Macaya y El neón de la mañana de Vicente Oyarzún) es que no fueron por convocatoria.

El contexto fue una relación de cercanía, de cerveza; fue más relacional. Para nosotros es muy importante la relación con el autor, conocerlo. La misma reunión para la diagramación es fundamental, ya que el poema en un pop-up, por ejemplo, es un texto nuevo.

La línea fue poetas jóvenes que estaban viviendo en el extranjero (los tres vivían en Buenos Aires).

Los tres hacen una búsqueda en sus proyectos, y hay una conexión directa con su experiencia. Diego se propuso el ejercicio de escribir en su celular en sus traslados en micro y anotar cada vez que se cruzaba con estas bolsas que vuelan por la ciudad. Rodolfo, de alguna forma, también hace el ejercicio de ser extranjero en Nogales, un extranjero territorial; incluso, si se quiere, un extranjero de clase social.

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Matías Ávalos, Todos juntos estamos solos (2018)

Por otro lado, la convocatoria que hicimos fue bastante interesante. Entre las propuestas que llegaron se encuentran Todos juntos estamos solos de Matías Ávalos (publicado a fines del año pasado) y el primer libro de Constanza A. Morales. El trabajo que hicimos en edición fue de un año.

Tanto en Tinnitus de Andrés Torres Meza como en Gracias por favor concedido de Andrés Urzúa de la Sotta (que está pronto a salir) hay una experimentación con la forma.

Si hay que ver una línea, es la experimentación, poesía en sus márgenes. En Nogales pensábamos: «¿Qué es esto?». Ese tipo de textos nos motiva y nos abre muchas posibilidades.

A propósito de aquella convocatoria abierta, ¿planean lanzar otra?

La primera fue bastante buena. Lo único lamentable es que llegaron muy pocas mujeres. Quizás fue por desconocimiento de nuestro trabajo; hace un año y algo no teníamos tantos títulos. Pero ahora se viene una nueva convocatoria, pensamos abrirla pronto. Es una colección de narrativa de mujeres. Es una forma de equilibrar el catálogo. Trabajaremos al margen, porque será cuento largo o novela corta. Será otra búsqueda en el formato. 80 páginas no caben en los formatos anteriores.

Participan en ferias que están fuera de la «escena literaria», sus libros no están en librerías, ¿a qué se debe? ¿Qué piensan respecto de la circulación del libro?

Tiene que ver con la política de la editorial. Tiene que ver con no estar registrados, no seguir las normativas, no tener boletas, etc. No estamos con la postura de querer entrar al sistema. Dificulta la difusión, claramente, pero bueno. Hemos estado buscando otras vías para que los libros se muevan. Por ejemplo, hemos ido dejando libros en la librería Concreto Azul. Pero el problema es que queda en Valpo, y es un costo extra por el traslado, ya que no somos de Valpo. En Concreto casi inventaron una forma de distribuirnos, ya que no trabajamos con código de barras ni con ISBN. Respecto de las copias, a veces nos pilla un poco la máquina. Imagina tener que distribuir en más librerías. Ahora empezamos a distribuir por Pedaleo, ya que encontramos que se adapta superbién a nuestra propuesta.

Los libros los vendemos de mano en mano, en los lanzamientos, o en ferias como la Pedro Lemebel o la FLIA. Todo lo que hacemos habla de una consecuencia política.

Claro, sigue siendo un producto que va a la venta, pero no es ese su fin. Queremos vender los libros, pero también queremos que se lean. Es algo que puede ir cambiando en el camino, claro. Todavía somos jóvenes (se ríen).

¿Qué planes tienen para este año?

Se vienen dos nuevas publicaciones en poesía, de Constanza A. Morales y Andrés Urzúa, y la colección de narrativa de mujeres. Esperamos publicarlos a fin de año, o ya a principios del próximo. Y lo otro es un trabajo más colaborativo, del que no podemos contar mucho, pero tiene que ver con la manufactura del libro. Eso en este año.

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Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño 2016, categoría poesía. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2018). Trabaja en su primer libro.