Extracciones: El sueño de toda célula [Maricela Guerrero]

En El sueño de toda célula (Antílope, 2018), Maricela Guerrero pareciera preguntarse sobre una nueva forma de hacer comunidad y buscar respuesta en una observación de la naturaleza tan distanciada como sensible. Así, lo celular, lo herbario o lo mineral asoman como propuestas para una aproximación más compasiva al otro, una comunicación acaso menos humana, una nueva sensibilidad.

Sin más, los dejamos con una selección del último libro de una de las voces importantes de la poesía mexicana actual.

 


 

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Introducciones

Aquí a 557 kilómetros de distancia al este en dirección hacia el camino mexiquense, siguiendo instrucciones del localizador durante siete horas y treinta y tres minutos sin determe podría llegar a un bosque en el que desde 1976 se dejaron de ver lobos, el Canis lupus baileyi cuyo peso podría variar de 25 a 47 kilos, casi como mi hijo mayor que este otoño cumplirá 12 años.

Ahora introdujeron compañías constructoras extranjeras que derribarán árboles y traerán progreso, una vida mejor y drenaje y servicios para usted y su familia, ¡deje de pagar renta y hágase de un patrimonio! Dice su oferta donde un hombre blanco abraza a una mujer trigueña y los dos amparan a un niño y una niña muy sonrientes.

A siete horas y veintitrés minutos, siguiendo por la carretera internacional a Oaxaca y después tomando hacia Tehuantepec, siguiendo instrucciones podríamos llegar a San Pedro y San Pablo Ayutla que colinda con Tamazulapan del Espíritu Santo. Los dos pueblos pelean por mover límites y un manantial.

Ayutla apela a un mapa que localizaron en el archivo Orozco y Berra: Plano del pueblo de Ayutla, Distrito de Villa Alta del año 1907 con medidas de 47×73 centímetros, varilla: CGOAXX01 con numero de clasificación: 3055-CGE-7272; ahí queda claro que el manantial deviene y augura paz.

Han pasado más de cuarenta días y el manantial sigue bajo resguardo de personas armadas
y muchas células se plantean preguntas en lenguas inusitadas y minerales.

En muchas lenguas vernaculares se plantean preguntas a los lagos y las montañas, en muchas lenguas, millones de células piden paz y devenir.

Devenir lengua en agua que fluye:
sílabas, sonidos, fonemas que en combinaciones inusitadas y variables
resuenan
como un conjunto de árboles:
alamedas, pinales, plantaciones, bosques, selvas: el baldío de al lado:

resonar respiración compartida: aliento
sin congoja ni estrujamientos:
alivio a millones de años luz:

tus ojos
tus pestañas,
imagínate decía Olmedo:
expandir el corazón: brotan manantiales en difusas y posibles lenguas en químicas orgánicas e inorgánicas y los pulmones y el baldío de al lado habitan:
aire compartido:
células soñando con células
mórulas
sábila
hierbabuena
olmo
arce abeto
lobo
no estamos solos:

Estamos
aquí.

 

 


 

 

Ríos

Nombrar y controlar los caudales de los ríos es una labor de hidrólogos, geógrafos, militares e ingenieros que atienden formas convenientes de desviar los lechos, de cercarlos, de secarlos: para que se ajusten a formas caprichosas y tuberías.

Guadal quiere decir río.
Guadalupe es el nombre de un río de lobos.

¿Imaginamos un río de lobos en las mesetas que cobija riachuelos, arroyos y comunidades de vida comunicándose en una lengua que no sea la lengua de imperio?

Un río de lobos que despierte
que corra:
ajeno a la lengua del imperio.

Un río de lobos que alimente y limpie las palabras, las frases, las ideas imperiales que contra mis propios fluidos y linfas he pronunciado: con las que les lastimé, palabras con las que se desgarraron vínculos y destejieron enredaderas. Sigo buscando cómo recuperarnos de este caos doloroso.

Sigo buscando un caudal y una lengua que acerque y fluya libre: una lengua vernacular que nos comunique y nos vincule con el baldío de al lado.

Hablar en lobos en moléculas, comprender el modo en el que el azar nos entreteje y nos tiende variables: atender la variabilidad, la fotosíntesis y la verdosidad del aire y de las hojas: recuperar las nubes de la infancia.

 

 


 

 

Respirar

Había una vez un mundo en el que el sueño de las células sólo era devenir células y fluía en lenguas vernaculares:

después comenzamos una carrera por buscar la combustión para producir magnitudes en la lengua del imperio, que la idea del imperio impuso.
y a veces parece
que perdimos
que rompimos
aceptamos jaulas, jardines botánicos y zoológicos:

oficinas
vehículos de locomoción
altius fortius raudos:

aunque en el baldío de al lado:
la vida bulle
y me vuelvo cursi
y simple:
imagino que si hago
crecer un árbol podremos hablar
y escucharnos
así:
respiraciones
comunes,
puntos de vista paralelos:
un lobo y un cangrejo:
anémonas malvas:
valentía
y abrazo en
un álbum de la forma de las hojas en las manos

diques y represas a la lengua del imperio:
con sus magnitudes y medidas:

aunque ahora te encuentres
en la misma ciudad
a nueve kilómetros y un metro de distancia
a veinte minutos sin tráfico
estás más lejos que la
secuoya que la mujer
no pudo salvar
que los bosques que se están talando justo ahora
o el manantial que resguardaron esta
tarde los municipales:
sembraré un árbol.

Estoy aquí hablando en lo que tengo porque
respirar contigo es una transformación que produce aliento.

Alentar es una forma redonda y cálida de resistir.
Devenir célula que sueña devenir célula.

 

 


 

 

Cómo en una lengua precisa, anémona?

Soñaríamos fonemas que devienen precisos e impermanentes márgenes de holgura y placidez, extensiones inmensas de un presente bullendo en la hermosa combustión de inspirar oxígeno y expirar dióxido de carbono y otros gases: reburbujeo de calidez y luz, aromas, balbuceos, quejidos, babas, mocos, fluidos estruendosos, amorosos gemidos que quedan balbuciendo una inhalación tras otra y dan paso a nuevas y redondas maneras compartir espacio, ocupar tus honduras y las mías como el agua que fluye en las montañas: claro río.
Amarnos en presencia y alegría como la gota que derrama el vaso, amarnos ahora anémonas imantadas y espléndidas en inhalación y exhalación profunda bosque arriba ajenas al dolor y a las imperiales formas. Ajenas al tú o al yo trágico, cómico y Leucipo.
Amarnos ajenas anémonas precisas y bullentes formas de la tarde, presencias espumosas transformadas en calidez y bonituras deleitables sin orillas, trancas: hojas sueltas.
Amarnos malvas volcadas en caricia en alegría en prístinas piedras al fondo del claro río, manantial, tumbadas en paz y en reverberaciones libres:
Amarnos

Y a veces detenerse
es otra forma de fluir.

 

 


Maricela GuerreroMARICELA GUERRERO (Ciudad de México, 1977). Ha publicado Desde las ramas una guacamaya (Bonobos / CONACULTA, 2006), Se llaman nebulosas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010), Kilimanjaro (Mano Santa, 2011), .Peceras (Filodecaballos, 2013), Fricciones (Centro de Cultura Digital, 2016) y El sueño de toda célula (Ediciones Antílope, 2018). Su trabajo ha sido antologado en Efectos secundarios (Madrid: Anaya, 2004), Divino tesoro (México: Casa Vecina, 2008), Cuatro poetas recientes de México (Buenos Aires: Black & Vermelho, 2011), México 20: La nouvelle poésie mexicaine (Astral/Secretaría de Cultura, 2016) y Sombra roja: diecisiete poetas mexicanas 1964-1985 (Vaso Roto, 2017).