Entrevista a Jaime Pinos: «No me interesa la poesía contenidista ni adoctrinante porque no subestimo al lector»

Hace algunas semanas, editorial Alquimia publicó su segundo título con Jaime Pinos (Santiago, 1970). Esta vez, un libro de poesía llamado Documental. A la manera de Werner Herzog y los volcanes, Jaime enfoca el desastre, la memoria de un país escondido tras el humo y las cenizas.  Excusa para que nuestro Álvaro Gaete le preguntara sobre su metraje personal y en cómo este se extrapola en la historia del país.

 


 

Existe una continuidad en tu trabajo (incluyendo 80 días). Almanaque, Documental y Criminal incluyen fotografías, material de archivos, fotos, fuentes de medios escritos. Algo que me llamó mucho la atención es que en Documental (Alquimia, 2018) aparecen quinientos nombres de miembros de la DINA  y la asociación inmediata fue la Desclasificación popular de Papas fritas. ¿Cómo concibes el libro?

Buena la vinculación con lo de Papas fritas. Lo sigo. Es distinto, pero hay vinculaciones. Es reacertado lo que dices en cuanto que este libro, en algún sentido, tiene un proceso que tiene que ver con los anteriores. Lo siento así porque establece una forma más definitiva de una poética de mi trabajo, hasta el día de hoy. Lo más evidente es lo realizado con fuentes y  con  documentos, que eso está desde la novela. La novela trabaja también con la crónica periodística del año del plebiscito. Y bueno, eso se va a replicar en  prácticamente todos los libros. A mí siempre me ha hecho sentido esto que decía Ezra Pound, “la poesía son noticias que siempre serán noticia”. Me interesa, más que la noticia, el tiempo, la historia. Y por supuesto que las fuentes periodísticas son un referente, son los hechos de la historia en el plano del discurso público. Y aunque sabemos que los medios mienten, y lo hacen sistemáticamente, el ejercicio es desmontarlas, y articular un discurso que tenga verdadera relación con los hechos reales. Pero me parece que ese hecho está desde el principio, y se ha reafirmado libro a libro. En los últimos años he investigado, y profundizado mi interés en la poesía chilena, particularmente con la obra de Nicanor Parra. Me parece que esto es una poesía en base a hechos. Hay una antología que publica Hugo Zambelli, 13 poetas chilenos. Habría que buscar el título, en ella se le pide a cada poeta seleccionado que haga una breve poética como introducción a sus poemas. Nicanor Parra redacta un texto que se llama Declaración preliminar que dice más o menos esto: que él busca una poesía que es base en hechos y no en figuras literarias. Y yo quedé con eso bastantes años, rumeándolo, y creo que esta definición de lo que es un trabajo poético está en toda la obra de Parra. Si uno revisa poemas dedicados a ciertos años: 1930, 1952 o Temporal, el libro que saca en el 87’ y se extravía (y que hace poco sacó la UDP), son todos textos que funcionan a partir de los hechos. Inclusive creo que Temporal, que me parece pasó un poco desapercibido,  es fundamental para comprender la evolución en la poética de Parra. Ahí hay un ejercicio que pareciera fundarse en un hecho repoco literario, una tormenta devastadora, un temporal. Y desde ahí Parra logra metaforizar todo un estado de situación del país, de la cultura. Y yo diría que voy por ese lado, asumiendo también que hay muchas formas de comprender y practicar la poesía. Eso diría como letra “A”. No lo pienso como algo sectario. Es sencillamente una de las tantas posibilidades en las que yo y otros poetas hemos intentado avanzar. Pero te diría que el antecedente de Nicanor Parra me interesa sentarlo como base de la tradición chilena, por lo menos para mí y otros poetas que están realizando trabajos afines. También te diría que Lihn es importante como referente: “La realidad es la única película que nos quita el sueño”. Sobre todo el Lihn de Paseo Ahumada y La aparición de la Virgen: el Lihn más tardío, el que por muchos años fue menospreciado. Hay una evolución en la lectura de Lihn. Una clásica, que relee la pieza oscura, y otra más contracultural, que no solo incluye estos textos que circularon mucho. Formatos de libre elección, fanzines al final, y no solo eso: performance, happenings, y películas donde invita a sus amigos a participar, y por muchos años me parece que no fue atendido dicha dimensión. Obvio que también me gusta La pieza Oscura, Pena de extrañamiento y todos los textos que salen que son fundamentales. Pero creo que en esta última etapa hay una sugerencia respecto de cómo la poesía chilena debiese abordar la circunstancia actual del país, que me parece muy interesante.

A propósito de Lihn, de este desdoblamiento en diversos formatos ¿cuál es la intención de acudir a fotos, de fuentes (o happenings, en el caso de Lihn)? ¿Es llegar a la gente, a las bases? ¿Es parte de la forma en que estructuras tu trabajo?

Yo creo que uno al escribir, asume  imaginariamente un lector. Y en mi caso, aspiro a un lector lo más amplio posible. Vuelvo a la tradición poética chilena, que en su esencia es masiva. Neruda es eso, De Rokha con Multitud es eso, Parra es eso, Mistral es eso. Claro, yo entiendo que no es una necesidad establecer un horizonte de recepción amplio, pero para mí la poesía en gran medida, es un gesto de comunicación. “Escribo ergo el otro existe” dice Lihn. La escritura poética tiene sentido en la medida que se convierte en una posibilidad de encuentro con otro. Y ese encuentro sea un dialogo y sea la posibilidad de construir entre muchos, quien escribe y quienes leen, no una respuesta definitiva, sino una pregunta sobre la realidad. No me interesa la poesía contenidista ni adoctrinante porque no subestimo al lector. Eso hace diferenciar una actitud adoctrinadora, pedagógica, didáctica, que es algo que no me interesa en ningún punto. Lo que sí me interesa es ser leído. Si escribo es para comunicarme. Por mucho tiempo se ha menospreciado esa forma de ver la poesía como actividad. Digamos, entiendo que existen otras posibilidades pero a mí no me interesa el esfuerzo por hacer que lo tuyo sea incomprensible. No me interesa el sectarismo, ni dentro de la literatura ni fuera, tampoco. Creo que así como hay una vocación elitista hay también una vocación democrática, y yo me inscribo en ella. Que puede ser reconstruida hasta Pezoa Veliz y sus antecedentes en la Lira Popular. Lihn también es eso, ¿no?, Literatura de cordel. Meneses, Rosa Araneda, todos esos poetas de la Lira, hasta Nicanor, Lihn y Lira. Podría ver una línea donde la poesía se comprende como una posibilidad de comunicación y de influencia en el ámbito de la cultura. Eso también me interesa. Lo que estamos discutiendo son planos de la percepción de la realidad e ideas sobre la realidad. A propósito de lo que hablábamos de los hechos, está circulando una entrevista a Noam Chomsky donde dice que el problema es que la gente ya no cree en los hechos. Si lo aterrizamos a Chile, aquí hay un grave tema político, social, respecto de asumir los hechos. En un país donde en vez de ejecuciones se habló de enfrentamientos, donde en vez de asesinados se habló de detenidos desaparecidos. O sea, voy  a que esta forma de tergiversación de los hechos, en el plano del lenguaje. Y es ahí donde la poesía requiere trabajo.

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El formato de Documental apela a lo multimodal. En este caso, no se están haciendo cargo de los hechos. Por ello el recurso de la imagen, lo visual.

Efectivamente, porque tiene que ver con la idea de documento. Su definición canónica dice que tiene que ver con los hechos y el pasado. Trabajar con documentos, eso es documentalismo. Y por otro lado, me pareció una fuente de creación muy nutritiva el documentalismo cinematográfico. Desde el inicio del cine existe el documentalismo. Un tren llegando a la estación, unos obreros saliendo de una fábrica. Después surge el cine de ficción. El cine, que para mí es muy importante como lenguaje, es un inicio un lenguaje documental. Para este libro me concentré mucho en el estudio de la tradición documental cinematográfica. Digo desde el documentalismo soviético Dziga Vértov, Medvedkin, toda esa gente. Hasta los que podrían ser mis santos contemporáneos. Es un libro muy influenciado por el documentalismo de Chriss Marker a Jonas Mekas. Y en el cine chileno, “La batalla de Chile” de Patricio Guzmán, que es un tremendo cineasta que como Vértov, Marker y Mekas se definen asimismo como poetas. En definitiva no es el trabajo con documentos, sino también el con imágenes lo que me interesó del cine documental y eso viene de cierta lectura de la situación a partir de referentes como el Situacionismo francés y no francés también. Yo le creo a Debord cuando dice que “las relaciones de la sociedad están mediadas por imágenes”. La imagen es todo. Si es así, la poesía debería hacerse asumir esa situación y aprender a trabajar con imágenes, o con la relación entre palabras e imágenes. Y ahí hay un campo de investigación y reflexión vastísimo. Estoy pensando en un referente que ha profundizado sobre esto como Didi Hubberman. Hay toda una bibliografía extensa sobre esto. Pero al final de todas estas búsquedas,quizás una poética,  lo que hay en todo esto es un hambre de realidad. Yo lo llamaría así. En un país donde la verdad ha sido tan tergiversada, se ha mentido tanto y, proviniendo yo de una generación que creció durante la dictadura y la postdictadura (es decir, todo lo que fue el baile de máscaras posterior a la dictadura), esta hambre de realidad se traduce en una inquietud biográfica, no solo política. Por ahí va un poco a lo que responde este libro. Asimismo, responde a la pregunta que hace George Oppen, quien me gusta mucho como todos los objetivistas norteamericanos. Este afirmó en algún momento que “no sabemos de qué está hecha la realidad”. Y en algún sentido, intento llegar a un análisis de eso. De qué está hecha la realidad en la que vivimos.

Poema Pinos

En el trabajo visual está encargado Nicolás Sagredo. Y pone énfasis en la estética del cine más rústico. Digamos, cámaras Súper 8, medio quemadas, etcéteras. ¿Cuál es la conversación con el texto y las reflexiones metapoéticas?

Mi relación con Nicolás Sagredo es mucho anterior. Él hizo la proyección visual de Almanaque, en la primera edición que estuvo a cargo de Lanzallamas, sello que no solo editaba libros, sino que funcionó también como revista digital y fanzines. Siempre me ha interesado el trabajo en conjunto con diseñadores, por lo que siempre he tenido relación con ellos por la importancia en la contribución visual que hacen y logran.  Por ello hablaría incluso de coautoría con Nicolás. Documental viene de un trabajo anterior, de conocernos muchísimo, como autores los dos, resultando fundamental su propuesta visual para este trabajo.

Es como el ruido o el paso del tiempo en la misma película

Sí, es como lo que decías tú. Es como un documental casero. Esto no es una película de Hollywood. Esto es Jonas Mekas con una bolex. Una cámara de mano a la que hay que darle cuerda. O como  Pedro Chaskel filmando los aviones que bombardean La Moneda el 11. Hay varios textos que refieren a eso acá. Muchos camarógrafos referidos en el libro.

En el libro aparece fuego. Uno de los primeros textos que leí de Documental era uno en el que se hablaba sobre los incendios en Valparaíso, ciudad en la que vives hace  ya varios años. ¿Cómo ha influenciado el puerto en tu escritura?

El libro está cruzado por fuego, que es una metáfora del desastre nacional. Creo que vivimos en un país que fue arrasado, convertido en tierra quemada. El fuego entonces son todos los fuegos. Los fuegos que arrasan en toda las dimensiones en un país como en el que nos tocó. Desde lo personal a lo político, incluyendo la catástrofe natural. Ahora mismo está todo lo que está ocurriendo en la zona de sacrificio, Quintero. Leía que había más de veinte zonas de sacrificio en Chile. No deja de ser tremendo que un lugar donde vive gente, niños, sea llamado “zona de sacrificio”. Es decir, el lenguaje del poder es muy revelador. Vivimos en un país donde el arrase ha ido aumentando, como una forma de depredación del paisaje y la naturaleza. El capitalismo chileno está basado en esa depredación. No es un exceso, no es episódico. Es fundamental a la lógica de desarrollo de este capitalismo y esta cultura el desastre. Hay una frase de Patricio Marchant, el filósofo que siempre recuerda Pepe Cuevas, y yo la recupero. Dice a propósito de escribir en Chile “a quién le será permitido hacer el comentario de la catástrofe”. Y ahí hay una situación que enfrentar para la poesía chilena. Para mí, la catástrofe es evidente a todo nivel. No sé cómo se puede vivir en este país sin estar consciente de la catástrofe. No se puede, habría que estar muy alienado.  Y si uno identifica ese estado de catástrofe, la escritura tiene que responder a eso. Entonces, a propósido del fuego que mencionabas, es un libro completamente en llamas, porque la poesía también está quemándose… En el país más capitalista del mundo, en el país donde la vida cotidiana ha sido colonizada por el dinero de forma totalitaria, la poesía no tendría ninguna posibilidad de subsistencia. La paradoja es que, sin embargo, la poesía chilena resiste, y no solo resiste: creo que está pasando por un momento bastante interesante y vigoroso. Confluencia de distintas generaciones, muchas poéticas y de muchos trabajos concretos y diversos, incluso territoriales. Hay mucha gente a lo largo de de nuestro país que sostiene la poesía chilena, no solo Santiago es la poesía chilena, pero eso es otro tema. Volviendo un poco. El fuego es eso, reconocer un estado y hacerlo presente. Hay fuegos inducidos. De hecho, el incendio es una jugada clásica de la especulación inmobiliaria. Cuando se quiere hacer un blanco en el espacio urbano se incendia. En Valparaíso funcionó mucho eso, por mucho tiempo. Hay incendios inducidos, piromanía del poder. Y que tiene como metáfora de origen el fuego que incendia de La Moneda. Para mí, es uno de los fuegos originales en la historia de Chile. Desde ese al fuego que arrasó Valparaíso hace algunos años. Todos son el mismo fuego.

Por eso hubo líderes sindicales quemándose a lo bonzo.

El libro también recoge eso. Tenemos a Sebastián Acevedo, Eduardo Miño, Carmen Gloria Quintana, Rodrigo Rojas de Negri. Es decir, nuestra dictadura quemó gente viva. La dictadura chilena fue muy lejos.

Hablábamos de que el capitalismo en Chile propiciaba que aparecieran nuevas poéticas. Tengo entendido que en el espacio de Concreto Azul se hacen talleres. ¿Cuál es tu participación en él? ¿Habías participado anteriormente en un espacio de taller?

Hice un taller hace muchos años en Balmaceda 1215, fue una muy buena experiencia. Se llamaba “Taller de escritura dinámica” y estaba muy influenciado, igual que el taller que hicimos con Gaspar Peñaloza en la Concreto Azul este año, por la idea de taller de Mario Bellatin. Él tiene, creo que todavía existe, “La escuela de escritura dinámica”. Tiene dos premisas básicas. La primera es que no se puede enseñar a escribir, lo que me parece hace una diferencia  importante entre este taller y otras ideas de talleres. Lo segundo es tener contacto con otros lenguajes de construcciones creativas, abrir la escritura, abrir la poesía a otras formas de creación. Otra cosa que me parece fundamental, y que he intentado arrimar a mi poética, tiene que ver con la investigación. El taller en Valparaíso se llamaba “Taller de investigación poética”. Y ahí de nuevo podríamos volver a Parra, y a sus conversaciones con René de Costa. Que es un libro que salió hace poco en una edición de lujo por un Banco, me cayó en las manos. Y que es una conversa que tiene Nicanor Parra en Chicago con este académico el año 87′, el año de Temporal, y ahí él se define como investigador. Y además, hay un antecedente en la poesía norteamericana, Ed Sanders, un poeta de la promoción Beat, que fue muy importante en el movimiento contracultural norteamericano de los 60′ que se define como poeta e investigador privado. Y asume que la poesía es un trabajo de investigación. En vez de inspiración, investigación. Que es una forma de buscar la salida del viejo romanticismo. Esta idea de que el poeta viene de una dimensión extraterrena y que puede ver las cosas más claras y las plasma en el poema. Yo no creo en eso. Veo al poeta más cerca del científico y del detective privado. Escribí un texto hace un tiempo que se llama Investigaciones privadas, como el tema de Dire Straits y me interesa eso. El poeta como un investigador de la realidad. En toda su complejidad, sus dimensiones múltiples. A la idea de detective privado habría que destacar, otra cosa es la policía de investigación. Personalmente, me formó mucho la relación con Ramón Díaz Eterovic: Heredia marcó porque siempre lograba develar las bambalinas del poder, a pesar de ser un marginal. Y por supuesto que siempre termina mal por lo mismo. Pero siempre reincide en tomar las causas perdidas porque sabe que lo que hay de por medio es un abuso de poder, un abuso criminal. Una posición muy interesante del poeta en la actualidad es esa. Investigar lo que el poder quiere que se mantenga oculto. Revelar las claves del funcionamiento de la realidad en que se vive, que es un trabajo de lectura, de descifrar códigos. Por otro lado, asumir una posición de marginalidad. El poder funciona en base a secretos, dice Debord. El trabajo del poeta moderno es revelar esos secretos.

 

 


Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el premio Roberto Bolaño en la categoría poesía, año 2016. Trabaja en su primer libro.