Entreamigos: Hace falta una confrontación, que nos critiquemos en serio [una conversación con Nicolás Campos Farfán]

A propósito del reciente lanzamiento de Te convertirás en un extraño (Los Perros Románticos, 2018) primer volumen de cuentos de Nicolás Campos Farfán, les compartimos esta síntesis de una conversación que, al igual que el libro, tuvo una configuración de muy largo aliento. Y ya que no queremos seguir dilatando la espera, sean bienvenidos sin más a la entrevista del “lugar común”, que con una visión auténtica del oficio de escribir y respuestas no complacientes, nuestro interlocutor transforma (a pesar de las preguntas tipo) en un notable intercambio de pareceres. 


¿Cuánto te demoraste en configurar la propuesta para el volumen de cuentos Te convertirás en un extraño?

“Como diez años. Se dio así, sin pensarlo como proyecto. Y se quedaron varios cuentos en el camino, algunos descartados porque no me servían y otros, unos seis, los borré por malos.”

¿Así de tajante? ¿No los retomarás en el futuro?

“Es la idea. Igual deben estar en algunos mails viejos, pero por lo menos en mi computador ya no. Supongo que es bueno dejar que pasen algunos años para volver a trabajarlos o, para saber si se salvan o se descartan definitivamente.”

¿Y cuál fue el criterio para decir ‘este definitivamente no va’?

“No había un criterio tan pensado. Después, con el título decidido, recién vi que muchos de los relatos eran sobre gente cuya vida comienza de nuevo o tiene que ser replanteada. Ahí saqué los que desentonaban con eso. Pero ese criterio no es tan rígido. No es necesario que haya un concepto tan claro. Es una lata un libro que, a la pregunta de qué se trata, uno lo pueda explicar fácilmente.”

Entonces, ¿cómo llegaste a la idea de publicar un volumen de cuentos?

“Eso viene después. Primero quería aprender a hacer cuentos. Es como le pasa a todos, pero también porque mis lecturas eran súper tradicionales (Borges, Rulfo, etcétera), y porque -a diferencia de los libros de otros géneros- mi idea de los libros de cuentos era como la de esos compilados que eran como discos de grandes éxitos. Eso eran para mí los cuentos, historias sueltas, o los momentos más inspirados de un escritor. Parece que me quedé pegado ahí.

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Te convertirás en un extraño (Los Perros Románticos, 2018)

Entonces, ¿cuál sería el objetivo para escribir cuentos si no hay un concepto de por medio?

“Parto con una imagen o un plot medio vago. Después veo si da para cuento o para algo más largo. Y ahora que lo pienso, muchos de los cuentos los escribí a mano. También varios los trabajé viajando, y no sé si será por esa dinámica (moverse, cambiar de lugar, tomar nota de lo que se ve) pero de ahí salieron puros cuentos; al revés de lo que implica una novela, que obliga a estar en el computador y pide más tiempo para pensar. Con esto quiero decir que, más que escribir cuentos, simplemente me interesa escribir no más. Si tuviera que hablarte de la naturaleza del cuento, o incluso de los míos, no cacho una. Todavía no pienso bien esas cosas.”

A propósito, llama bastante la atención que gran parte de gente que hoy está publicando, poca haya estudiado formalmente literatura. De hecho, tú mismo  no tienes formación en el área, sino que en filosofía.

“Es verdad, pero igual la mayoría ha ido a talleres. O sea, tienen formación literaria, vienen guiados por algunos profesores y con cierta idea de la literatura como profesión. Ya cachan cómo hacer contactos y qué obras podrán tener éxito. Eso sí, entiendo y comparto la necesidad de probar los textos. Ahora mismo hace falta una confrontación: que nos critiquemos en serio, y los talleres -en parte- lo permiten. Sobre todo es importante en el cuento, porque cuando las cosas fallan se nota un montón, mucho más que en la novela e inclusive la poesía, aunque algunos pocos poetas se engrupan con que son rigurosos con ese trabajo al que le dicen ‘trabajo con el lenguaje’ y usen ese argumento -bien flojo creo yo-, para ningunear a la prosa. Espero que se entienda que cuando digo que las fallas se notan mucho en los cuentos lo digo desde un cierto sentido común, no de una norma de calidad o estética como las que los talleres marcan en sus alumnos. De hecho, en el cuento es súper claro si su autor es ingenuo, si tiene una concepción del mundo medio perdida. En la poesía puedes pasar por loco y en la novela, si hay otros méritos, una visión de mundo pobre puede ser algo perdonable. Ahora, no estoy contra la poesía, al contrario, es mi punto de referencia. Aspiro más a conseguir el efecto que consigue un buen poema que el que debiera un cuento normal. Se hace necesario recurrir a la poesía para que el cuento no sea corriente.”

Respecto a la relación del cuento y la poesía en tu caso, yo lo veo muy por el lado del lenguaje a pesar de lo que me acabas de decir. De hecho, siento que eres uno de esos autores que en nuestro país está retomando el ejercicio de narrar, porque hoy ya no tenemos historias que nos sorprendan; de hecho, incluso desde siempre puede que sean siempre las mismas, pero lo que llama la atención es la forma en la que son contadas, que está totalmente aparte de la narrativa autoficcional y lacónica que hoy la está llevando en Chile.

“Eso no es algo intencional, diría. Igual como que tocaste un tema que es un lugar común en las entrevistas: el momento en que se ningunea a la autoficción.”

No es ningunearla, pero por lo menos en narrativa, cuando se descubre cierta fórmula de éxito, todos los que quieren estar ‘en onda’ la emulan y siento que tus cuentos se salen de eso.

“Pero en eso hay admiración también. No es simplemente por trepar. Además, ese registro es súper emo, y como que eso en Chile se da natural. Pero fuera de bromas, siempre se va a criticar (de forma razonable) que acá no se cultiva mucho la ‘imaginación’ y -por extensión- las ficciones de género, como la ciencia ficción o el terror. Y es verdad, acá hay demasiado realismo y, a veces, es un realismo demasiado chato. Personalmente tampoco tengo mucho interés en los géneros fantásticos: prefiero meterme hasta en literatura de corte más sentimental pero permeada con un poco de filosofía, aunque tampoco al punto de escribir algo tan personal o emo como lo pueden llegar a ser algunas autoficciones. Creo que por ahí hay un camino, hay una manera chilena o algo así y no veo por qué hay que apurarse en definirla, aunque ya lo estén haciendo los periodistas, los críticos y los escritores. Y es extraño, porque ese odio a la autoficción me parece una moda hasta peor que la autoficción misma. Actualmente es muy común leer en entrevistas a autores que escriben cosas totalmente personales y al mismo tiempo dicen despreciar esta llamada ‘literatura del yo’.IMG_0891.JPG

Yo no sé hasta qué punto de desprecio existe si es lo que sale, lo que vende y lo que se premia.

“En general es así, pero al mismo tiempo hay mucho ninguneo. Yo no le veo ningún problema si está bien hecha. Ahora, obviamente hay libros de autoficción que no son más que una cosa de ego.”

Recién me hablabas del camino chileno y que no hay que apurarlo, pero también hay un camino tuyo, personal. Mencionaste tu vinculación con la poesía. ¿Cómo permea este género en la construcción de tus cuentos?

“Implica una fijación con las imágenes. Supongo que lo que más me interesa cuando escribo es la imagen, lo que se contrapone a lo que la gente que dice respecto a la poesía que es una preocupación por el lenguaje.”

De hecho, en poesía es muy importante la llamada ‘Escuela del lenguaje’…

“A veces no entiendo a qué se refieren con eso. Uno escucha, de gente que hace textos más bien normales, declaraciones sobre su ‘preocupación por el lenguaje’ o sobre descubrir, por decir algo, que ‘el lenguaje no les alcanza para llegar a los lugares donde quieren’. Esas inquietudes no las comprendo, se me hacen medio fantasmales. Evito usar ese término, al menos en lo que respecta a mis textos. De hecho no hago una sintaxis rara y mis fragmentaciones son más o menos convencionales. Obvio que hay otras cosas a las que se les puede llamar ‘trabajo con el lenguaje’ pero ese término no me aclara mucho.  

Pero a nivel de cuentos, es verdad que tú tienes una idea que vas cuajando. ¿Sientes que logras transformar en palabras los elementos que tenías pensados?

“No siempre. Tengo ese asunto con los finales. Me cuesta saber si algo está listo.”

Siento que quizás en el cuento de la librera pasa eso. ‘¿Qué es peor, ser nadie o ser nada?’ La pregunta cierra de buena manera, porque lo que viene después son divagaciones.

“Es una pregunta infantil, ¿no?, aunque es jodida.”

Pero tiene su trasfondo filosófico. Ese cuento juega con eso: con lo nimio que pueden ser ciertas situaciones en contraste con el trasfondo que conllevan. Como la pregunta que le hace la gitana: ¿en serio quieres saber cómo vas a morir?

“Eso traté.” 

¿Por qué Te convertirás en un extraño?

“Tentativamente tenía El sonido de un cassette cuando se acaba. Sabía que el título tenía que referirse a una transformación o algo así. También estaba Te volverás un extraño, pero me sonaba a traducción y lo cambié por una forma más natural. Digo, más natural para un chileno. Por lo menos nadie que yo conozco diría “Te volverás un extraño”. Uno a veces opta por la forma más larga porque es la más natural.”

Aunque en un contexto de oralidad uno no está pensando mucho en la sonoridad de las palabras.

“A mí me pasa al revés. Tuve que reforzar y devolverle la oralidad a algunas frases que al tratar de hacerlas concisas sonaban falsas, lo cual a veces implica alargarlas un poquito, que suenen un poco torpes pero naturales. Eso implicó emparejarlos porque los cuentos son de distintos años y tenía otros intereses.”

Me habías comentado que cuajar el volumen te tomó unos diez años…

“Sí, y lo noto mucho en Las cintas que es el primer cuento que escribí. Al principio era casi una novelita. Diecinueve páginas de word. Con el tiempo le fui sacando la grasa. Por lo mismo, temía que me quedara una historia muy bruta.”

Pero es un cuento que -a pesar de su extensión final más reducida- se lee bien, desarrollándose con ciertos elementos del terror y la incomodidad: este último como denominador común de todas las historias que componen el volumen. Eso de no sentirse conforme con el medio, con la situación, con la realidad, con las decisiones.

“Sí, de hecho antes no había visto que ese cuento tenía el mismo tema que los otros, te lo digo porque en un principio no estaba considerado aunque era súper lógico porque habla del final de un estilo de vida: este igual condensaba la misma idea.”  

¿Por qué publicar tus cuentos ahora?

“Supongo que es un buen momento. Hay editoriales que se están dedicando al cuento de manera más que digna, como Libros de Mentira. Aunque mis cuentos se alejan un poco de los tradicionales, en extensión y en timing, que es como moroso, me parece que ahora pueden encontrar lectora.”

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Fotografía: Luciano Contreras

¿Has leído a tus pares?

Los libros de cuento recientes que más me gustaron son Retrovisor de Mónica Drouilly y Crítico de Cristóbal Gaete. Por eso les pedí a ellos un texto para la contratapa, y por suerte aceptaron. También son buenos Hienas de Plaza, La extravía de Nina Avellaneda, Qué vergüenza de Paulina Flores, la trilogía de Geisse, los libros de cuentos cortos de Lilian Elphick, La construcción de los destrozos de Egon Álvarez. Me faltan varios por leer. Prefiero, eso sí, hablar de libros porque si uno hace un catastro de cuentistas chilenos, hay pocos: no se hace mucha carrera. Es un cliché, pero la mayoría aspira a pasarse a la novela.

Y además de este cliché que muchos igualmente consideramos que existe, ¿algún tema o universo común que notes que comparten en demasía?

A ver… hay una fijación por los animales, hay una valorización de lo pop y hay una apatía de la que no hemos salido desde los noventa: un sentimiento de que no estamos en un país como para desarrollar un compromiso o algo asi. Tendría que trabajar más esa idea. Pero, volviendo a lo de los animales, creo que por eso es sintomática la cantidad de portadas con imágenes de perros y de editoriales con nombres o logos con perros u otros animales.

A pesar de que el gato sea una figura más pop…

“Sí… Supongo que es más pop por los memes y porque muchos viven en departamentos. Pero lo que simbolizan los perros, o sea, el desamparo de los perros callejeros, no se puede comparar con el de los gatos. O por lo menos es más visible. Es complicado escribir sobre los gatos porque siento que con los gatos la gente no es capaz de desarrollar un relato. Fíjate, por ejemplo, en las historias donde hay gatos: siempre se termina por humanizarlos. De hecho, en los comerciales de comida de gato, los hacen hablar porque no pueden tener gestos ni pueden tener historia.”

Pero el perrito de Lipigas esta súper humanizado igual…

“Pero ahí no tratan de contar una historia, ¿o sí? Yo te hablaba de los perros abandonados, los quiltros. Un amigo les dice “gestos epocales” a esos tics. También los he metido en los relatos. No entiendo qué simbolizan acá, cuando todos los ocupan. Igual creo que la respuesta puede ser más liviana de lo que uno piensa.”

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*ESTA ENTREVISTA ES UN EXTRACTO DE LA ORIGINAL Y FORMARÁ PARTE DEL PROYECTO F5 – CONVERSACIONES CON CUENTISTAS CHILENOS MUY ACTUALES, A PUBLICARSE DE MANERA IMPRESA PRÓXIMAMENTE BAJO EL SELLO JÁMPSTER.

MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.