Futuro esplendor: Un poema de Sebastián Diez Casares

En este poema largo, Sebastián Diez prueba formas refiriéndose siempre a otro. Un poema intervenido, con notas de lectura. Un mapa personal de lecturas, en donde ninguna palabra propia nos pertenece.


ornamento y delito

no querrás mostrar
los atributos
de este poema

reserva
un jardín de malvarrosas
en el que no entre
nadie más
que tú

no hay comunicación
sin un secreto

acorazado
inefable

y aunque des pistas
de eso mentado
en la provenza
este invierno

no servirá sino
para podar
o cortar algunos
esquejes
de tu lengua.

*

por lo visto
no conoces a nadie

tan sólo hilas túneles
con ellos

la sombra es su túnica
su labia puro misterio

el túnel es peculiar
pues sin conocer
las afueras
sigue una trayectoria
de un aquí a un allá
a ciegas
como gusanos
o topos.

*

en tu jardín
de malvarrosas
no tocas las palabras,
las bordeas

ejecutas cortes
en los troncos
para leer sus vetas,
el tiempo vertical

o las líneas de tiza
en el piso
donde te acuclillas
y rezas

*

¿qué verás después,
cuando mueras?
el mismo patio pero sin mí

el árbol deshojado
que es tu esqueleto
como esta nieve
que cubre la entrada,
anuncia una tormenta

un aleteo de ramajes
un pelaje empolvado
sacudido por unas manos

como la gente
que emigra
poco a poco
de sus casas
por la mañana
y que a su modo
se baten
se dispersan

así también
el sonido y la electricidad,
replegados
entubados en frío

el silbido del afilador
de cuchillos en tu oreja
como un colibrí
que succiona el néctar
de las caléndulas

y la calle que se inunda
poco a poco

el trabajo y los días
se reanudan.

*

hace un tiempo
que imaginas
una fisura
en un cerámico
mahometano

o un desprendimiento
de ventisqueros

este es un arquetipo:
si unes dos puntos
resulta una diagonal
temblorosa
una fisura
un poema

*

veamos esta fisura en el mapa
o en la dermatitis del paisaje:

la ciudad es una costra
la provincia es piel

los centros neurálgicos
son fuentes de dolor

¿cuál sería la frontera
de este dolor?

en aquel viaje
de la polis al borde
viste un umbral
una quebrada
que la distinguía

viste árboles eremitas
en medio de pastizales

quizás algunos cm²
siguieran vírgenes
de la polinización
del pie humano

lugares que nadie
ha pisado jamás

sin rastro ni ausencia

tiene sentido,
pues, dedicarse
no a conquistar lo inhóspito,
sino a dejarlo en paz

las altas montañas,
los polos,
los manantiales

los pasos gastan,
el tránsito genera vacío

*

prefieres el jugo del caqui
a la textura del poliuretano

los palosantos
rompen la roca
y no la pómez

las liparitas
son sólidas
pero tan pausadas
que fingen elasticidad

rupículas
abrojos
ajonjolí
valeriana

si miraras una roca con un microscopio,
verías una superficie poblada de grietas

si perforaras un roquerío
hallarías allí pozas
de agua subterránea
que emergen
a través de él,

como los poros
de una esponja que sorbe
al revés
desbordando

acuíferos
diáklasis
limo
fidias

principios capilares de la naturaleza
muchas cordilleras,
como las rocosas o los alpes,
están cubiertas de frondas y bosques

alta humedad en el subsuelo
que emerge a la superficie
a través de la roca fisurada

veamos cómo funciona:

la parte superior de la grieta
está seca, y aunque los árboles
desprendan sus semillas en otoño

—precisamente al comienzo de las lluvias

éstas caen sobre los peñascos,
húmedos de goterones o nieve
sólo de junio a septiembre

las semillas incrustadas
en los poros de la roca
expulsan su primera
y pequeñísima raíz,
a la que llaman radical

ella penetra el granito
en busca de agua
como las escaramuzas
que se disipan por la mañana
al encuentro con el enemigo.

*

una malvarrosa
crece por milagro
en una grieta

el sol de invierno
parece helarla
más de lo que la alumbra

así se ve el cielo
en provincia:
un campo de hielo sur
o un caleidoscopio
cubierto de granizo

verás,
las cosas aquí son más difíciles
el jardín está helado

tan diminutas y tan frágiles somos
dicen las malvarrosas
que parecemos desempleadas

o en un paro general demasiado largo
cuyas demandas ya todas olvidamos

esa nieve oscurecida de lodo
que barre el vecino por la mañana

es la misma pátina helada y melancólica
de tu mente a esta hora

llena de ropa de cama tendida
que ondula al viento frío de un cráneo

bajas a colgar la ropa
a un sitio mortal
para recogerla luego
endurecida por el frío

ahora,
sobre esa nieve
caen los pétalos
del durazno en flor

*

si la nieve de la dinastía tang
pareciera levitar
la de provenza, en cambio, es un relave
pesado y albino
que se acumula en los pórticos
de caserones

basta cubrir la nieve con sal
para recrear un sitio habitable
y continuar con la performance

hacer de toda tu vida
una puesta en escena
no estaría mal

aunque actuar canse
―y vivir no menos―
la idea es administrar
el cansancio

descansar fatiga
el ocio es agotador

estas cosas inmóviles
se cansan por ti
o eres tú el que las cansa

allí las ves, impasibles
quietas en el alfeizar

*

si en la polis
se suda distinto
y la hora va
tres veces
más a prisa,
en provincia,
en cambio,
el poema se espuma
se pone camino de tierra
tan calle vacía
tan cerrado al almuerzo

el movimiento
del trabajo y los días
destiñe el metraje
como el cloro
refregado

el olvido, las arrugas
las genuflexiones
por cansancio
nos encanecen
las sienes y las cejas

envejecemos
y todo desaparece
menos los huesos

lo último en caer
serán las encías

*

lees enamorado a tanizaki
y piensas en el amor sucio

o al que no se le desprende la piel
el amor acumulativo, hacinado

¿por qué será que cloramos los elementos?

básicamente los nipones no pulen
sino cultivan esa capa de suciedad

las superficies oscuras y de ébano
son el aura material de los objetos

resina de tiempo
que se adhiere como un cebo
a las cosas

hay palabras similares
cubiertas de grasa y ácaros

y que al pronunciarlas
suenan puras

como
escaramuza

―jerga
militar
previa
a la guerra
a distancia

*

la propiedad privada
es intrascendente
a este tipo de amor

por la mañana
en la vulcanización
el metal sucio
hela y cala el hueso del maquinista
hasta electrificarle las venas

cubierto de petróleo
de noche nadie lo ve

al final del día
el descanso es luto:
silencio y vapor

el trabajo hecho:
un cadáver ornamentado
y a su alrededor
tazas humeantes de té

llegada la noche se contraen
se acumulan

como un vaso de leche
que se quiebra y al revés
en cámara lenta

―vemos cómo los mil pedazos
se reencarnan en el original
y lo blanco toma forma
de una dentadura o de fósil

retornan así a sus casas
poco a poco
y se comprimen
juntan sus cuerpos

los tapan con frazadas
algunos cubren
sus párpados
otros no duermen
sino meditan
a ojos cerrados
leen este poema
o hacen el amor


Foto Sebastián DiezSEBASTIÁN DIEZ CASARES (1988). Sociólogo y librero. Poemas suyos han aparecido en Entrada en Materia (Altazor, 2014) y en la revista electrónica colombiana Cronopio. Y sus ensayos en Latin American Literature Today, de la Universidad de Oklahoma.