Extracciones: 50 estados [Ezequiel Zaidenwerg, trad.]

[Selección y texto introductorio de Ana Claudia Díaz]

En 50 estados, Ezequiel Zaidenwerg selecciona y reúne a trece poetas contemporáneos de Estados Unidos, incluyendo por cada uno de ellos cuatro textos —con su versión en español— y una entrevista en donde les pregunta cómo empezaron a leer poesía y a escribir, quiénes fueron sus primeras influencias, cómo llegaron a publicar, entre otras.

«(…) Había algo que tenía que ver con el sonido de la poesía que me gustaba más que cualquier otra cosa que leía. Algo de esa intimidad inmediata me daba la sensación de estar en presencia de un secreto, asistiendo al mundo interior de otra persona. Me gustaba ese secreto», dice Adam Wolniewicz, por ejemplo, cuando le preguntan cómo empezó a leer poesía.

PrintEste libro no es una simple antología; de hecho, Bajo La Luna (sello que lo edita) lo cataloga como “novela”. Hay una estructura coral que se construye en la lectura a raíz de las entrevistas que acompañan a cada poeta, basada en la convicción de que, como dice Zaidenwerg, aquello que llamamos poesía es una interminable creación conjunta, un mosaico de poemas más que una galería de poetas.

«(…) hablo de la imagen de percibirse a uno mismo por medio de la memoria. La acumulación de los recuerdos es, en cierto sentido, la forma que tenemos de convertirnos en otra persona o de aprender a vernos a nosotros mismos de manera objetiva. Es lo que nos permite mejorar como seres humanos, y por consiguiente mantener el optimismo. La manipulación de los recuerdos es muy poderosa porque es en sí misma un acto que le muestra al que recuerda que él mismo está siendo fabricado todo el tiempo y que existe por medio del consentimiento mutuo entre su ser pasado y su ser presente. El recuerdo también es algo mágico. En realidad, es imaginación disfrazada de experiencia, lo cual significa que, en nuestro fuero interno, somos todos travestis», dice Chris Talbott.

Dentro de esta selección podemos encontrar las voces de poetas nacidos entre 1975 y 1995. Lo interesante, además de la estructura de textos que oscilan entre en el verso libre y la prosa, es el pasaje que nos permite el libro entre la lectura de los poemas y la posibilidad de leer al propio autor haciendo alusión a su escritura o creencias, a las formas y/o estilos que elije, lo cual genera el efecto inmediato de querer sumergirse en una relectura. Incluso, entre los escritores seleccionados hay exparejas, lo que agrega un plus, mientras que, paralelamente, abre otro abanico de juegos dentro de la disposición del libro.

Las conversaciones dejan reflexionando al lector, ya que instalan la palabra como si fuese una guía para moverse dentro de la escritura, o mejor dicho, dentro del campo poético. Como señala Sarah Diano: «(…) La poesía era una manera de prenderles fuego a esos sentimientos, en vez de amontonarlos en un rincón. Tomaba cierto trabajo de preparación, pero al final se liberaba algo en forma de calor, que me pertenecía por completo y que, a la vez, dejaba de ser una carga».

«(…) ¿Sabes qué? Seguro que las redes sociales y esas cosas van a seguir creciendo, pero creo que los poetas son como un chorro de agua, por más que cambie el medio, con el tiempo se van a adaptar a cualquier formato nuevo», dice Jillian Kwon al final de su entrevista. Entonces, de alguna forma, 50 estados viene a demostrar que la poesía contemporánea va mutando, pero tiene orígenes sólidos, diversos pero firmes, como si el autor se imantara de pronto a algo de lo que sabe ya no se va a poder salvar: escribir.

50 estados es un puente para llegar a otras poéticas; suspenderse en la memoria de sus relatos; dejarse llevar; enamorarse en cada poema de amor, sentirlo propio; identificarse. Porque eso es lo que hace la poesía contemporánea, ¿no? ¡Dejarnos pasmados! Como lo hace Zaidenwerg con la construcción casi arquitectónica y cronológica de estas páginas. Nos trae un escenario, lo despoja, deja sólo el contexto y lo mejor que hay sobre él y nos lo entrega: un verdadero teatro de diversas voces que se quedan retumbando, como si el libro fuese, también, una caja de resonancias.


SELECCIÓN DE POEMAS

El chico enamorado de su amiga

Como un día de sol con mucho frío – como perros
que, en medio de la noche, se ladran a lo lejos –
como un árbol podado – como un trébol
de tres hojas – como la cáscara de una manzana
retorcida en un plato – como un vaso medio
lleno – como una lista en lápiz
de las compras con todos los artículos
tachados, menos uno – como fiesta de cumpleaños
a la que todavía no empezó a llegar gente – como el hipo-
como verse al espejo de costado.

Chris Talbott (Philadelphia, 1978)

Amor

íbamos en tu auto
de noche por la ruta
que iluminaba apenas
la aparición errática
de unos postes de luz

vos manejabas

yo que no tengo registro
sentada al lado tuyo
pensaba que tal vez
el amor sea esto

atravesar la noche
en el auto de otro
sin otra compañía

y sin saber manejar

Sarah Diano (Chardon, Ohio, 1979)

Cowboys de la impermanencia

………….Éramos cowboys de la impermanencia,
más rápidos que nuestra propia sombra:
………….………….ahora me ves, ahora no me ves.

………….Éramos el caballo de los dos:
………….………….………….cada beso era un cactus lleno de agua,
………….………….un arma oculta en una biblia hueca.

………….Éramos monjes de gatillo fácil:
………….………….ahora me ves, ahora

………….………….………….………….………….no me ves.

Leroy S. Davis (Saint Louis, Missouri, 1987)

El nuevo triángulo de las Bermudas

¿Cómo que te olvidaste de esa historia
del yogui narcoléptico, el agente

de seguros un poco entrado en carnes
que despertaba confundido en medio

del desayuno familiar; parado
sobre los antebrazos en la mesa,

el diario sostenido con los pies
detrás de las orejas, y la taza

de café temblorosa ante sus ojos,
para terror de su mujer, sus hijas

y él mismo? ¿O de esa otra, la del grupo
de ex boy scouts que se volvió a reunir

treinta años después y se perdió
en un valle, en la niebla anaranjada

del alba, y los hallaron casi muertos
de hipotermia, incapaces de explicar

por qué vestían sólo pantalones
cortos y medias que, curiosamente,

estaban impolutas? En vez de eso,
acostado de espaldas en el pasto

fresco por el rocío, se te impone
recordar el calor y la humedad

de la noche, las brasas del fogón
a punto de apagarse, la linterna

de repente encendida en una carpa;
y enfundado en los últimos jirones

de oscuridad, marchás bajo los árboles
hacia ese claro de tu mente donde
sólo aparecen sombras y fantasmas
borroneados; y, para no perderte

en tu regreso, vas dejando un rastro
de luciérnagas muertas en el suelo.

8A (pseudónimo de John Ochoa, San Diego, 1987)

Esta canción no es sólo esta canción

esta canción no es sólo / esta canción
si la escucharas al revés / verías
detrás de vos / la sombra de una mano
en la pared / esta canción no es sólo
esta canción / sos vos oliendo un tubo
de pelotas / de tenis que acabás
de abrir / esta canción no es sólo esta
canción / si te taparas los oídos
con dos dedos oirías / esta misma
canción hace un instante / esta canción
no es sólo esta canción / es el comino
que sentiste en la / punta de la lengua
al morder / ese lápiz con un dejo
de tu lápiz labial / esta canción
no es sólo esta canción / si la rozaras
con la yema de un / dedo lo sabrías

esta canción no es sólo esta canción

Jillian Kwon (Los Ángeles, 1988)

Etna, Atlas: odas

Yo, que buscaba a alguien que me adule
encontré a uno que además me acata,
y vos, que hallaste a una que te acata,
no te esperabas que también te aluda.

Iluso, vos me compusiste odas
triunfales; yo, en respuesta, te hice un par
de rimas machaconas – ¿eso es rap? -,
e insinué apenas mis tendencias sado,

que edulcoraba con profusa sarta
de vaguedades. Luego, al verte ante
el cráter tempestuoso de mi Etna
no hallaste forma de volver atrás.

Ahora, en la cima de mi monte Atlas,
temblás deseoso de escuchar: “Saltá”.

Ariella Jenkins (Chicago, 1993)

Poetas que integran 50 estados

Joe Urbach (Bensonhurst, Brooklyn, NY, 1976)
Chris Talbott (Philadelphia, 1978)
Sarah Diano (Chardon, Ohio, 1979)
Frank Shaugnessy (Norwalk, Connecticut, 1980)
Caitlin Makhlouf (Los Ángeles, 1982)
Amy Benoit (Montreal, Canadá, 1983)
Adam Wolniewicz (York, Maine, 1985)
Leroy S. Davis (Saint Louis, Missouri, 1987)
8A (pseudónimo de John Ochoa, San Diego, 1987)
Jillian Kwon (Los Ángeles, 1988)
Michael Hoffner (Petaluma, California, 1990)
Ariella Jenkins (Chicago, 1993)
Taylor Moore (St. Maries, Idaho, 1994)


Foto Ezequiel ZaidenwergEZEQUIEL ZAIDENWERG (Buenos Aires, 1981). Publicó los libros de poemas Doxa (Vox, 2007); La lírica está muerta (Vox, 2011; Cástor y Pólux, 2017); Sinsentidos comunes, ilustrado por Raquel Cané (Bajo La Luna, 2015); y, con Mirta Rosenberg, Bichos: Sonetos y comentarios, ilustrado por Valentina Rebasa y Miguel Balaguer (Bajo La Luna, 2017). Tradujo a Mark Strand, Ben Lerner, Anne Carson, Weldon Kees, Robin Myers, Joseph Brodsky, Mary Ruefle, Denise Levertov y Kay Ryan, entre otras y otros. Compiló y prologó la muestra de poesía argentina Penúltimos (UNAM, 2014). Desde 2005, administra el sitio zaidenwerg.com, dedicado a la traducción de poesía. Vive en Nueva York, donde cursa estudios doctorales en New York University.