Extracciones: Lo real [Celeste Diéguez]

[Selección e introducción de Ana Claudia Díaz]

Real como verdadero, auténtico, existente; como cierto; como verídico o concreto; como innegable.

Entramos dentro de una matriz: Lo real, aquello que choca y cae desplomándose sobre el suelo al desmantelarse las fantasías, al despojarnos del artificio. Que la metáfora sea solo lo tangible o mejor aún, que sobre las construcciones utópicas venga a poner en juego todo aquello “… y reproducir en nuevo molde un metal liviano que decante raíz que me sujete no me haga volar agitada y chocando contra todos esos eventos que en la práctica se llaman vida, que en la teoría se llaman vida y que todos sabemos que no lo son.”

Dice Mario Ortiz sobre Lo real: “Diéguez se propone y nos propone, ya desde el título del libro, un verdadero desafío: lo real. Pero, ¿Qué es lo real? ¿Cómo describirlo y pensarlo? Esta es la gran cuestión de la filosofía desde sus inicios y que cobra urgencia en la época de los medios masivos y la realidad virtual. Las posibles respuestas, si las hay, no parten sólo de construcciones teóricas lógica y empíricamente fundamentadas, sino ante todo, de una indagación poética.”

El “yo poético” se desplaza entre enumeraciones y modulaciones de palabras como sonidos que le son propios, que al nombrarse se vuelven verosímiles. Construye un propio sistema lingüístico, -de a ratos sin ningún tipo de puntuación, dejando ese libre albedrío en la respiración/decisión del lector-; y va desplegando con armonía las diversas cualidades del habla, de la lengua; acelerando su reacción. Abarcándolas, nos enfrenta a la realidad en sus múltiples formas y sentidos; moldes/manifestaciones. En estos poemas, la autora, va variando la frecuencia o la fase de la onda portadora de señal, de conexión; y entonces, entre espejismos e imágenes como resonancias de lo que se narra aparecen las distintas facetas de lo real, de lo que entendemos como real, de lo que conocemos como real, de lo que nos dicen que es lo real; o de lo que -valga la redundancia- lo real realmente es.

En esa sincronización, y a través de los poemas, Diéguez monta distintos escenarios, representaciones, donde expone  variables/versiones de lo real; y cuestiona tanto aquello que es permeable o maleable frente a eso, como aquello que no. Entonces, como quien se para frente a un espejo para mirarse a si mismo o para mirar desde otros ángulos/vértices, nos encontramos frente a las imágenes que imantadas entre si generan la agonía, el desparpajo, la reflexión y nos ponen en jaque sobre la realidad, pero para ese entonces ya estamos inmersos sobre esa tabla de cristal que ahora es este libro;  sobre el reflejo o el eco que nos deja la autora en estos versos y sus certezas, como un búmeran.

 

 


 

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Poemas extraídos de Lo real (Caleta Olivia, 2018)

 

 


 

 

1

El cubículo de aire que nos alimenta, nos encierra.

A mi madre le causa gracia la repetición, la desgracia, los accidentes uno atrás del otro; a mí me causa gracia el segundo plano, lo que sucede por detrás de lo principal, los muñecos.

Mirlos, halcones, águilas –alguien decía que sería pájaro– cartílagos alineados planeando sobre los sembradíos; yo solo puedo hacer lo que siempre hace mi familia: huir, atragantarse y acumular salpicaduras de fango en el ruedo deshabillado de enaguas rasadas. Desgracias de mujer que insatisfecha busca y no puede elevarse.

No podrás caminar fuera de tus pasos, fuera del pasto.

Hay en una habitación, en una sala, tal vez una chimenea romántica, leños y mantis de fuego, tal vez renacentista o decadente, digo un estar en un cuarto de juegos; una casa aparece si encendemos uno de esos veladores que giran con imágenes de luz, veríamos en la pared figuritas del mundo que aún no hemos visitado.

 

 


 

 

5

La tierra establece surcos paralelos
entre el supermercado de los chinos y mi casa
como una granada de cemento y liquen
hacia arriba montaña
hacia abajo la profundidad,
hendida,
ha crecido a la sombra de la avenida que la enhebra.
Camelias y camellos deambulan por igual
la ciénaga voraz los engendra constantemente.

Yo agarro entre mis pinzas lo que no se entiende
el reborde de algo que se llama a sí mismo lo real
y con mi cuerpo caliente atravieso la estepa
dura como bala de algodón o blanda como un disco de plomo.
El diablo chico que nada bajo la calle vieytes
se detiene bajo mis pies y aúlla
quiere cerrar algún tipo de trato:
–Vas a venir de una vez por todas al hoyo?
Todavía no, le digo; falta,
hay carnada.

 

 


 

 

9

Cuando viva al fin mi vida
esa vida que
por distintas causas
no he comenzado a vivir aún
Qué haré?
Una existencia activa de milagros concretos
tendré una profesión rentable
debo ganar buen dinero
me casaré joven
antes de los treinta
con un gran chico
clase media como yo
de valores sólidos y sexo pasable
los domingos serán con su familia o la mía
y luego llegarán uno tras otro los niños
me iré poniendo gruesa
trabajaré lo justo para jubilarme bien
y una vez por año
en la segunda quincena de enero
nos iremos a alguna playa ruidosa y concurrida
me haré amiga de mis vecinas de carpa
señoras como yo
a las que veré año tras año
hablaremos incansables de nuestros hijos
de lo que comeremos al almuerzo o por la noche
envidiaremos los cuerpos de las paseantes
volveremos a la casa alquilada
los chicos se prepararan para salir
escondiendo las drogas de nuestra miopía
cenaremos en silencio
tomando mucho vino
blanco tomaré en esa vida
y el tedio se escurrirá en la sobremesa
como un sirviente huidizo;
nos iremos a la cama
dos cucharas que ya
no revuelven nada.

Un día me despertaré
con 65 años y várices
la cara salpicada
por el exceso de sol sin protección
mi marido tendrá un pre infarto o dos
por la malasangre y los cigarrillos
todavía me quedarán años para leer y viajar
jugar a la canasta, hacer un curso
abogar por alguna causa
jugar con mis perros, cenar con amigos
o ir a molestar
a lo de mi nuera.

 

 


 

 

14

La canción que venimos silbando
desde que llegamos al barrio.
Un secreto que parte de nosotros sabe
y no es otra cosa
que pasar la mano a tientas por las molduras
de la puerta al pasadizo
agua en el río o solvencia en el calor;
no puede más que aproximarse para alejarse a su vez
y no se sabe bien si de atrás o adelante
o de dónde es que sale
ese haz de luz o de carne
que respira y se mece como barca amarrada
se agolpa como una bolsa
llena de monedas contra el muslo
lebrel de ojos malignos que refriega su cabeza
atento a desgarrar a la orden del amo
sacudiendo de un lado a otro
ese bastidor de tanzas flojas y tirantes
donde cuelgan unos trapos
rojos como un altar o como tiras de sangre
que vamos dejando por el piso
en una puesta indie que indicara
sobre la nieve adonde fueron los pedazos
de ese cuerpo sin cabeza que pasea
haciendo de cuenta que vive, que se baña
que se corta el pelo.

Y viene alguien y le gusta.
Y viene alguien y no le gusta.
Y viene alguien y pone me gusta.

Y todo eso es lo mismo?
Es más de lo mismo.

Porque la curvatura y torsión de ese haz de carne
rueda barranca abajo a que lo quemen
en alguna hoguera confusa de leñas gruesas
como a cualquier mujer abandonada por su joven amante
quemada viva para que no exude
como avispero el anhelo colectivo de libación o adulterio
flor venenosa tapada por los insectos
se reconstituye como árbol caído
oculta entre las culebras y los sapos
hasta que el sol inclemente de un verano
la seque en el aire, la levante y la arroje
voluptuosa a la orilla
donde mil años de mar la limen contra la arena
hasta perder su forma inicial
y sea otro trozo jabonoso de palo
suave y pulido; homogéneo ya y sin vetas
listo para decorar o para ser un asta
la manija de la pava o de un caldero.
El haz que junta y lleva a su rancho
una vieja señora, el nuevo mango
con que arma su escoba.

 

 


 

 

22

Un hueso agujereado en el medio de su centro por donde se escapa la paz el amor la paciencia por donde se va el tao turbina que descentra y reconstituye chupa y expulsa en constante arremolinar de esquirla a polen ácaro en la brisa huella ósea a punto de desaparecer una pala excava tan hondo que se lleva todo y no deja ni el marco:

el borde arranca y exclama — el hoyo sos vos

Un haz de fibra óptica que parpadea tratando de retener algo una hebra que no se vuele que pringue el cristal para estudiar su forma y reproducir en nuevo molde un metal liviano que decante raíz que me sujete no me haga volar agitada y chocando contra todos esos eventos que en la práctica se llaman vida, que en la teoría se llaman vida y que todos sabemos que no lo son.

 

 


Celeste DiéguezCELESTE DIÉGUEZ (Chascomús, 1979) Publicó La capital (Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2012), La enfermedad de las niñas (Club Hem Editores, La Plata, 2013), El camino americano (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2015), La plaza (Malisia editorial, La Plata, 2017), Bondiola Mechada (Yaugurú, Uruguay, 2018) y Lo real (Caleta Olivia, Buenos Aires, 2018). Participó en las antologías: Poesía Manuscrita Volumen 2 (Buenos Aires, 2009), Mangueras rojas y azules – poetas latinoamericanas (Los libros de la imperdible, Zaragoza, España, 2010), Color Pastel (Buenos Aires, 2010), Re invención (Proyecto Madonna, Buenos Aires, 2013), Hijas de diablo Hijas de santo, Muestra de poetas hispanas actuales (Niñobúho Cartonera, Ecuador, 2014), Poesía de hoy y de siempre (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2014), Animalas imaginarias (Antología del VII Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca, 2017). Coordina El golpe de horno -taller de chapa y pintura para textos- y la Colección de Poesía de Club Hem Editores.