Inéditos: Poemas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza

Image: Christian Boltanski, Animitas (2014)

 

 

La propuesta que nos hace Xitlalitl Rodríguez Mendoza en los siguientes inéditos no deja de ser inquietante: pensar en los fenómenos ligados a la muerte (enfermedad, padecimiento y expiración incluidos) como la perturbación de un medio físico cualquiera, podría darnos respuestas de por qué algunos sonidos los percibimos como reverberaciones molestas. Aunque no es el caso de estos versos, cuya frecuencia es más que placentera.

 

 


 

 

Mi madre no cree en los fantasmas. Un día, su hermana mayor la despertó para que fuera por la perra. Un día, a sus cinco años y con bata blanca, su hermana mayor la despertó porque la borrega balaba. Nadie podía dormir y había que trabajar, todos, desde los hermanos lechales hasta las muñecas de ocote: todos. Mi madre no cree en los fantasmas. Un día, a sus cinco años y con bata blanca, su hermana mayor la despertó y ahí va, en busca de la perra, a mitad de la luna por los lienzos de alambre o de piedra. Ella no cree en los fantasmas: fue y trajo a la perra, la amarró al sueño ovino durante el resto de luz que duró esa noche. No cree en los fantasmas porque al día siguiente se hablaba del ánima chiquita que poblaba la vereda. Por eso mi madre no cree, pero dice que si no me levanto temprano en invierno es porque el Diablo atiza un fogón bajo mi cama.

 

 


 

 

Hay toda una discusión en Google sobre si existe o no el término cangrena. Una de las primeras entradas asegura que esa palabra no se admite en el Scrabble. En mi casa existe. El Corominas afirma lo siguiente: “Sigüenza (1600) emplea la forma cangrena, cuyo uso reconoce [en el diccionario de] Aut. como vulgar, y hoy sigue estando muy arraigado en el vulgo […]: se debe a influjo del anticuado cangro ‘cáncer’, y variantes semejantes en los demás romances”. Mi mamá y mis tías la usan al contar la historia de su hermana Elvira, quien murió a los tres años. Tenía neumonía. Eso se dice ahora. Antes había muerto de sabrá Dios qué le habrá pasado, algo tenía en los pulmones. Al paso de los años hemos ido recogiendo palabras de aquí y allá y sacando explicaciones a la muerte de donde se pueda. El DRAE dice que cangrena está en desuso y lo correcto es gangrena. Pero no se refieren a lo mismo. En la historia de mi tía Elvi, la cangrena aparece al momento en que deben alejarse los hermanos más pequeños para evitar un contagio. Mi papá la levantó en su cajita para que la viéramos de lejos. Tenía unos ojos preciosos, las pestañas chinas. A mi mamá se le murió en los brazos, cuando acompañó a mi abuela al centro de salud y las regresaron porque no había mucho que hacer. Tomaron un taxi a la casa. Mi abuela le pidió al chofer que se parara en la tienda para de una vez comprar el café, cuyo aroma la niña boquearía como último unas curvas más adelante.

En todo caso estamos frente a un fenómeno fonético llamado asimilación, en el que una consonante se sustituye por otra cercana para facilitar su pronunciación. Es un cambio por el uso que dan los hablantes. Sin embargo, por más que esta palabra se ha repetido en sobremesas y charlas bajo el naranjo, esa c nos sigue carcomiendo poco a poco, nos amputa.

 

 


 

 

A Jon

Mi primo llegó de San Francisco al DF
a celebrar sus 31 años.
Ese día tembló.
Luego ya no supe
si los había cumplido
o si permaneció asustado
en sus 30
con una cerveza enfrente
mientras ambos buscábamos restos
de la jerga familiar
que no fueran diabetes
ni rosarios.

De lejos lo vi
acarrear y entender
el lenguaje universal
de la urgencia
que se usaba
para el acopio de víveres,
bajo edificios al borde del escombro.

Esa noche, con las velas del sueño
ablandadas por la luz
le alcancé un libro para alejarlo
de la dureza del momento.
Después de todo es mi primito,
quería cuidar de él.

Tomó el libro y leyó
con una voz irreconocible
(después de todo ya no es un niño):
Go inside a stone…

En el desamparo de la casa
sin más electricidad
que las farolas de ambulancias
reflejadas en el techo,
temerosos
inútiles como guijarros
nos sentimos
al fin
en familia.

 

 


XITLALITL RODRÍGUEZ.pngXITLALITL RODRÍGUEZ MENDOZA (Guadalajara, 1982). Escribe poemas y medio se gana la vida en el polidesempleo que ofrece el rubro de la industria editorial. Es autora de cinco libros de poesía, entre ellos, Jaws [Tiburón].