Una herida en la intuición: entrevista a Gaspar Peñaloza

Hace algunas semanas se lanzó tanto en Valparaíso, en el sótano de la librería Concreto Azul, como en Santiago el libro Sedimento, de Gaspar Peñaloza. El título abre la colección «Postal Japonesa» de Editorial Aparte.

Sedimento es un poema de largo aliento. No hay mayúsculas ni signos de puntuación en los versos, ninguno hace jerarquía sobre otro. El formato emula la conexión entre lengua y cabeza en un estado de delirio o alerta, una corriente de la conciencia.

―Gaspar, Sedimento está hecho a partir de capas de decantación. Un collage entre voces que no alcanzan a definirse y que tienen como punto común lo sensorial por sobre la vivencia (que en algunos casos parecen meras anotaciones). Siguiendo la idea del título, son cuerpos que quedan suspendidos y no están en el fondo del texto. Sedimento recaba en la importancia de la forma, la importancia de la respiración, más que en el préstamo de discursos. ¿Puedes hablarnos respecto a esto? ¿Por qué es importante el vaciamiento, la experiencia, por sobre dar en el gusto con algún discurso en Sedimento?

Portada SedimentoLa forma final que encontró Sedimento nunca fue planificada. Es más bien el resultado de un código que consiste en dos pies. No forzar la escritura y entrar a machetazos en el propio lenguaje. Estos pies no nacen de un autoritarismo o un manifiesto, sino de una incomodidad. Cuando levanté la cabeza de mis poemas escolares fue muy motivante ver el ecosistema de poéticas y libros de poesía que se estaban publicando en Chile y que se habían publicado en todo el mundo durante los últimos cien años. Sin embargo, el libro de poesía en Chile estaba entendido como un libro temático. A algunos les sale impecable, pero a mí simplemente no me salía. Escribía tres o cuatro poemas de un tipo y después no podía seguir; los siguientes a esos quedaban deslavados de toda vitalidad. Mi obsesión era cómo los diferentes planos de la realidad que aprendimos a segmentar para poder comunicarnos se mezclan al momento de percibir. Todo entra junto a la cabeza. Intenté buscar una forma que pudiera dar cuenta de esa simultaneidad. Me dejó de importar no poder pasar del tercer poema con el mismo tema. Juntaba lo que escribía durante un tiempo en un word y lo compactaba como si fuera un camión de basura. Aquellos versos que se entendían entre sí quedaban y los otros se borraban; ahí pude observar la naturaleza orgánica del lenguaje. Más arriba dije «machetazos», pero en realidad esos versos que borraba se desprendían como ramas secas. Después hubo reescrituras, otros procedimientos. Fue un verdadero laboratorio, lo disfruté mucho. Sedimento es lo que queda pesando en la hoja luego de probar un procedimiento. Me angustiaba menos quedarme ahí que alienarme sosteniendo un discurso inflexible. Ahora, eso mismo también constituye un discurso. Sobre la pregunta: me parece mucho más necesario para nuestro contexto político aprender a habitar la confusión de una forma clara que reprimir la confusión con una claridad superficial. Para eso no se necesitan nuevos discursos en el sentido que pones el concepto de discurso, se necesitan nuevas formas para representar la experiencia con mayor acuciosidad. Pasé de concebir el poema como una percepción a pensarlo como un órgano perceptivo. Un poema es capaz de contener una subjetividad. Me refiero a la subjetividad del lector. Entre menos segmentemos la experiencia será más fácil comprendernos. Al principio costará comunicarse, pero para lo que usamos la comunicación hoy en día (vender y comprar, dar y seguir órdenes, repetir patrones, etc.) quizá sea positivo disfrutar de esa crisis.

―A partir de lo anterior, se me vienen a la mente estos versos de Leónidas Lamborghini: “asumir la distorsión / asimilarla / y devolverla multiplicadamente”. Me parece interesante saber sobre el proceso de decantación, qué entra y qué sale. En varios momentos, Sedimento parece un delirio con respiraciones que te regresan al día a día. ¿Cuáles son los planos de la realidad que entran en Sedimento, o mejor aún, cómo funciona la selección de esos planos?

Todo eso fue muy intuitivo, pero intentaré reflexionar al respecto. Hay versos que se van asentando en el poema por su singularidad. Es una cuestión muy cartográfica. Es necesario un recorrido para llegar a esos versos; en ese recorrido, el soporte no es el espacio como en un viaje, sino el lenguaje. Sin embargo, los versos se disponen en un espacio (una hoja virtual o material), lo que provoca que la escritura de un poema responda a los mismos procedimientos de la Historia. Creo que en el libro mucho de esos versos de recorrido están suprimidos, lo que genera quizá una forma del desconcierto. No diría «delirio» porque eso en poesía se hermana con lo místico y no creo que sea el caso. La realidad histórica del poema, es decir, que cada verso tiene uno que lo sucede o que lo precede, reemplaza la necesidad de estos versos de recorrido; el corte es un aliado del pensamiento flexible. Cuando un verso es alimentado por los dos versos anteriores y al mismo tiempo es capaz de cambiar sus sentidos hacia atrás, se genera un flujo que permite parear los planos hasta disolverlos y representar la experiencia como un todo. Me sirvió mucho escribir a mano. Muchas partes de Sedimento son versos trabajados a partir de mi diario. En su primera versión, el libro eran poemas cortos, y poco a poco esa respiración se fue extendiendo. Más que una selección de planos, hay una opción por encontrar una forma lo más abierta posible y dejar de pensar en los planos. Ahora, de alguna forma procesar el mundo escribiendo me hace bien, me permite descansar. Cuando se lo mostré a mi hermano eso le dije, que era como meter un pendrive en tu cerebro, copiar la información y tenerla luego fuera de ti. En todo caso, la gente que lo ha leído hace hincapié en lo cotidiano. Me parece que ese es un buen hábitat para el lector en el poema, desde ese lugar puede acceder a las reflexiones metapoéticas o a ciertas afirmaciones. Pero también puede quedarse ahí, no me molestaría en lo absoluto.
En cuanto a Lamborghini, es un poeta que recién estoy conociendo. Los argentinos han reflexionado mucho sobre el lenguaje en el poema y su capacidad para demostrar cómo la naturaleza se subvierte a sí misma. Dejo este link de Leónidas conversando, recién me lo topé. Me interesó mucho la idea del poema como solución:
https://www.youtube.com/watch?v=5ctbHlY0UrU&t=1208s

―El poema fluye sin detenerse en grandes temas, aunque tienes pequeños quiebres de humor negro, como por ejemplo: «un cuento de exiliados: / desde el día que lo encontraron / con la cabeza metida en el horno / le apodan cabeza de queque / ¿cuántos panes hay en el horno? / conversamos ahora / en los lindes de un gran horno de lava / ¿quién los quemó? / hoy queremos distinguir / a ocho mujeres líderes / ayudar a sus emprendimientos locales / obsequiando un horno / industrial a cada una / con la finalidad de aumentar / su producción de pan pasteles y bizcochos / qué rico es el pan amasado en horno de barro». Pensando el texto como un gran collage, estas construcciones son juegos del azar, ¿cómo es que funciona el humor dentro del poema?

Me cuesta mucho el humor en la escritura. Casi que no me atrevo ni a intentarlo. Esa parte del libro responde a un procedimiento que lo he puesto a prueba en talleres escolares y funciona muy bien. Es básicamente, pensar en un lugar (baño, cocina, horno, etc.) y escribir todo lo que tengas en la memoria sobre esos lugares. Después se pasa a verso, se saca lo que no sirve y se deja solo lo más singular. Al parecer, entre todos esos moluscos que se pegan a las rocas de la mente (frases, traumas, rutinas, especulaciones, aprendizajes), el humor es uno grande.

―¿Qué lecturas fueron indispensables para llegar a Sedimento?

Le debo todo a las bibliotecas de mis amigos. Soy un pésimo investigador de bibliografías. Con Relación personal de Millán pude ver lo que quería hacer. Me encanta Canciones rusas de Parra. Sin la vitalidad de los poemas de Bolaño no habría hecho nada. Yanko González me marcó mucho cuando lo escuché leer Alto Volta en Poesía a Cielo Abierto el 2011. Me gusta un poema de Hölderlin que me motivó mucho: «El joven a sus juiciosos consejeros». Ese texto breve de Vallejo donde dice que no hay nada más orgánico que un poema. Un poema de Guillermo Valenzuela que se llama Un epígrafe. Inger Christensen. El canto del llanero solitario de Panero. Poema sucio. Paterson. Contra la interpretación de Susan Sontag. Guía para perderse en la ciudad de Víctor López. Poemas animales de Ted Hughes. Crónica del forastero de Teillier. Esas son las primeras que me saltan ahora a la vista. Todas las lecturas fueron indispensables, me llevaron de una u otra forma a Sedimento.

―Junto a Rafael Cuevas, Jaime Pinos, Nicolás Muñoz, entre otros, compones el equipo de Concreto Azul, espacio que se ha convertido, aparte de un ejemplo del trabajo mancomunado, de alguna u otra forma en un espacio en el que hay que estar, ya sea en su archivo digital, sus lecturas o la librería. ¿Podrías contarnos un poco de Concreto Azul? (historia, novedades, etc.).

Foto Concreto AzulNos partimos juntando en la casa de Jaime. Trabajando primero en torno a la posibilidad de una revista digital que ahora es www.concretoazul.cl. La idea era hacer una revista de archivos en diferentes soportes y que convivieran diversas escrituras. El grupo de la revista se transformó en un grupo de investigación, y cuando Jaime se asoció con Pamela para abrir la librería, teníamos una línea de trabajo bastante clara. Luego se unió Nicolás como socio de la librería y desde ahí la idea ha sido darle todo el dinamismo al subte donde hacemos las actividades. Todos los findes tenemos presentaciones, lecturas o conciertos. Este año, además, abrimos dos talleres gratuitos. La escuela abierta de poesía a la que cualquiera puede venir los lunes de 18:00 a 20:00. En esa instancia comentamos libros de poesía y ponemos en práctica procedimientos escriturales. El de los martes se llama «Taller de investigación poética», donde trabajamos con un grupo estable. En cada sesión discutimos un problema (lenguaje, montaje, imagen, etc.) y un proyecto individual. Terminó la semana recién pasada con un lleno total de público en la lectura final. La idea es ir consolidando los espacios que ya hemos abierto (revista, actividades, talleres) e ir sumando todo aquello que nos permita seguir pensando la cultura en comunidad desde la poesía.

―A propósito, hay un trozo en Sedimento que habla sobre Valparaíso: «a mitad de la noche un enano / parado un escalón más arriba / engrupe a una coja sentada / deslízate sobre un colchón por las escaleras / no todas las casas tienen dos pisos / no conocía las escaleras mecánicas / tuvo miedo la primera vez / Valparaíso era un buen lugar / en el medio de unas escaleras / no llega la policía / hasta que inventaron las motos». Lo menciono porque me llama la atención que Sedimento se sitúe. En Valparaíso se da una red de trabajo muy interesante que implica no sólo este proyecto (Concreto Azul), sino también otras instancias como Suplemento Grado Cero (Cristóbal Gaete, Priscilla Cajales, John Uberruaga, Juan Francisco Urzúa, Daniel Tapia, Matías Avalos), Feria del Libro Independiente de Valparaíso (Gladys González), varias editoriales como Hebra, Libros del Cardo, Kindberg, etc. El fragmento parece decir que hay que ingeniárselas, reinventarse constantemente, ya que los poderes fácticos también lo hacen. ¿Por qué crees que en Valparaíso se da esta red de trabajo?

No me parece que sea un poemario sobre la experiencia en Valparaíso. Sedimento tiene imágenes de diferentes ciudades. Yo mismo viví siempre en Viña, aunque siempre vine mucho; me mudé a Valparaíso hace un año y medio. Quizá la necesidad de nombrarlo tenga que ver con lo que señalas, su carga política, su vida le para la mano a la inercia nacional. Hay una población flotante importante que intenta trabajar lo menos posible para poder disfrutar, habitar una ciudad que lo permite con arriendos y comida barata. Tampoco la idealizo, me gusta que exista, pero a momentos hay mucha confusión. Me gustaría que esa negación derivara en una acción más autopoiética. Confío en que sucederá. En la literatura hace rato está sucediendo. No sólo lo demuestran los ejemplos que nombraste. Hay más personas trabajando y también en otras artes. Hay revistas autogestionadas como Ouroboros o Hilo Negro. El Instituto de Arte que basa su pensamiento en la poesía. El taller de la Sebastiana que reúne mucha gente. La editorial de los Inubicalistas, que tiene uno de los catálogos más arriesgados. Creo que esto está dado por la fisionomía de la ciudad que conduce a la reunión de sus habitantes. Pero sobre todo porque hay personas que llevan trabajando en la región más de diez años para lograr este momento de efervescencia. Algunos vinieron, aportaron y se fueron; otros venimos recién llegando.


Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el premio Roberto Bolaño en la categoría poesía, año 2016. Actualmente, es becario de la Fundación Pablo Neruda. Trabaja en su primer libro.