Adelanto: Estación adversa [Vicente Oyarzún]

Próximo a publicarse bajo el sello Nadar Ediciones, hoy compartimos un adelanto de Estación adversa, primer libro del joven poeta Vicente Oyarzún. En las imágenes urbanas que pueblan estos poemas, el objetivismo cede el paso a un merodeo en torno a aquello residual que circunscribe a las cosas, la materia que desprende la experiencia del mundo y que podemos llamar pero no llamaremos «lenguaje».


SÍNTOMAS DE LA DESHIDRATACIÓN

Como lagartijas que ofrecen su lomo al sol
subimos una calle empinada,
la conversación se interrumpe
según el ritmo constante de la respiración.

La tinta azul se extiende hasta la orilla
de una playa no apta para el baño,
donde las miradas de desconocidos
se concentran en un mismo punto
y luego ascienden, todas al unísono,
como burbujas hacia la superficie
de un vaso de agua mineral.

La espuma de ese oleaje sucio nos absuelve.
No así la tarde, que es un sedante o licor suave
derramado sobre los techos de las barcazas
zarpando impuntuales hacia otros puertos.

El amor toma la forma de peces
que nadan a contracorriente por nuestras venas,
o por una parte del cuerpo que nos falta,
un miembro amputado que se regenera
con una lentitud exasperante.

Para variar, algo se nos queda
en el lugar donde transcurre esta ficción
y volveremos con las manos vacías.

Imposible permanecer aquí más tiempo.
Este lento espectáculo
de letreros que empiezan a encenderse
es nuestro funeral.
Un lenguaje de miradas que nunca se cruzan,
nuestro karma.


ESTACIÓN ADVERSA

Todos estos kilómetros baldíos nos sobrepasan,
como esa falsa libertad
latente en el horizonte quebradizo.
Nos sobrepasa tanto espacio, tanto oxígeno,
aunque solo bajamos a estirar las piernas
un rato e intercambiar trivialidades.

Por un segundo, se aburre de nosotros,
nos deja en paz, el viento de la pampa
entre la vegetación castigada.
Son esos momentos los que sobreviven
a la edición del recuerdo
que los mezcla con un sol casi inexistente.

El movimiento en cámara lenta
de los guanacos de petróleo,
ruega por una interrupción,
y la suerte está de su lado.
La mugre y el rencor, del nuestro,
pero también el crepúsculo
que se posa en un alambre de púas.

Sobre el techo del bus apenas brilla venus
y se apaga como la brasa del cigarrillo
de los recién separados.
Aún no ha llegado su momento,
tampoco el de nosotros
ni el de nadie que quepa en este cuadro.


ARTESANÍA

Caída de los paños en cámara lenta
sobre las veredas aún frías,
retazos de tela comprados
por vendedores ambulantes en calle Rosas.

Primer café bajo la luz matutina,
carne, fruta, ropa americana,
en los puestos dispuestos al azar
de una mañana de domingo.

Más tarde, el tarot de Marsella
arriba de una caja, te sitúa en el mundo,
miente buenos augurios
a cambio de un aporte voluntario
y la deuda de un favor en un futuro improbable.

No parece un precio tan alto
aunque lo mejor sería no deberle nada a nadie
¿Pero se puede pedir algo más
que salir de esta constante repetición
de los ciclos que ahora te impulsan
a la lectura de las cartas?

Señor, ten piedad de los que hacen
pequeños cambios de actitud
porque lo recomendaba el tarot
o el horóscopo.

La brisa del noreste se queda sin ideas,
mientras piensas una última pregunta
que se pueda responder con un sí o un no.


BAJA VELOCIDAD DE OBTURACIÓN

Esa luz de la que te hablo,
dirección y velocidad a la que se propaga,
reflexión de los primeros haces
sobre las torres de Tajamar.
El contraste de los edificios en el firmamento
como barras que miden
las vibraciones de una canción en pause.

Abajo, las parejas caminan con prisa
y se aman. Es bueno observarlas
desde tan lejos, sin saber de dónde vienen
ni qué hacen en la calle a estas horas
y que eso no importe, porque de alguna forma
aprueban con su presencia los desvelos
y las blancas construcciones

del sueño, por ejemplo: un resplandor
en la vista de alguien que cruza a mitad de cuadra,
las luces altas de un auto que encandilan,
la frenada en seco, la breve carrera
para llegar a salvo al otro lado
(ese lapso entre la tensión en el tímpano
y la reacción del cerebro,
que basta para hacerse una idea de la muerte).

Así como un dedo índice señala un punto
y equivoca la distancia en ojos de otro,
un silbido llega hasta nuestra altura
con un mensaje diferente.
La melodía se entrelaza, interfiere
con el barullo nocturno y estas últimas vistas
no tan lejanas, recoge la soledad
del que patea una cajetilla de cigarros
para ver si quedó alguno.

Podemos interrumpir el rumor de la vigilia,
insomnio creativo en el desorden del departamento;
apuntar esa línea brillante que divide el tiempo,
que de a poco se lleva el frío
y sigue ahí detrás de los párpados:
mañana en la mañana,
la oscuridad se disipa, nos deja mudos.


fotoVICENTE OYARZÚN (Punta Arenas, 1992). Poeta. Estudia Licenciatura en Lingüística y Literatura Inglesas en la Universidad de Chile. En 2016 fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Publicó la plaquette El neón de la mañana (Hojas Rudas, 2017). Estación adversa es su primer libro.