Punto de partida: Un presente continuo en Mesa familiar de Sebastián Herrera

Portada Mesa familiar

Saliendo de las corrientes actuales, Sebastián Herrera desarrolla en Mesa familiar (La calabaza del diablo, 2018) una poesía en continuo. El presente no se fracciona y persiste a través de las páginas, dando forma a un evento en bloque aunque para nada llano. Así, el lector debe adaptarse y desenrollar (siguiendo una rítmica de marejada) esta sábana de experiencias familiares.

un niño observa cuando aún no sabe de las palabras

los objetos se reproducen bajo una capa de hielo un
rostro complaciente enfrenta una mano astillada

un montón de libros sobre un acuario la belleza antes
de rasgar la garganta

¿una taza de té sin té sigue siendo una taza de té?

No hay puntuación, y el vértigo pone en cuestión el manejo del tiempo en la escritura de poesía. Justamente vengo trabajando en un ensayo al respecto del uso del presente como terreno de productividad. En esencia, lo que aquí se produce es un montaje sobre el ritmo del devenir vida-texto más allá de la manifestación verbal. El acordeón de estructuras es ante la cámara un mundo de posibilidades fértiles en cierto sentido yuxtapuestas. No en cuanto a figuras poéticas novedosas sino como decir realizado sin la afectación de la nostalgia y el polvo endulzante de la narración clásica.

antes de la despedida mi padre dice algo incomprensible

un recuerdo una familia un ave difusa sobre el agua

Como en estos versos, lo que no es comprendido permanece en su blanco de sentido, en su rol de ser ruido o murmullo, como todos esos pasajes de la vida en que lo dicho carece de correspondencias. Y es así porque el presente no elimina el error. Tal vez esto resulte más comprensible si desenfocamos el gramaticalismo ciclópeo para aceptar que en el lenguaje la poesía –simple y a la vez complejamente– sucede.

quizás una familia no sea más que un delgado rayo de luz
que ingresa entre las cortinas

De lo que nos habla este poemario es de aquello que puede desintegrarse en su propio acontecer. La familia es siempre una tela infinita y, en sus representaciones tradicionales, el encuentro en la mesa refleja un punto conflictivo con su propia narración: todo allí es visible como puro instante. Así ocurre en esta famosa pintura de Norman Rockwell donde se aprecia ese «delgado rayo de luz / que ingresa entre las cortinas» sintetizando una experiencia presente:

Norman Rockwell_Freedom from want

Dejando de lado la nefasta construcción de la average white family, el patriarcalismo y la apología de una felicidad consumista, hay algo provechoso en uno de los títulos con que se conoce esta obra; me refiero a I’ll Be Home for Christmas. En ese guiño de aliento propagandístico en tiempos de guerra (1943), el futuro verbal contrasta con el aquí y ahora de la escena. La odisea del yo culmina cuando los cuerpos ocupan sus lugares en un discurso en el que el aura de lo desvanecido es reformulada en una composición en tiempo real. El texto es el vestigio de esos cuerpos, la estela de las palabras y no ellas mismas. Pero los lugares predeterminados (profetizados) no están en el texto de Herrera, más bien aparecen como una “idea [que] se diluye en el desagüe” del yo.

Entonces esa separación entre tiempo de referencia (físico, conjugable) y un tiempo inaprensible que se desliza de manera constante (¿tiempo real?) se vuelve más clara.

ha concluido la guerra he vuelto tras el viaje una
extremidad aferrada al labio

diré muertos para eludir la incógnita

alguien ha vuelto aunque esto suponga el extravío

no es necesario el gesto cuando el muchacho camina hacia
la casa

El que vuelve también es parte del extravío. Nada escapa. Todo se perderá en unos pocos segundos, en nuevos segundos de incertidumbre y así la escritura será una promesa de Navidad pero concretándose en su trayecto. ¿Cuántos rostros incompletos, cuántas conversaciones suspendidas pueden quemarse en un segundo de literatura? De la representación a la reproducción hay una degradación insalvable. La espontaneidad comanda ese cruce. Y cuando la gran burbuja familiar se rompe todavía no hemos dicho nada.

Mesa familiar es el discurso de un lapso vital. La forma de escribirlo es lo que lo destaca y traza un motivo para creer que la poesía aún puede estar sucediendo.


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015), Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016), una voz hervida (Jámpster ebooks, 2017), en coautoría con Ivankan, Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y fotografías (Zindo & Gafuri, 2018). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.