Experiencia lectora: La experiencia dramática [Sergio Chejfec]

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La experiencia dramática (Kindberg, 2018)

 


 

 

En literatura, existe el cliché que para escribir no hay recetas, y es la frase hecha que me vino a la cabeza inmediatamente después de la lectura de La experiencia dramática, novela de Sergio Chejfec recientemente editada en Chile por Editorial Kindberg.

Si revisamos en el concepto clásico del género, tenemos que la novela es un texto de carácter ficcional en el que predomina la narración en prosa y existe más de una acción (a diferencia del cuento). Por eso, luego de cerrar el libro, es inevitable pensar en él como un muy buen ejercicio. Y esto no lo digo de manera despectiva si se destaca que en la obra del narrador argentino, tanto los personajes como la acción narrativa son llevadas al mínimo para que en el espacio existente entre ambos elementos, el narrador divague de manera cautivante e hipnótica. Con más supuestos y elucubraciones que certezas, sabemos que los dos personajes en torno a los que gira el libro (Félix y Rose), se reúnen habitualmente en una ciudad innominada en sus distintos bares y cafés para conversar y luego caminar. Son amigos: él inmigrante y ella una actriz local de éxito esquivo. De sus conversaciones aparecen situaciones y vivencias para derivar en la reflexión en torno a lo que constituye una “verdadera experiencia dramática”, erigiéndose como el eje temático articulador a lo largo de sus páginas.

Valerse de tan pocos elementos para tensionar la definición clásica del género, es un mérito que logra con creces dado que su prosa fluye desde la omnipotencia de un narrador que se pasea entre las experiencias, sentimientos y remembranzas de los personajes principales dando pie a reflexiones y supuestos de dos consciencias que no logran llegar a una conclusión en cuanto lo que constituye el drama. Esta aparente incapacidad de cierre es un reflejo de la oralidad cotidiana, por la que no constituiría una falencia a nivel de planteamiento.

Considerando al minimalismo y reflexividad como constituyentes de esta novela, si hubiera que titular esta Experiencia lectora, “La escritura como ejercicio” sería un rótulo representativo (y que además, retoma la idea planteada al principio), dado que a pesar incertidumbre permanente que provoca su lectura (tanto al avance de la acción narrativa que nunca llega, como a la expectativa permanente de lectores -entre los que me incluyo- de saber si estamos ante un texto cumbre), es una obra que no se muestra pedante a pesar de la experimentación. No obstante, a pesar de ser un libro que se deja leer, demanda atención y concentración, condiciones que serán fáciles de perder para el lector que no guste de obras de corte más reflexivo.

El buen lector intuye cuando está ante una obra solipsista que refleja la megalomanía de su autor. Aquí, al contrario, no se lee más que una intención de narrar con lenguaje cuidado y sonoro, haciendo de sus ciento setentaiún páginas, un desgaje agradable por la consciencia de un narrador, reflejo de un escritor sin más pretensión que escribir.

 


matias-fuentes-aguirreMATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl.