Extracciones: El filo del hacha [Ximena Espeche] / La casa de la playa [Mario Nosotti]

[Selección y nota de Ana Claudia Díaz]

La colección de poesía «Ojo de tormenta», de Club Hem, a cargo de Celeste Diéguez desde 2015, busca constantemente reforzar y forjar los lazos entre poetas; y para ello, entre otras acciones, incorpora al catálogo autores de diversos lugares: desde Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca, La Plata hasta Chile y España. La particularidad de esta colección es la propuesta de incluir dos autores por cada libro, proponiendo el diálogo entre ambas poéticas.

Dentro de las últimas novedades de esta editorial (presentadas recientemente en CABA y La Plata), se encuentran: Así es el fuego de Mercedes Araujo, combinado con Una mañana boreal de Carlos Battilana, y El filo del hacha de Ximena Espeche, combinado con La casa de la playa de Mario Nosotti.

EL FILO DEL HACHA Y LA CASA DE LA PLAYA

El filo del hacha y La casa de la playa, bien podrían ser los dos títulos uno solo, como esos textos que implican ciertas instancias o distancias que se desdibujan en el propio transcurrir, convirtiendo el límite físico en un nexo, en intersección; un punto de unión y diálogo donde se reconocen y se habitan mutuamente. Los bordes se fragmentan, se resquebrajan con la luz y, como si fueran pequeños rayos de sol que se filtran, construyen líneas que guían la lectura de lado a lado del objeto libro, haciendo estragos luminosos, resolanas en donde las palabras conectan y van tejiendo una red, una malla. Generando ecos que se desprenden del libro como si este fuera una caja de resonancias.

Portada El filo del hachaEn palabras de su editora: «El hacha de Espeche cae sin compasión y recorta la sombra de la luz, el odiar del querer, la soledad de la compañía, el perder del ganar, una fuerza inexorable que divide lo que estaba unido, lo que era uno, y ahora vuelve a ser dos: “un cuerpo que se aleja, que está cerca y se aleja”. Presenciamos la batalla encarnizada entre lo que alguna vez fue amalgama. Y nos enfrenta con “La peor verdad de todas: el mito del amor”… El hacha del tiempo separa limpiamente las cosas que fueron de las cosas que son, y ahí aparece una poética casi filosófica, un nuevo tono, que intenta aproximarse a lo real como conjuro contra lo que muta y en la que el deseo está fechado en el único tiempo de lo posible: “que hoy es y que mañana vuelve a ser hoy y así”».

Portada La casa de la playaMientras que, según Diéguez, en La casa de la playa, «alguien se aleja de la Ciudad, para buscar en la variación estacional de un pueblo costero, algunas respuestas y la posibilidad de un inicio, una superficie inmaculada a inscribir: “había que volver y que alejarse hasta hacer foco / hasta encontrar el grano, en eso incontrastable”. Aparecerá entonces, en esta especie de bitácora del duelo, el frío inicial de la soledad y el tembladeral del tiempo libre, pero también la intuición de que en la próxima curva, todo vuelve a empezar, como las estaciones que renuevan nuestra fe en los ciclos, en el tiempo interno de las cosas».

Entonces, podemos decir que este libro doble es un hallazgo de dos voces que se encuentran y nos inician en un viaje por los vaivenes del mar, por sus olas salvajes en la intemperie que rozan las hojas que roen la memoria abatida hasta reconstruirla con la sabiduría y la destreza de quien encuentra en la poesía un propio compás, un ritmo que nos invita desmesuradamente a acercarnos a leer, sin pausa.


 

 

De El filo del hacha de Ximena Espeche

éste de la espalda que se va
y la largura de un camino
que ya no se camina.

– a una puerta cerrada
le corresponde otra
de sonido solo –

me sale al encuentro
una cosa manca, que se dice sin fisuras
y es la lepra.

querría
nadar como una ahogada, y en algún espigón
del camino saludar feliz a quien pasa
y es la lepra.

pero el saludo feliz ahoga como ahoga

 

un compromiso con algo sin nombre
una deuda contraída a su mínima expresión
un dato feroz
que ya no tiene el cielo.

 

 

§

 

 

se está bien, al calor del verano
de algo también tórrido, de las golondrinas ansiosas
por hacer algo más que volar a la intemperie,
y sondear el fondo de un mar que no les pertenece.

cómo se precipita el cuerpo en medio del mar
ante un horizonte escaso,
de quienes se esconde y a quienes
ahuyenta.

aunque todo ese paisaje de tormenta
sea la verdad dicha en la marca del cielo
aun así hay cosas que se escapan
y el hundimiento nunca es tan profundo
tan fértil en su inmediatez.

no hay tesoro bajo el mar
ningún barco
con ninguna historia:
la mano del nadador
al perder la ola que lo lleva a la orilla.

 

 

§

 

 

hubiera preferido que el tiempo pasara sin darme cuenta
y que las cosas que marcaron otros tiempos no fueran estas
tan cordiales y atentas, con el placer que me da verte
cuando bajás las escaleras para buscar algo, o alguien
que ahora no soy yo, sino algo traslúcido
en una onda, en el agua y en la circunferencia de un cielo
mucho menos azul que el de las tormentas de antes
cuando éramos tan chicos, que escondíamos
hasta el más mínimo saber sobre el mundo.

ahora, cuando estemos frente a frente no quiero hablar primero
decir que las cosas son de una manera y comprobarlo
como siempre sucede cuando la verdad se impone en el cuerpo
y el tiempo por fin se para.

ahí es el dolor máximo
porque antes se creía en la mutación de las palabras
y ahora me pierde la lengua
y el terror entra por la piel hasta que la costra
se haga más profunda y ya no oculte
sino que sea sólo herida sobre el cerebro
una apertura que se cierra sobre sí misma
tan infinita que todo el saber puede acapararse
en una sola mano
qué digo, entre dos dedos,
como una pestaña a la que se le pide un deseo.

y esa estupidez, la de pedir un deseo a una pestaña
algo que ha caído y a lo que se confía todo el futuro
a ese acto le corresponde la peor verdad de todas:
el mito del amor.

 

 

§

 

 

qué es el miedo
si no esto en rápida desunión
una tajada en el frente de una casa
la rajadura de los cimientos
el clavo en la carne, y el dolor
de los que no están, ni se fueron
ni vuelven.
qué de la pregunta queda en el labio
y qué en el participio de una función
que nunca fue casa, ni habitación
ni cajón, ni cueva, ni fosa común
ni carencia.
cuando la pregunta sobre el honor
era el miedo, en realidad era el miedo
o
era el miedo la realidad de las cosas
y si fuera así, dominándolo todo
cabrían los héroes, las heroínas, en el puño de una mano?

 

 

§

 

 

el mar, entonces
nunca fue verdad
en esta costa
ni tampoco las dunas
ni ese tiempo al que se refieren
las sombras de mediodía.

en toda negación de lo anterior
se intentaría perfilar un dato
un código con el que abrir las puertas
de la alumbrada venida de los héroes.

pero, en cambio
qué hay más que un despiste
una hondura en medio del pie
la marca, el brazo, la cadera

las cosas del cuerpo avanzan
y volverán un día para cobrar
el estado en el que se hallaron

solas.

 

 

§

 

 

De La casa de la playa de Mario Nosotti

sobre la tierra
escruto con un palo
la variedad de formas
la vanidad de todo lo que existe
el mundo de soslayo
lo ajeno en la cabeza
de alfiler.

 

 

§

 

 

Llegar un rato antes que la playa
sus colores y gritos

un título heredado como asilo
el ansia: aislando
el ansia conservando su lugar

pero algo se interrumpe
estás lejos de aquellas excursiones
y la certeza extraña alumbra una felicidad
que creíste para siempre embargada.

Antes que el mar contenga tras su línea
el perfecto bullicio. Así se prometía cada vez
ese verano. Exactamente igual.
Distinto en esa réplica variable de lo que a cada instante
está por empezar.

 

 

§

 

 

La sensación de ir solo
manejando ese auto
es como destapar el gas de una botella
llegar hasta el verano
sin nada en el asiento del acompañante
ni en el patio de atrás
de la memoria

imaginar qué viene
en esa casa nueva
o en la próxima curva
donde ahora es probable el
descontrol.

Bienvenidas las últimas luces de la tarde
los foquitos dispersos que encienden unos ranchos
apenas sostenidos en el lazo
de vencidos alambres.
Bienvenida esta fiebre donde cada parada
es una fundación
la posibilidad de un monolito
en el calor absurdo
hipnótico y letal de un baño de campaña
un calor que se oye
en la misma frecuencia que construye
el estímulo dulce de una voz.

 

 

§

 

 

Azul como la tapa de ese libro
mi batalla se salda bajo un cielo inmóvil.
A ras del suelo veo las butacas de un cine,
los diversos zapatos, y en el fondo
la luz del mar, la playa establecida.
Cuento con el esmero inclaudicable
de un artesano inmenso. Vean esos parajes,
las olas reventando contra un viento torcido,
y a un costado el imperio de los espectadores,
su esfuerzo en modelar el tronco que se pudre.

 

 

§

 

 

Es la escena imposible de un sueño
se quedaba dormido escuchando a Jimmy Hendrix
y la noche escurría el embudo
de un minuto de arena. Alguien lo zarandeaba,
tenés el café listo, dale, acompañame.

Sentados a la mesa se miran entre el humo
que sale de las tazas
como extraños que asisten a su mutua presencia.
A este lugar llegaron un verano en un micro repleto,
la gente fue bajando, y quedaron los dos.

(Una vez hubo en que dormido
me decías despierta las cosas que yo sueño
las cosas que conozco y no atino
a pedir).

 

 


Foto Ximena EspecheXIMENA ESPECHE (Montevideo, 1974). Investigadora del Conicet, profesora en la UBA y miembro del Centro de Historia Intelectual (UNQ). Participó del colectivo Ni Una Menos. En 2016 su tesis de doctorado se publicó como libro: La paradoja uruguaya: intelectuales, latinoamericanismo y nación a mediados de siglo XX (UNQ, 2016). En 2003 publicó el poemario cosa y sombra (Artefato, 2003). En los años 90 fue una de las organizadoras de la publicación No Quiero Ser Tu Beto y del ciclo de poesía «Zapatos Rojos», con quienes editó Apuntes Definitivos de Literatura (Santiago Arcos, 2005) y Antología Poética (La Bohemia, 2000), respectivamente. Vive en Buenos Aires.

Foto Mario NosottiMARIO NOSOTTI (San Fernando, provincia de Buenos Aires, 1966). Editó la hoja de poesía Música Rara (2004-2006) y colaboró con distintas revistas culturales. Publicó los libros de poesía Parto Mular (Último Reino, 1998) y El proceso de fotografiar (Viajera Editorial, 2014). Ganó la Beca del Fondo Nacional de las Artes por un proyecto de investigación sobre la obra de Juan L. Ortiz. Actualmente colabora con la revista Ñ (Clarín) y la revista Los Inrockuptibles. www.musicararablog.wordpress es su blog.