Traducciones: Poemas de D. H. Lawrence [versiones de Sebastián Diez]

Reconocido principalmente por sus novelas, entre las que destaca El amante de Lady Chatterley (1928), el inglés D. H. Lawrence encontró en la poesía otra forma de volcarse a las obsesiones que cruzan toda su obra, las que en gran medida estaban signadas por su interés en la dimensión sexual del ser humano. Un buen ejemplo de esto lo hallamos en los poemas frutales que presentamos a continuación. La traducción estuvo a cargo de Sebastián Diez Casares.

Quien lea estos poemas no volverá a comerse un higo de la misma manera.


GRANADA

tú me dices que estoy equivocado
¿quién eres? ¿quién eres para decirme que estoy equivocado?
no estoy equivocado.

en siracusa, la roca se mostró por la crueldad de las griegas,
sin duda olvidaste los árboles de granada en flor,
¡oh, tan rojos, y tantos!

mientras que en la apática venecia,
ciudad verde y resbaladiza
cuyos perros son viejos y tienen los ojos antiguos,
en el denso follaje del jardín interior,
granadas como piedra verde brillante
y mordaces, con púas y una corona.
oh, corona astillosa de metal verde
¡creciendo aún!

ahora en toscana,
granadas para calentar tus manos en ellas;
y coronas, exquisitas, generosas e inclinadas
sobre la ceja izquierda

y, si te atreves, ¡la fisura!

¿quieres decirme que no verás ninguna fisura?
¿prefieres mirar el lado plano?
por todo eso, el sol poniente está abierto.
el final se topa con el principio:
rosy, tierna, brilla dentro de la fisura.

¿quieres decirme que no debería haber fisura?
¿ni brillantes, compactas gotas de amanecer?
¿quieres decir que está mal, la piel filmada en oro, la cáscara que se muestra rota?

por mi parte, prefiero que mi corazón se rompa.
es hermoso,
un amanecer caleidoscópico
visto desde la grieta.


DURAZNO

¿quieres tirarme una piedra?
mira, coge los restos de mi durazno.

sangre roja y profunda;
sólo dios sabe cómo ocurrió
el peso rendido de su carne.

¿arruinado de secretos?
cuesta mantenerlos.

¿por qué, desde la floración del duraznero plateado,
de esos cálices colmados de vino en los tallos cortos,
este glóbulo rodante, caído y pesado?

pienso, por supuesto, en el durazno antes de comerlo.

¿por qué tan aterciopelado, tan voluptuoso y pesado?
¿cómo cuelga con ese peso excesivo?
¿por qué tan sangriento?

¿por qué las estrías?
¿y esas hermosas curvas de almeja?
¿por qué sus ondas se escurren por la esfera?
¿por qué insinúa esa incisión?

¿por qué mi durazno no fue redondo y terminó como una bola de billar?
de haberlo creado el hombre habría sido una esfera
pero me lo comí ya
y no era redondo y terminó como una bola de billar.
y porque yo digo esto, te gustaría tirarme una piedra

toma, aquí tienes mi piedra de durazno.


NÍSPEROS Y SERBAS

te amo, podrida,
deliciosa podredumbre.

me encanta succionarte de tus pieles
tan parda y suave y blanda,
tan morbosa, al decir de los italianos.

qué raro, poderoso, nostálgico sabor
expulsa tu caída en las etapas de la putrefacción:
secuencia dentro de otra secuencia.

con gusto a vino moscatel de syracusa
o al vulgar marsala.

aunque la palabra marsala suene pomposa
en el sigiloso oeste

¿qué es?
¿qué es, en la uva que se vuelve pasa,
en el níspero, en la serba,
en el pellejo pardo y mórbido,
en los excrementos del otoño,
lo que nos evoca a los dioses blancos?

dioses desnudos como nueces blancas.
con la extraña y media siniestra fragancia de la carne
como si sudaran,
empapadas de misterio.

serbas, nísperos de coronas muertas.

digo, maravillosas son las experiencias infernales
órficas, delicadas
dionisos del inframundo.

un beso y el espasmo intenso del adiós,
el orgasmo de la ruptura,
luego el húmedo camino a solas, hasta la próxima curva.
y allí, otra compañía, otra despedida, otra desunión,
otro lamento más aislado,
otro envenenamiento por soledad, entre las hojas caídas y escarchadas.

bajo por las extraños senderos del infierno, cada vez más solo,
las fibras del corazón se separan una tras otra
y así y todo, el alma sigue, a pies descalzos, cada vez más encarnada, más real
como una llama refulgente que empalidece
en una oscuridad que se hace más honda
cada vez más exquisita, más destilada

entonces, el alma destilada del infierno
en los exóticos alambiques de nísperos y serbas.
el hedor exquisito de la despedida.
……………jamque vale!
orfeo y los senderos sinuosos y callados del infierno, cubiertos de hojas.

cada alma parte de su propio aislamiento,
la más rara de todas las raras compañías
y la mejor

nísperos, serbas
más que dulces
flujos del otoño
succionadas sus vejigas vacías
y sorbidas, quizás, con un trago de marsala
la uva cae y divaga por el cielo
acopla su música a la tuya,
adiós órfico, y adiós, y adiós
y el ego sum de dionisos
el sono io de la embriaguez perfecta
intoxicado en la última soledad.


HIGOS

la forma correcta de comerse un higo, en sociedad,
es dividirlo en cuatro, sosteniéndolo por la base,
y abrirlo, de modo que sea una flor de cuatro pétalos
pesados; brillante, rosada, húmeda, encerada.

entonces tiras la piel
que es como un cáliz de cuatro vértices,
luego de haberle sorbido la pulpa con los labios.

pero de hacerlo de forma vulgar
basta acercar tu boca a la grieta y arrancar la carne de un mordisco.

toda fruta tiene su secreto.

y el higo, a su modo, guarda el suyo.
si lo ves germinar, sientes al instante su simbolismo:
aparenta ser macho,
pero si lo examinas mejor, concuerdas con los romanos, es hembra.

los italianos vulgarmente dicen que es el sexo femenino;
el fruto del higo: la fisura, la vulva,
la uretra húmeda que va hacia el centro.

envuelto,
enrollado,
la floración hacia adentro del útero fibroso;
y un orificio tan sólo

el higo, la herradura, la flor de calabaza.
símbolos

había una flor que crecía hacia adentro, vientre uterino;
ahora hay una fruta como un útero maduro.

siempre fue un secreto.
así es como debería ser, lo femenino está oculto.

nunca hubo nada en lo alto ni desplegado en una rama
como otras flores con su revelación de pétalos;
duraznos rosáceos y platinados,
verdes vasos venecianos de nísperos y serbas,
llanas copas de vino en tallos cortos y abultados
saludan abiertamente al cielo:
¡aquí está la espina en flor! ¡aquí está su enunciado!
la rosácea valiente y aventurera.

plegada sobre sí misma, su secreto indecible,
la savia lechosa, savia que cuaja y hace ricotta,
savia que huele extraña en tus dedos, que ni los chivos saborearían;
envuelta sobre sí misma, cautiva como una mujer mahometana.
su desnudez entre paredes, su floración para siempre invisible.
sólo una pequeña abertura de entrada, y ésta sin luz tras el velo;
higo, fruto del misterio femenino, cubierto e interno,
fruta mediterránea con su desnudez escondida,
donde todo ocurre fuera de los dominios del ojo,
floración y fertilización, y fructificación.

en la intimidad de ti mismo, ese ojo nunca verá
hasta que estés lo suficientemente maduro, y caigas
y te revientes para derramar tu fantasma.

hasta que chorree la gota de madurez,
y el año termine.

el higo guardó su secreto lo suficiente,
es cuando explota, y ves a través de su fisura el escarlata.
el higo está listo, el año terminó.

así es como el higo muere,
muestra su carmesí a través de la grieta púrpura
como una herida, expone a la luz su secreto
como una prostituta, el higo maduro devela su tabú.

así también es como las mujeres mueren.

el año cayó de lo maduro.
el año de las mujeres.
el año de las mujeres cayó de lo maduro.
el secreto se desnudó
y se viene la putrefacción.
de lo maduro cayó el año de las mujeres.

cuando eva tuvo conciencia de estar desnuda
tejió de una vez un taparrabos de hojas de la higuera,
e hizo lo mismo para el hombre.
había estado desnuda todos los días pasados.
y no fue hasta la irrupción del fruto
del manzano de las ideas puras,
que tuvo recién conciencia de su desnudez.

entendió el hecho y rápidamente tejió hojas de higuera,
desde entonces las mujeres se dedican al tejido.
aunque ahora tejan para adornar los higos reventados, y no para cubrirlos.
tienen más que nunca conciencia de su desnudez,
y no nos dejarán olvidarla.

ahora, el secreto
se ablandan los labios húmedos y rojos, la risa
esa mueca frente al señor que mira con indignación

entonces ¡buen señor! llora a las mujeres.
hemos guardado nuestro secreto lo suficiente.
somos un higo maduro.
vamos a estallar en afirmación.

se olvidan que los higos maduros no duran
los higos maduros no aguardan

higos blancos como la miel del norte, higos negros de interior escarlata, del sur.
los higos maduros no duran, no aguantan ningún clima.
entonces, ¿qué pasa cuando las mujeres de todo el mundo se han reventado, se han abierto?
¿los higos maduros durarán?


Foto Sebastián DiezSEBASTIÁN DIEZ CASARES (1988). Sociólogo y librero. Poemas suyos han aparecido en Entrada en Materia (Altazor, 2014) y en la revista electrónica colombiana Cronopio. Y sus ensayos en Latin American Literature Today, de la Universidad de Oklahoma.