Contrapunto: Variaciones sobre la mecha/hebra

Imagen: John Baldessari, Crowds with shape of reason missing: example 1 (2012)

Sobre Bonzo de Maximiliano Andrade (Cástor y Pólux, 2016) y Reclamar el derecho a decirlo todo de Julieta Marchant (Pez Espiral, 2017)

El año 2016 se lanzó el libro Bonzo de Maximiliano Andrade (1990). La editorial Cástor y Pólux, como en la mayoría de su catálogo, tomó el riesgo (y como lector de poesía se agradece) de publicar un primer libro. Para quien no esté familiarizado con el concepto «bonzo», tiene una doble significancia, y el libro de Maximiliano Andrade la amalgama y retuerce: por un lado, el monje budista o bon (del japonés 坊主 bōzu) y, por otro, «quemarse a lo bonzo», la auto inmolación incendiaria que lleva ese nombre por el acto realizado en protesta por el monje Thich Quang Duc, inmóvil.

Reclamar el derecho a decirlo todo de Julieta Marchant (1985) aparece a finales del año 2017 por el sello Libros del Pez Espiral. Es un poema largo a manera de diario y que se abre en múltiples frentes.

Anota el amigo y poeta Javier Fuentes: «Mario Levrero descubrió lo que era el zen y lo llamó ocio en la página 109. Poco importa cómo lo llamara y lo descubrió lavando los platos». Adjunto esta entrada porque me parece interesante cómo se relacionan ambos libros (Bonzo y Reclamar el derecho a decirlo todo) bajo la idea del desprendimiento y la ocupación del tiempo.

Maximiliano Andrade_Bonzo.pngLa primera relación que se podría hacer es obvia: ambos títulos hacen referencia a un quehacer político. Un cuerpo se quema en forma de protesta. El libro está trozado como el cuerpo que se inmola: la primera parte, homónima, narra los procesos científicos y sensitivos de dicha acción bajo una estructura particular: un verso que se puede leer como mantra y título. Una voz científica, si se quiere, y un rezo final. El conjunto puede ser leído a la manera del jisei no ku: poemas de despedida en la tradición japonesa, donde, en un principio, samuráis y monjes en su lecho de muerte escribían un poema. Luego viene un conjunto de fotos intervenidas de Quang Duc ardiendo, y otros casos conocidos. El libro es un artefacto incendiario y como tal agota todas las posibilidades del fuego. Como dice Fernando García en su lectura, «la propia contradicción como concepto sintetizador de una idea. ¿Cuál idea? La de dinamismo, movimiento, cambio, la de creación por medio de la destrucción». Un cuerpo en conflicto. Por eso mismo me parece interesante el uso de imágenes intervenidas y la idea del ruido, también presente en la plataforma Bonzobonzo.cl (ya desaparecida o extinta). Una voz se agota y simula finales falsos, posibilidades, imágenes. Como una maquinaria sensible que arroja entradas aleatorias. Agota las posibilidades de un lenguaje que va desapareciendo como el mismo cuerpo

Cosificamos el cuerpo para no experimentar
sensación alguna (Bonzo, 57)

Julieta Marchant_Reclamar el derecho a decirlo todo.jpgPor otro lado, una voz, mujer, anota y escucha «poemas que esperan a ser escritos». Reclamar el derecho a decirlo todo es un libro que a través de su formato (diario, por no encontrar otra forma de llamarlo) revisa su relación con el mundo, desde su terapeuta hasta su madre, pasando también por su infancia. Agota la posibilidad del lenguaje, hila fina cada hebra en el telar del día a día. Va sobre la imposibilidad de asirlo todo y cómo el lenguaje está lejos de poder hacerlo. No es un libro de dudas. Las preguntas están implícitas como una forma de apropiarse de aquello que no se sabe o no se tiene. Uno de los puntos que me hace pensar su relación con Bonzo es la idea de un lenguaje evanescente y la relación con la muerte:

Pensar en borrarse detrás de las palabras. Pensar en
aprender a morir. Pensar en la muerte presente en cada
palabra, en el habla que hace efectiva la muerte (R.E.D.A.D.T., 13)

Esta estructura, de notas dentro del poema, se combina con prosa y versos. Es ante todo una voz inquieta, incómoda:

Digo mi lengua, aunque ninguna lengua soporte esa confianza (R.E.D.A.D.T., 23)

La imposibilidad de mantener una estructura, o la imposibilidad de la rectitud en el discurso, que no se manifieste multiforme y personal, es otro rasgo muy presente en ambos libros. Maximiliano Andrade, a partir de la figura del fuego, de la determinación, de un absoluto que acontece, como es quemarse, se replantea el lenguaje, lo cuestiona. El lenguaje está lejos de determinar una realidad.

Decir cien veces luz
no suplanta
la luminosidad (Bonzo, 55)

Nacer después de cualquier cosa
Es contradictorio (Bonzo, 59)

Ocurre algo parecido en Reclamar (…). Cuando se cierra una imagen, una acción, una sentencia, desaparece la lengua. El cuerpo pasa a ser una extensión del lenguaje. Julieta Marchant parece decir que permanecen las personas o su forma de nombrar pero es la lengua la que desaparece. Sobrevivir a una lengua es el acto político mientras se arde/combustiona.

Estar preso en el entorno de un cuerpo
Que no tiene compañero.
En el paisaje cercado de una mano
Desaparece una lengua (R.E.D.A.D.T., 29)

Un monje es capaz de abandonar su cuerpo
es la lengua iracunda de amor
es la llama en una fotografía eterna (Bonzo, 11)

La mano protege el fuego
Y se protege del fuego de una sola vez.
La boca aqueja la palabra.
Desaparece una lengua. (R.E.D.A.D.T., 17)

Las posibilidades de arder son también las posibilidades del silencio. El hablante no dice nada, está ardiendo. Pero ese silencio oculta violencia mientras un cuerpo desaparece.

Los globos oculares se revientan
retumban en silencio
ante el color que es nuevo (Bonzo, 25)

El desprendimiento, el abandono del cuerpo, o la desvinculación del yo lenguaje y del yo cuerpo está presente en ambos libros. Es sumamente interesante cómo el libro de Julieta mantiene el tono y dentro de lo cotidiano, a la manera de un monje, como en Bonzo, hace desprendimientos igual de potentes.

Cada apicultor ha de matar a su abeja reina y mi madre carga con ese destino incómodo. De esa manera se conserva el orden que ella misma se ha encargado de estructurar en su juventud. Mi madre toma la jaula por última vez, la última vez de esa reina. La atrapa, la sumerge en alcohol, deja que se apague. Un breve temblor, mi madre llora sentada en el pasto. El gato no se inmuta. Ha dejado de respirar. Mi madre, la reina (R.E.D.A.D.T., 27)

abandonarlo todo
Menos el resentimiento (Bonzo, 63)

La luz se declara
Independiente
de todo
dolor
provocado
por una imagen (Bonzo, 93)

Me gusta pensar la relación de estos dos libros como una cuerda; no solo la que une ambos vasos comunicantes, sino también como un mismo cordel que por un lado se abre y por el otro se quema. Ese cordel vendría siendo el lenguaje. Uno nihilista, que busca un fin bajo un solo medio, multiforme, y el otro estructuralista, que intenta clasificarlo todo.

Escribir sin ningún sentido
Nadie lee fuego mientras todo se está quemando (Bonzo, 60)

No me resisto a ninguna forma de incomprensión (R.E.D.A.D.T., 33)


Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el premio Roberto Bolaño en la categoría poesía, año 2016. Actualmente, es becario de la Fundación Pablo Neruda. Trabaja en su primer libro.