Experiencia lectora: Los multipatópodos [Yosa Vidal]

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Los multipatópodos (Overol, 2017) de Yosa Vidal y Luis Vidal [ilustraciones]

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Mi primera experiencia con la escritura de Yosa Vidal fue en la universidad. Me encontraba cursando un electivo de Literatura y Teoría de Género cuando me tocó leer su ópera prima en solitario: El Tarambana (Tajamar, 2013 [Chile]; Mármara, 2016 [España]). Sin ningún reparo puedo afirmar que fue la mejor novela chilena actual que leí ese año. Y cómo no, si la reelaboración del género picaresco en el contexto político chileno de la segunda mitad del siglo XX, se transforma en un tránsito crítico y humorístico por la historia reciente de nuestro país que es tan potente como el travestismo de su protagonista (razón por la cual fue seleccionada como bibliografía del curso).

Contando con cierto reconocimiento, llegando incluso a ser “adoptada por la academia”, el siguiente paso lógico era que la autora disfrutara de la zona de confort ganada y escribiera considerando al público que se había reunido en torno a su nombre. No obstante, a fines del año pasado, sorprendió con Los multipatópodos: una especie de bestiario posapocalíptico distópico de ciencia ficción (si es que fuera necesario definirlo con todas y cada una de las etiquetas necesarias).

Lo primero que asoma a la vista una vez sacado el plástico, es la presentación cuidada a la que ya nos tiene acostumbrados Overol. Antes de siquiera leer la contratapa, hago memoria de qué otros bestiarios tengo en mi haber. Además del Bestiario medieval anónimo y el Libro de los Seres Imaginarios de Borges, no recuerdo una lectura similar; a excepción de algunas enciclopedias de fauna universal contemporánea, megafauna extinta y el Animalario Universal del Profesor Revillod, en donde el foco está en las imágenes por sobre el texto (de hecho, prácticamente el Animalario son puros dibujos con los que se puede jugar y “crear” nuevas especies).

Quizás por eso, mi corazón de niño nerd se rompió un poco al ver que a las ilustraciones de Luis Vidal no se les sacó el partido que merecían. Su reducido tamaño (que no permite apreciar detalles) y la falta de un punto de referencia para imaginarlas en su “real” dimensión (como la utilizada con la silueta de seres humanos al lado como guía), fueron detalles que —personalmente— me dificultaron la lectura. Es verdad que hay criterios de costos y edición difíciles de transar, pero creo que este libro —como el pequeño objeto de culto al que aspira ser— lo merecía.

De hecho, para un lector exigente, puede que sea imperdonable que el uso de las imágenes sea más decorativo que complementario en relación con lo escrito. Pero para otros, podría constituir un detalle menor considerando la calidad del texto acompañado, el cual a pesar de mostrarse estructuralmente como veintidós reseñas (más la introducción y el epílogo) de diversas especies nacidas a partir de mutaciones genéticas, se deja entrever una narrativa que se enriquece tanto por el lenguaje científico utilizado como por el símil que la autora logra establecer con ciertos arquetipos sociales y animales, valiéndose de su ya conocido humor con tintes sardónicos para sacarle el máximo partido.

Para ir cerrando esta Experiencia lectora, creo que es necesario hacer hincapié en que apuestas como estas se agradecen a pesar de todo, más en un medio en donde la escritura de la realidad próxima y la autoficción saturan el mercado de la narrativa. Por eso, títulos como el de la familia Vidal (sobrina y tío, respectivamente) y Overol son más que bienvenidos, ya que aquí la creación surge como el ejercicio honesto que debiese ser, más allá de lo esperable, las demandas y/o las modas del contexto. Por lo mismo, es que Los multipatópodos constituye una invitación a soñar con el futuro que no queremos, por lo que, además, se erige como una inteligente crítica a la forma en que nos relacionamos con el medio ambiente y con nosotros mismos. Como un pequeño juguete para jóvenes de 8 a 88 años, mi deseo no es sólo hacer uso de él con los más pequeños de mi familia, sino que este almanaque también crezca, mute y sobreviva en próximas ediciones dentro de una escena literaria que —para bien de los lectores— se va volviendo cada vez más exigente.


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MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.