Traducciones: Cinco poemas de K.B. Thors [versiones de Soledad Marambio]

Nuestro móvil fundacional no era más que leer y subir aquí las cosas que nos gustasen. Cuando empezamos a sentir que nos desviamos de aquello, aparecen autoras como K.B. Thors cuya poesía directa y afilada vuelve a enrielarnos, a darnos esa adrenalina que -creemos- experimentan los editores cuando saben que se enfrentan a un proyecto anómalo y sienten el deber de difundirlo. Agradecemos a Soledad Marambio por el nexo y por estas certeras traducciones.

 

 

 


 

¿TU ESTÓMAGO O EL MÍO?

El sol es delgado, el aire pre parto, y tú,
tú eres una acólita –un halcón adulta

vuelvo a mí: de dónde salió ese grito.
Dónde va. Se alimenta. No es herida, tampoco

arena sobre tumbas nuevas o el brote de dolor
de una noche. Cuando se cortó la luz

llamé dos veces: con miedo a olvidar
cómo se comportan las embestidas. Encendiendo

velas votivas, haciendo brunch junto a la iglesia
azul. Pregúntame por qué los moretones cambian

de color mientras vigilas este trabajo a medias
y bordas tu último punto cruz.

Dale vueltas a mi collar fúnebre de modo
que oculte la mecánica vulgar, el gancho

y el ojo de la muerte haciendo trucos.
Lo escuché. Dejó un mensaje

en hilo metálico sobre el espejo
que se quebró en la tormenta y por eso dejé

que se pudrieran mis muelas y fabriqué baterías
con las tapaduras. Se sienten mejor los polos

cuando los muerdes. El papel de aluminio te vuelve rumiante:
hay un poco de enemigo

en cada persona que amo, y esto es ascenso,
cada pedazo, y caída.

Nada umbilical al respecto.

 

 


 

TORTAS (A FALTA DE PAN)

Si afeito los bigotes
de dictadores famosos

en mi pubis,
¿dejo de ser

una amenaza? Cuando detono
mi cuerpo me convierto
en un abrazo

pero qué significa
ser tomada

en serio cuando la mujer
perfecta es una trompeta antigua:

un instrumento
que arruinará tus labios.

 

 


 

CHICAS EN EL BOSQUE

Compré esta cama porque las barras de metal,
casi salidas de un hospital en tiempos de guerra,
se prestan para las amarras.

Porque en realidad no te quiero
mareada, solo confusa.

Mi piel se enrojece pero es tu mano
la que quema, por eso una vaga idea

de dirección basta
para ponernos en contexto: la palma antes de la piedra,
el abrazo intoxicado de los huesos
soltándose. No te preocupes
por los vecinos. Aquí

mujer es una palabra segura,
el instinto lengua

materna, la respuesta por defecto
que surge espontánea frente a la rabia
y otros escenarios especiales

de la intimidad. Afuera en el garage
arreglamos nuestro propio

significado: agarrones húmedos sobre
vigas frías, esquinas sin sábanas. Navegación quebrada.

 

 


 

TRAVESÍA ATLÁNTICA

Creíste que no tenía facilidad
para los idiomas, pero están
las profundidades del dominio, mi querido

mi apuesta segura. Nadie tiene la culpa
de que escucharas más fuerte cuando dije durante.

No te preocupes epidermis, dije,
una y otra suave vez.

Eres mi contacto
de emergencia, tachado dos veces

hasta que aceptes que esta
tinta es un ancla, desplazándose
ante mi inclinación a rozar.

Quieres un desafío, algo
fuera de este mundo. ¿Cómo digo

que tengo piernas para eso? Cuáles son
las palabras para pensar nuestras fases—

Júpiter bajo tormenta, Io como sutura en la lengua.

No hay poseer. Solo hay marea.
Un ojo abierto, luego el otro.

 

 


 

SEÑALES DE HUMO

Llámame cuando tu pelo decida
rizarse y perseguir

mis ojos alrededor del fuego. Estaré en cuclillas
cerca del río, desollando

álamos nuevos. ¿No dijiste
que una magulladura era un fruto

repleto de arañas, destinado
para un pastel? Cuando desapareciste

detrás de la curva que no nombramos, alimenté
con mi montón de transformaciones las llamas

de la primera-persona, deleitándome en el estallido de la savia
hacia un líquido más liviano. La poda estimula

el crecimiento por lo que recorté mis mechas
sus dos extremos, los verdes

siseando vapor. Todo lo que puedo
dar es una rama para revolver, un doblarse

tarde en la noche para agitar el carbón.
Trozos de corteza arden hasta ser
hilos, ato una lona para atrapar nubes,
pero no importa cuán fuerte sea la corriente, cuán

híper-extendido mi cuello, esta muleta
solo se burla de mí. No soy matador

pero seduzco mierda, bullshit, llenando mi boca

de saskatoons. Tengo que sacarle provecho a aquello
que no puedo evitar

derribar a golpes, por eso soy el rugido en esta
bandera blanca en tu camino.

 

 


K.B. Thors.pngK. B. THORS. Poeta oriunda de Alberta, la Canadá rural. Su primera colección de poesía, Vulgar Mechanics, será publicada en 2019 por Coach House Books. Su traducción de Stormwarning, de la poeta islandesa Kristín Svava Tómasdóttir ganó el premio de la fundación americano-escandinava Leif y el premio Inger Sjöberg. La editorial Phoneme Media publicará una edición bilingüe del libro en otoño de 2018. Con Ugly Duckling publicó a fines de 2017 una plaquette con su traducción de Chintungo, de Soledad Marambio. Sus ensayos y poemas han sido publicados en distintos medios de Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Cursó una maestría de escritura creativa en la universidad de Columbia, Nueva York. Desde hace unos meses vive en Toronto.

Soledad Marambio.png

SOLEDAD MARAMBIO (Santiago, 1976). Ha publicado En la Noche los Pájaros (La Calabaza del Diablo, 2013), Chintungo (Edicola, 2017) y las traducciones de las obras de Anne Carson El ensayo de cristal (2015) y Variaciones sobre el derecho a guardar silencio (2016), ambas con la editorial Cuadro de Tiza. Hasta hace poco fue parte del equipo editorial de Brutas Editoras. Vive en Richmond, Virginia, el comienzo del sur de los Estados Unidos.