Inéditos: Cuatro poemas de Eleonora González Capria

El imaginario que nos propone Eleonora González Capria, transita entre belleza propia de la simpleza y la naturaleza, y el halo terrible que constituyen las experiencias formadoras del carácter. Próxima a publicar unas traducciones de Frank O’Hara por medio del sello Kriller71, es un nombre que se ha dejado esperar bien. Prueba de ello son estos inéditos a continuación.

 

 

Ahora que lo saben, es imperativo que dejen de lado en este mismísimo instante, aquello que -sabemos- estaban haciendo sin ganas y lean estos poemas ya: un momento de placer estético les arreglará su miserable día.

 

 


 

 

PADRE NUESTRO

A Robert L. Frost

Mi padre era un borracho
y borracho salía
a dar la vuelta al lago.
Primero a pie, después
nadando.
Nosotros también íbamos.
Cada brazada larga
nos devolvía el aliento.

Papá nadaba
como si el agua
fuera cemento.
Todos mis labios
decían Dios,
todos mis labios
Dios por favor.
Papá nadaba
sin preocuparse
por los abstemios.

 

 

 


 

 

ADELHEID

Se arrodilló en la nieve y ahí mismo
ahí donde caía
brotó verde la hierba
tierna como si fuera
verano cuando el verde es más perfecto,
si en vez de invierno julio
un día de septiembre.
Era hierba y crecía sin semilla.
Estaba blanca nieve lívida
mordida por el frío
y respiraba apenas
un aire entre los dientes.
Las yemas de los dedos secas,
los labios muertos, las rodillas rotas
manchadas por la savia de esas hojas
recién nacidas de una fuerza
innominada.

 

 

 


 

 

Otro pan

A los pies de la cama
hay un pájaro tibio
todavía latiendo.
No me muevo por miedo.
Está a mitad de sangre y de saliva
las alas y las plumas
y el pico apenas.
Es frágil el corazón de los pájaros,
pero trata de no morirse mientras miro.
Las alas y las plumas
y el pico apenas
y después además un ojo.
Sé bien que es una ofrenda,
que solamente para mí mordieron esa carne
antes entera,
pero aprieto los párpados y espero.
Mi gata al fondo de la escena en el pasillo
se lava clara igual que siempre.

 

 

 


 

 

El zorro

Me dijo andá a la sombra, dormí
tranquila, pero dejó dos ojos
que me picaban sobre la piel
hasta en los sueños.
Sobre las zarzas y los espinos,
por las orugas y las arañas,
era una lana mal tejida.
Esa fue la siesta de las uvas.
Vigilaba la sed y el hambre
en puntas de pie entre las parras.

 

 

 


Eleonora González CapriaELEONORA GONZÁLEZ CAPRIA (Buenos Aires, 1983). Es licenciada en Letras (UBA) y traductora literaria y científica (IESLV JRF). Escribe, traduce y corrige para editoriales de Argentina, España y Estados Unidos. Además, investiga y enseña, y forma parte de la revista Hablar de Poesía, dedicada a la difusión, crítica y traducción de poesía.