Entreamigos: “Vivimos en la literatura del lobby” [una conversación con Rodrigo Torres Quezada]

Rodrigo Torres Quezada en sí mismo es un personaje complejo que va desde la ternura e inocencia que tan bien logra plasmar en sus cuentos más emocionales, hasta la diarrea mental que mediante su perfil de Facebook, Firmas Animalistas, lo hizo merecedor de más de algún baneo, varias denuncias y cancelaciones de amistad al por mayor hasta el cierre definitivo de su cuenta. Esto, sin dejar de mencionar ese esperpento de youtubers pobres llamado Ociozona (que por favor, les suplicamos no vean nunca).

 

A pesar de lo anterior y como buenos lobbystas que somos, no podíamos dejar de jaipear a uno de nuestros mejores amigos de la casa en la sección que creamos exclusivamente para ello: Entreamigos (o conversaciones con los escritores que queremos posicionar).  Y como esto no podía tener más glamour, Rodrigo sólo nos fue accesible a la salida de su trabajo (de ese entonces) en la sucursal de una conocidísima cadena de shopping malls ubicada en una de las comunas periféricas más populosas del gran Santiago. Así que inviten a la mami, inviten al papi y a la abuelita y a la mascotita a leer esta entretenida y excitante entrevista que tiene varias cuñas para el bronce. Sabemos que no se arrepentirán.

 

 


 

 

―La verdad es que me parece súper interesante que estemos en un mall predispuestos a hablar de literatura.
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Y que además trabaje en uno, es como triste, ¿no?

 

―No es para nada triste, pega es pega. Aunque entre varios amigos, la otra vez hablábamos de que el verdadero problema de Rodrigo Torres no era su calidad literaria, sino que su origen, su clase, sus contactos.

¿Clase?

 

―Entiéndase que dentro de esta gran institución en Chile llamada literatura, actualmente se levantan ciertas escrituras que están más cercanas a Providencia que a otros lugares. Con esto no quiero decir que la provincia como escenario literario esté dejado de lado, sino que lo que la lleva ahora, son estas escrituras circunscritas a ciertos sectores de la capital vinculados a cierto poder cultural. Tomando en consideración lo anterior, ¿cómo Rodrigo Torres, aka Firmas Animalistas, se siente al respecto? ¿Has sentido la necesidad de escribir en torno a este centro para que se te considere más?

Es súper interesante lo que me preguntas, porque ahora que lo pienso, uno de los últimos libros que leí (que es Qué verguenza de la Paulina Flores) y que me gustó mucho, se tomó como la nueva gran obra marginal y referente de la periferia. Pero si tú lo leís, al menos unos tres cuentos hablan de Providencia.

 

―De hecho, el cuento que da título al libro, ocurre en el Barrio Bellavista, el límite entre Providencia, Recoleta y Santiago centro. Y si bien, el padre con la hija son de otra comuna, el cuento ocurre allí.

Claro, al final todo vuelve a ese centro que planteabas y que de verdad creo que existe en la literatura local actual y que implica una especie de vaivén con respecto a la periferia, dado que su óptica es siempre desde el centro. La verdad es que no me siento obligado en la escritura a responder a esta moda o requerimientos del medio, aunque sí un poco presionado (y me molesta) por el ambiente que se crea alrededor.

 

―¿Pero te has sentido derechamente discriminado o excluido? Y ojo que aquí estoy hablando en términos de consideración en el medio y de lo que proyecta tu imagen como escritor (si es atingente hablar de ello), y no necesariamente de que propios pares lo hagan explícitamente.

En ese punto, yo no sabría si es un problema mío (de mi personalidad), o si es -derechamente- un problema con lo que escribo. Soy súper ecléctico para escribir: me cuesta mucho decir ‘este es mi estilo’ porque tomo y experimento con elementos muy diversos. Lo que sí, como no soy parte de esos círculos ni soy un tipo muy movido ni que tenga todos los contactos del mundo, tengo la idea de que la imagen que proyecto es como la de un loco raro pero buena onda y que además escribe y no la de “oh, ahí viene el escritor, pónganle una alfombra”.

 

―¿Pero esa idea aún existe? ¿La del escritor rockstar e iluminado?26692086_10213589178337302_907174920_o.jpg

Yo creo que de cierto grupo sí, sobre todo como de círculos más snobs (por definirlos de alguna manera), porque a ellos les conviene tener esa visión del escritor: aspiran a eso. Entonces, en esos círculos cerrados el artista, el pintor y el escritor es un iluminado. Además, no vengamos con cosas, para triunfar en este medio, más que talento, se requieren contactos y lobby. Mucho lobby. De hecho, creo que vivimos en la “Literatura del lobby”, o por lo menos es así en los círculos donde ella importa. En otras partes como aquí, hacís como en el meme y gritái “miren, él es escritor”, y a nadie le importa. Es como lo que pasa con un loco que hace performances queer. En una de sus puestas en escena, se empelotó y se metió un pepino por el culo. La cosa es que lo hizo en un centro cultural de adivina qué lugar de la capital, así que toda la gente que asistió lo aplaudió y bacán. Pero si hiciera eso mismo en la Plaza de Maipú, ahí sí que sería brígido. Demás que lo agarran a palos y luego lo meten preso, y eso por parte baja.

 

―En ese sentido, creo que es súper interesante meditar en torno a los discursos reivindicativos y sus contextos de origen, porque estos -en general- provienen del lado del poder. Y es allí donde se celebran, pero de manera contenida, porque no tienen más alcance en su dimensión simbólica. De hecho, no funcionarían fuera de estos lugares, como lo puede ser alguna plaza importante de alguna comuna populosa o inclusive en este mall.

Por eso yo creo que todo se mantiene tal como está. Al final, si tú veís las propuestas políticas de este nuevo progresismo Beatriz Sánchez, tú cachái que es como muy de Plaza Italia para arriba. O ya, del centro hacia arriba para que no suene tan resentido. Pero eso le importa a ellos no más porque acá la gente está en otra. A partir de lo que he visto desde que estoy trabajando aquí, lo que realmente le importa a las personas es poder mostrarse y el poder: cosas súper básicas. Claro, uno podría decir que es por su falta de cultura, pero es lo mismo que siente la gente de Plaza Italia para arriba; sólo que lo camufla con teoría, con ideas y con cierto paternalismo, dado que se acabronan con eso que llamamos “intelectualidad”.

 

―Y dentro de eso, la literatura sería una dimensión de intelectualidad súper burguesa.

Claro, el tipo que escribe, que está encerrado, ¿en qué momento trabaja? De hecho, yo creo escribía más cuando estaba cesante. Ahora trabajando me cuesta, y no tanto porque no tenga tiempo. Si no nos hubiéramos juntado hoy, habría llegado a la casa y podría haber dicho “ah, voy a escribir”, pero la verdad es que llegái cansao, sin ganas y con la sensación de que te falta algo. Aunque también está el medio, y ahí, volviendo al tema de la discriminación o los grupos cerrados, creo que mi caso va más por el hecho de que no cultivo una especie de vida de escritor. Mi vida es la de un tipo que trabaja y que llega a la casa a dormir porque al día siguiente tiene que levantarse temprano porque tiene que trabajar (y que es la vida de muchos, tampoco te estoy llorando la carta). Así que estoy alejado de la “aventura” que podría tener el típico escritors que va al barrio Lastarria, que tiene sus affaires o que va a todos los eventos literarios… (sé que esto es parte del prejuicio en torno a, pero es la imagen instalada).

 

―A propósito de lo mismo. ¿Cómo ha ido la vida después de Antecesor (Librosdementira, 2014)?

CON-MUCHO-ESTILO.jpgLo que tuvo Antecesor como tema personal, más allá de engrupirse con que tenía cierta calidad literaria y qué sé yo, es que fue un libro con el cual me pude sentir escritor, con el que pude decir “soy escritor” (y no me estoy metiendo en la dimensión de la calidad literaria, sino sólo por el mero hecho de publicarlo). De repente uno se pregunta qué significa ser escritor y eso te lleva a un análisis con muchos relativismos. Escritor puede ser cualquier persona: es como el slogan de una de las últimas ferias del libro, onda “todos somos escritores” y, en parte, no deja de tener razón. No obstante cuando salió el Antecesor, me sentí escritor con propiedad, tanto como para ponerlo en el currículum y postular a una pega de mall. Igual es raro: un hueón que va a servir al sistema y que escribe, es como ahhh, que cool(?). En cuanto a lo literario me dejó conforme pero… como un buen momazo diría, “no es era lo que yo quería, pero me deja satisfecho”.

 

―¿Y en qué sentido no cumplió tus expectativas?

Es que cuando lo escribí, lo hice con cierto temor. Era el primer libro, quería publicarlo: tenía que ser equilibrado, por lo que no podía contener las cosas freakis y grotescas que tanto me gustan. Hay varias cosas a las que podría haberle dado más, pero le di menos por no arriesgar tanto y para ver qué pasaba. De hecho, cuando escribo, me siento haciendo una canción punk (aunque obviamente con más calidad).

 

―Pero el sentido del punk más que en su calidad musical, está en su mensaje.

Sí, eso, el mensaje. De repente leo libros que a la gente le gusta mucho y que están bien estructurados y todo, pero el mensaje no me dice nada. Es cierto a que veces hay una especie de crítica, aunque se limite sólo a mostrar una realidad pero sin ir más allá.

 

―Un poco como ocurre en el cine chileno, al cual se le acusa de mostrar una realidad sin hacerse cargo, sin una postura ni toma de partido.

Sí, es verdad que en la literatura pasa algo parecido, pero pasa también que la literatura es la literatura, uno no quiere hacer ni leer panfletos. Y si bien, quieres llegar al panfleto o elaborar un panfleto a partir de lo que se lee, la idea es que no lo sea como tal. Y es cuático en mi caso, porque cuando escribo siempre parto de una idea crítica. Entonces, cuando estoy escribiendo y me siento conforme de ese cuento o novela, es porque quería decir algo. Aunque de repente, la gente lo entiende como claro, qué criticón. Y ahí me pregunto por qué pasa eso, si lo que yo quería era dar un mensaje. ¿Acaso no se trata de eso la literatura? De repente me sorprendo, porque me encuentro con que eso ya no es así, que ya no se pide eso, y ahí volvemos a lo de la “realidad contenida” que te obliga mostrar, pero sin ir más allá, sin tomar parte de algo, sin compromiso. Yo creo que uno igual puede tomar parte de algo si estás dando un mensaje. Tampoco se puede ser tan “ah, yo sólo soy un observador”.

 

Ahora que recuerdo, hice un cuento sobre un mall porque es donde estoy ahora, aunque  también porque me interesa tener una visión crítica al respecto. Aún está inédito (espero salga en mi próximo libro, decisión que depende de mis editores) y trata de un auxiliar de aseo que es bien bajo perfil haciendo su pega; no obstante, sus superiores lo penquean por diversas cosas que pasan y que en realidad, no tiene mucho que ver. Y ahí, más que ser observador de algo, uno también está dando un punto de vista. Espero que ese cuento no haya salido tan panfletario, y si lo fue, filo. Al menos, quedé conforme con lo que quería decir. Pero ahora, que sea un gran cuento en términos literarios, no sé. Igual me he puesto bien autocrítico en ese aspecto.

 

―¿Y eso te lo dio la experiencia del primer libro?

Yo creo, porque antes de verdad que me costaba cambiar los textos. A lo más, podía cambiar una frase. Decía: ¿cómo voy a cambiar algo que ya está listo? Ahora no, puedo tomar algo que estaba hecho previamente, darle otro giro y transformarlo sin ningún problema.

 

―Y a nivel personal, ¿qué te significó publicar?

Yo no sé si me he vuelto muy nihilista últimamente, pero me he dado cuenta que publicar es muy nada. Antes quería publicar algo que me aceptaran y que fuera leíble. Pero después de publicar, caché que no es la gran cosa. Y eso reafirmó una idea que siempre he tenido: lo más importante es escribir, no importa sea cuento, novela, incluso poesía…

 

―…por esa declaración, en Jámpster ya estamos haciendo las gestiones para que un sicario se encargue de ti.

…lo digo porque no escribo poesía (me salvé, ¿cierto?). Bueno, lo más importante, es lo que uno hace en la soledad de su pieza o escritorio o de donde sea que escribas, porque en ese manuscrito que cuesta tanto armarlo está tu emoción, tu real yo. Lo que viene después, es parte de las exigencias del medio no más.

 

―En ese sentido, ¿cómo el escritor novel lucha contra esas expectativas, esas creencias de cómo cree que es el mundo literario?

Debo reconocer que antes del Antecesor, me imaginaba dando entrevistas, que me iban a llamar onda “aló, ¿con Rodrigo Torres, el escritor? Venga a nuestra universidad a dar una charla”. Por supuesto que han habido cosas así, pero no ha sido constante. Y más allá de esperar que la editorial haga algo por ti, también va en uno el moverse. Aunque, como ya lo decía, la verdad estoy un poco fuera de eso.

 

―En 2016 diste un paso no esperado a lo que se supone que es una “carrera literaria seria” y publicaste El sello del Pudú (Aguja literaria), una novela de corte más juvenil. ¿Qué te permitió hacerlo a pesar de los prejuicios del medio?    51Evn8O+lsL._SX331_BO1,204,203,200_.jpg

Después de Antecesor, tuve la motivación para escribir cosas distintas y de no quedarme pegado, cosa que quizás no le pasa a otros al ver que lo escribieron les funciona, siguen ahí. Así que empecé a experimentar más. Aunque en El sello no hubo tanta experimentación repentina: hace tiempo vengo cultivando una veta un poco más juvenil por llamarla de alguna manera. Como te comentaba, soy bastante ecléctico cuando escribo: podría escribir un cuento gore, un cuento sobre la deep web o una novela como El sello del pudú que está entre lo juvenil y el género de aventuras. A pesar de la diferencia temática y/o estructural, el proceso es siempre similar: me enfoco en un punto y de ahí empiezo a desarrollar todo. En el caso del Sello, es un libro que escribí “inspirado y entretenido”. Me entretuve escribiéndolo y me salió natural. Y de repente como que te resultan esas cosas espontáneas y es súper bueno.

 

―¿Y qué sientes hacia el proceso de edición entonces, si lo que más valoras de un escrito es su espontaneidad y su estadio primigenio?

Al pasar los años, vas comprendiendo cómo funcionan las cosas. Por ejemplo, de pendejo como que vivís con una actitud de estar contra el mundo, pero de repente te dái cuenta cómo es, y transái o cedís en ciertas cosas. Con el tema de la edición, es verdad que el editor está casi que cambiando tu idea original, pero he aprendido a entender eso por el bien de la calidad ulterior del texto. Mi idea en estos momentos es que cuando uno escribe ese manuscrito primigenio, ahí estas tú, y cuando entra el editor al proceso, él se centra en aspectos como la calidad (cosa que puede que yo no tenga tan trabajada porque me enfoco en otras cosas, como el mensaje). Ejemplo de ellos es la consciencia en el uso de recursos y técnicas literarias. Obviamente sé de eso, pero no lo tengo en mente ni las utilizo de manera premeditada cuando me siento a escribir. Es el editor el que luego de leer el manuscrito me dice, podrías reescribir esto así o asá o cambiar esto o probar esto otro desde una perspectiva distinta.

 

―Mencionaste que estaba a criterio de tus editores el que te publicasen ciertos cuentos. ¿Qué se viene por lo pronto para este 2018?

Tengo un par de libros en carpeta con distintos sellos, aunque no sé si me los vayan a publicar después de estas fuertes declaraciones.

 

 

 

*Esta entrevista, es un extracto de la original y formará parte del proyecto F5 – Conversaciones con cuentistas chilenos muy actuales, a publicarse de manera impresa, próximamente bajo el sello Jámpster.

 

 


MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.