Futuro esplendor: Cinco poemas de Analaura Núñez

Una cuestión perturbadoramente humana resuena en estos poemas, como si el trato que dispensamos a los animales moldeara (y lo hace) nuestro carácter, nuestra comprensión del mundo, y la forma en que nos relacionamos con el Otro. Pequeños rituales del horror y de la crueldad que tienen lugar a diario en el patio, en la cocina, en el comedor o en la lengua de una casa y que adquieren un significado nuevo o devuelto a la superficie en las palabras de Analaura Núñez.

 

Pensamos que deberían leer lo antes posible estos poemas y si nos conocen bien, sabrán que no lo decimos gratuitamente.


Las lagartijas

Mi papá guarda lagartijas en el refrigerador.
Las confundo con el almuerzo,
Tomo uno de los cuerpos envuelto en plástico
Es como una Laura Palmer triste,
Imaginaria, desplumada.
Mi papá explica
Que cuando duerme lagartijas
Tiene que guardarlas en frascos
Y ahogarlas en un líquido morado
Para que en un día o dos
sus esqueletos se muestren
Pudorosos, quebradizos, inermes
Y floten bajo sus ojos.
Sus dedos cortos y flacos
Se parecen a los míos.
Tomo los frascos del refrigerador
Los huesos son perfectos
Y sus cuerpos giran sobre sí
………………………………………Lo inevitable
Los vidrios se esparcen en partes desiguales
Los calcetines se mojan y se tiñen
Ahora no son blancos sino que lilas
Mezclados con transpiración
Las lagartijas ahora
están en el piso de la cocina
Esparcidas como estrellas.
Escuché que cuando estos animales se asustan
Sueltan sus colas para distraer
Pero esta vez se mantienen sujetas a sus cuerpos.


El sonido de las liebres

Liebres
Roen zanahorias
Brotes de puerros
Lechugas entierradas y nuevas
Corren y se encogen
Los hombres
Las agarran por el cuello
Las despellejan
Para comerlas
No las escucho gritar
Ni gemir
Ni chillar
¿Qué sonido hacen las liebres?


Ejercicio #1 de Endurecimiento del Cuerpo

Las correas de C caen fuerte
chocan contra mis piernas

lo oigo gritar más fuerte que el perro
cuando le lanzamos agua hirviendo

C cambia la correa por un palo lleno de astillitas
cuando golpea mi costilla el palo se entierra
como un mordisco

Lo desprende con la misma fuerza con que lo metió
cuesta debido a la lana blanca de mi chaleco
que abraza con fuerza la estaca

Cuando por fin suelta mi piel
veo un ápice de terror y sorpresa escapándose

Me grita que nada duele
ni el palo ni las correas ni las espinas ni el agua
la cara sudorosa de C escurre
no para de jadear

Me levanta y me tiende las armas
“ahora tú”

Después de dos horas tenemos
………………………..los ojos amoratados la cabeza con fiebre

El perro ya no se nos acerca
le lanzamos restos de nuestro pan con jamón frío
……………escondido detrás de los nogales del patio
nos mira con grandes ojos
tal y como los niños del colegio

Miramos a la gallina más gorda del corral
corre rápido       pero sabemos que nosotros podemos más

Yo seré
la gallina descabezada
que corre a tu alrededor
marcando con mi sangre
tus piernas y calcetines

No podré escuchar
tus gritos
ni sentir tus lágrimas

En tu boca
un fulgor tibio


Cuadro de una cazuela

La pechuga pelada sobresale del plato hondo con bordes azules. Su carne rosada permite ver los restos de sangre que no alcanzaron a cocinarse. El poroto verde, suave y brillante, flota por sobre el arroz blanco esparcido por todas partes. El orégano se hunde. Bolitas de pimienta chocan con las papas hervidas y cortadas en cubos. Se deshacen blandas ahogándose en el caldo dorado, como montes de arena azotados por olas saladas. Las zanahorias finas descansan sobre la pechuga, la tiñen mientras sudan sus jugos rojos, se resbalan lento y flotan. Las ramas de tomillo intentan incrustarse en el pedazo colorín de zapallo, rompiendo su carne alguna vez tan dura y ahora tan frágil. Al contacto con la cuchara las hilachas del zapallo ceden y no dejan de absorber agua y gotear hasta convertirse en un puré dulce colmado de partes más blandas y otras más duras. El vapor empaña los vidrios de la cocina que dejan entrever las gotas inmisericordes de la lluvia.

Afuera los perros se pelean la cabeza de una gallina embarrada


Cuadro de una tortuga Galápago comiendo una sandía

La revista del baño
de National Geograpahic reza
que las tortugas de Galápago viven aproximadamente cien años que son herbívoras

La fruta favorita de Samanta son las sandías
desde el verano pasado que no prueba ninguna
sueña todos los días con la carne arenosa deshaciéndose en su paladar
en la foto el reptil mastica una con sus fauces gigantes

El final del reportaje informa que la tortuga come-sandías
había muerto
Samanta no demora en tirar la cadena
se mira al espejo estirando el pellejo arrugado de su cuello
arranca la hoja de la revista donde está la tortuga la mete en su boca

La saliva deshace la hoja
la tortuga muere dos veces


Foto Analaura NúñezANALAURA NÚÑEZ (Santiago, 1994). Recién egresada de Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales. Becaria de la Fundación Pablo Neruda (2017). Ha participado en algunas antologías poéticas (una de las más destacadas es Parias, poetas y borrachos, a cargo del colectivo Agua Maldita). En el año 2016 viajó a Dartmouth, Massachusetts, en Estados Unidos, para especializar sus estudios e investigaciones literarias por un semestre. Ahora mismo está pronta a presentar su primera obra en solitario, El sonido de las liebres.