En sociedad: Seis apuntes sobre «Los sueños de los sueños de Kurosawa» de Diego Alfaro Palma [Tito Manfred]

Portada Los sueños de los sueños de Kurosawa
Diego Alfaro Palma, Los sueños de los sueños de Kurosawa (Cuadro de Tiza, 2017)

El soñador cree saber que sueña y que duerme,
precisamente en el momento en que se afirma
la fisura entre los dos: sueña que sueña
Maurice Blanchot

1. En Los sueños de Akira Kurosawa, el director de cine nipón, asumiendo seguramente su condición de sujeto crepuscular, presenta una serie de cortos o viñetas donde el examen de su propia existencia sirve como pivote para intentar una reflexión sobre la infancia, el arte, los horrores de la guerra y, fundamentalmente, la muerte, que no es sino el dínamo cuya matriz contiene todos los temas. Probablemente no es la mejor película de Kurosawa, pero tiene el mérito de condensar la mayoría de las preocupaciones estéticas y filosóficas que cruzan la obra del autor de Rashomon. De ahí que sea terreno fértil para obras derivadas (por así decirlo), como, por ejemplo, los catorce poemas que conforman la plaquet que nos reúne en esta oportunidad.

2. Diego Alfaro Palma se sirve del título de Kurosawa para proponer una inmersión otra en las materias del sueño y, con esto, en los asuntos de la muerte. Si entendemos los sueños como el lapso de suspensión de la vida, resulta un ejercicio lógico establecer una correlación con la muerte (y qué son los sueños de los sueños sino una metáfora de ella), e incluso ir más allá si adherimos a Lacan cuando afirma: «No nos despertamos nunca, los deseos mantienen los sueños. La muerte es un sueño, entre otros sueños que perpetúan la vida, el de permanecer en lo mítico. Es del lado del despertar donde se sitúa la muerte. La vida es algo totalmente imposible» (1982). ¿Y si el sueño no fuera sino el estadio más pleno en que tiene lugar lo que precariamente entendemos como existencia? Tal vez no sería mala idea abrirse a la posibilidad de que esta apariencia de vigilia (acaso otro pliegue del sueño) haya gozado hasta hoy de un inmerecido prestigio.

3. Cabe destacar, por cierto, que esta introducción en lo onírico es muy distinta a la del cineasta japonés, no sólo por tratarse obviamente de lenguajes de disímil naturaleza, sino también porque mientras Kurosawa se vale de las imágenes para decir «algo» (el mensaje antibélico es literal, quizás al borde de la propaganda), Alfaro Palma busca que estos poemas expresen su mismidad, vale decir, que encuentren su razón de ser en su propia existencia como realizaciones del lenguaje y como transcripciones fallidas de las imágenes intraducibles del sueño. El resultado son poemas que en lugar de una opacidad, digamos, barroca, optan por una transparencia ilusoria: sueños cuya claridad será siempre sospechosa, por cuanto la nocturnidad los constituye aun cuando brille el sol en sus imágenes. Cito un fragmento especialmente clarificador en tanto oscurece: «Cuando las sombras sueñan con los sueños de Kurosawa alargan su forma a medida que la luz se retira». Tras la aparente nitidez de esas líneas, el sentido se dispersa.

4. Esta cualidad, esto es, un lenguaje que no rinde cuentas sino a los estatutos de la belleza y el pensamiento, ya supone un motivo para celebrar este conjunto de poemas, sobre todo si pensamos en cómo el fantasma de una discursividad infantil, pedagógica, dócil a los requerimientos de un lector domesticado, ronda los pasillos de la poesía chilena actual. Mientras buena parte de los poemas escritos en Chile parecen dirigirse voluntariamente a las redes de pesca, los poemas de Alfaro Palma tienen la capacidad de escurrirse grácilmente y eludir la muerte a manos de la industria pesquera, como si nos dijeran: «Ok, voy a decir algunas cosas sobre unos sueños, pero no esperen que les explique de qué tratan; observen sus desplazamientos y dense por satisfechos». Disculpen si parezco malhumorado, pero siento un profundo odio hacia lo que se ofrece sumiso a mi comprensión.

5. Sin embargo, estar en las palabras no significa necesariamente suspender la preocupación por cuestiones que trascienden al individuo y que de una u otra manera encuentran su resonancia en el lenguaje. En ese sentido, me parece importante apuntar que el mundo (o la experiencia que tenemos de él) siempre halla la forma de dejar sus impresiones en el lenguaje. Tal es el caso en varios de los poemas que componen esta plaquet que abre, de hecho, con una cita de un canto selknam a modo de epígrafe: «He perdido las huellas de los que se fueron». Así, en varios pasajes del libro, el sueño se constituye en un espacio no sólo de latencia del ser, sino también, o por el contrario, de restitución del ser (étnico, social, etc.): «Cuando soñamos lo que soñaron los otros aparecen bosques de pino y eucaliptus para beber el agua de los valles». De esta manera, el sueño adquiere la forma de lo mitológico y hace posible, por ejemplo, pensar en la voz de estos poemas a partir de la distinción entre Hombre Primitivo y Hombre Salvaje que propone Robert Bly en su ensayo Iron John (1990), donde el salvaje es el sujeto perjudicial para el alma, la tierra y la humanidad, en tanto que el primitivo es aquel que a diferencia del otro, ha examinado sus heridas, rinde culto a los que ya no están y se parece más a un monje zen, a un chamán o a un leñador que a un salvaje, y por tanto, es capaz de vivir en armonía con la naturaleza.

6. Finalmente, quisiera volver a la película de Kurosawa, específicamente a la secuencia que cierra el filme: un joven forastero entra en un pueblo apacible. Cada casa dispone de un molino de agua. El viajero se encuentra con un viejo que está arreglando un molino descompuesto. El anciano le explica que las personas del pueblo decidieron renunciar a la contaminación que produce la modernidad y optaron por regresar a una era más limpia. Si alteramos levemente esta escena cándida y ahora el extraño se radica en el pueblo y modifica el paisaje, y posteriormente extrapolamos esta idea a la poesía, tal vez sea posible volver a hacerse parte de la poesía chilena de la mejor manera en que nuestra tradición ha podido hacerlo y que Alfaro Palma practica como pocos en estos días: aguzando el oído, escuchando el eco de los que ya no están y estableciendo un nuevo diálogo.

Santiago, 16 de noviembre de 2017


Foto Tito ManfredTITO MANFRED (Chile, 1983). Publicó el ebook 13 poemas (2016). Recibió la Beca de Creación del Fondo del Libro en 2016. En 2017 ganó el Premio Mejor Publicación Digital del CNCA por 13 poemas.