Extracciones: Una premonición queer [Aníbal Cristobo]

Portada Una premonición queer

La poesía de Cristobo pone en cuestión un problema de superficies. Hace que sea fácil resbalar con una amenidad trasvestida y, al mismo tiempo, la capa construida tiene la suficiente resistencia para propulsar lecturas de largo alcance. Una capa sobre la que se proyecta un film de situaciones acerca de la cotidianeidad absurda que alimenta el lenguaje, sin importar si quedamos dentro o fuera del poema.

 

Para iniciar el año con la buena fortuna que trae toda belleza trastocada, estos cuatro poemas de Una premonición queer (Zindo & Gafuri, 2015).


Ella sabe karate

Ahora está lejos, es
el de gabardina azul, gesticulando a cámara
con la barba escarchada, y faltan tres días

para que el contacto caiga. La noche anterior
sueña con una sesión ácida sobre el amanecer.
Cree que está enfermo y que la electrónica
puede brindarle una muerte absoluta. Recuerda a Tanike

en Barcelona, un graffiti que dice “Graffiti is this!”,
otro, “Ella sabe karate”,
un festival de cine asiático, el verano
en que trabajó en un sistema de compresión
de pensamientos. Antes estaba lejos y leía
toda la literatura sobre enfermedades que la prisión de New Haven
podía proporcionarle. Tenían un Director
con el nombre de un cantante latino.

Después se acerca mucho,
el dedo casi sobre la superficie transparente,
parece que todo está por apagarse pero no.


El miembro fantasma

Entre ustedes y yo, el problema
es que nuestros intereses se superponen:
como cuando en la radio suena una canción y la madre, desde
la cocina, comienza a tararearla unos segundos
tarde. Pronto
el desayuno estalla en un paquete abandonado
y ninguno de los gadgets
alcanza a detener la tragedia. El otro problema
es que todos ustedes
han inventado algo: eso también
nos separa. Llevo años
escribiendo estas novelitas psicoanalíticas
para resolver ese conflicto. Y se preguntarán por qué los he reunido
en el ascensor de este centro comercial
de las afueras. Les digo: van a soñar con mi voz.
Esta noche intentarán pegarme, van a querer
recuperar las patentes vendidas, y cada uno
de sus brazos será un miembro fantasma. Yo voy a estar muy lejos,
seré un enano rodeado de azafatas, y mearé,
sostenido en el aire.


Mi viaje a la metrópoli

Te di una idea: esta felicidad
no te atraía más que un samurái enfermo
sobre un arbusto, ni que él mismo, antes,
viajando en parapente mientras sus padres proyectaban la escena
en un garaje repleto de invitados. Sólo te preguntabas:
¿conseguirán volver? ¿todas las amenazas
acabarán con la irrupción de un personaje
más alto? Dejando atrás las últimas franquicias de oxígeno,
avistamos un puesto de frontera. Eso era una casucha,
cincuenta o sesenta acuarelas escondidas en el ático y comida
de perros. Es decir: un oasis políglota al cuidado
de un sordo que saludaba agitando cancioneros tiroleses.
Un manantial de humanismo,
metonímicamente hablando.


Una premonición queer

Cuando tenía nueve años mi hermana mayor me convenció de que recubriera con celofán la cama de nuestros padres. Después me dijo que tenía que comer un pack de yogures del modo más asqueroso que pudiera y me grabó mientras reptaba por la cama, las manos y las rodillas húmedas, la cara manchada por la textura grumosa. Alentado por sus risitas, comencé a lamer el celofán mientras emitía una suerte de gruñido. Fue un momento obsceno y una tarde hermosa.


Foto Aníbal CristoboANÍBAL CRISTOBO (Lanús, 1971). Poeta y traductor argentino. Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro, donde publicó Teste da Iguana (Ed. Sette Letras, 1997) y jet-lag (Ed. Moby Dick, 2002). En 2002 publicó, con el subsidio de la Fundación Antorchas, krill (Ed. Tsé-Tsé). Actualmente reside en Barcelona. En 2005 publicó Miniaturas Kinéticas (Ed. Cosac&Naify, São Paulo), libro que reúne su obra poética editada hasta ese momento. Posteriormente, en 2012, publicó Krakatoa (Zindo & Gafuri). Desde el 2012 dirige Kriller71 Ediciones, editora dedicada a la poesía. Una premonición queer es su último libro (Zindo & Gafuri, 2015).