Especial: Los mejores peores libros del 2017

Imagen: Future Tennis Stars (sin autor ni fecha de publicación)

Se nos va el 2017 y en Jámpster creemos que la forma más jampsteriana de despedirlo es haciendo lo que mejor nos sale: ser odiosos. Y como detestamos las listas de los mejores libros del año, decidimos medio pisarnos la cola invirtiendo el ejercicio: una antilista de los cinco mejores peores títulos de la temporada. Para ello, los criterios que definimos para confeccionar la lista fueron tres: 1) que el libro efectivamente haya sido editado el 2017, 2) que haya sido publicado en Chile por un autor nacional o residente en el país, y 3) que haya tenido recepción crítica en medios impresos o digitales de relevancia.

 

Este último criterio deja fuera de juego a los libros de poemas, considerando el espacio cada vez más reducido que tiene la poesía en la prensa nacional. Sin embargo, como un acto de mínima justicia con el más marginal de los géneros, no podemos dejar de mencionar al vuelo, entre los destacados del 2017, títulos como: robert smithson & robert smith de Mario Verdugo, la antología de Carlos Cociña Poesía Cero, Reclamar el derecho a decirlo todo de Julieta Marchant, Litoral central de Diego Alfaro Palma, Nogales de Rodolfo Reyes Macaya y la plaquette Catábasis de Verónica Jiménez. La memoria es frágil y seguramente estamos olvidando muy buenos libros.

 

Ahora, a lo nuestro:


  • Historia Secreta de Chile 3 de Jorge Baradit (Sudamericana, 2017)

Historia Secreta de Chile 3Si hay una literatura que no nos interesa en Jámpster, es aquella que, en el afán de captar lectores bajo el manido concepto de divulgación, baja la vara y ofrece libros accesibles para quienes recién se inician en el arte de juntar palabras y comprender su significado. En esta desdeñable categoría, destaca Historia Secreta de Chile, serie de libros que revisa el lado B de la historia chilena y cuyo tercer volumen vio la luz este año.
Si bien, para serles bien sinceros, en esta nueva entrega la prosa de Baradit experimenta una mejoría en relación a los dos volúmenes anteriores, sobre todo en su atención a las reglas básicas de redacción, no es menos cierto que el resultado final sigue estando muy lejos de la excelencia en términos estrictamente literarios.
Sobre este libro, el crítico Gonzalo Schwenke afirma en un artículo aparecido en El Mostrador: «el gesto de la industria disfrazado de cultura entretenida no es más que la manera de ejecutar la formación de una nueva conciencia de los consumidores». En otra crítica, publicada en este caso en La Tercera, Juan Manuel Vial asevera que «En casi todos los textos prima cierto resentimiento quejumbroso de Baradit -muy poco científico, debo agregar- en contra de este país, su gente, la iglesia, los gobiernos, los poderosos, todos confabulados, a lo largo de la historia, en perjuicio de los pobres. La visión es sumamente paternalista, paranoide y poco acuciosa, pues de partida niega la preponderancia histórica de una gran clase media, sólida, erudita y en muchos sentidos audaz».
¿Quiere que su amigo progre fácilmente impresionable se indigne con las injusticias históricas de nuestro país? Regálele este libro.


  • Las vocales del verano de Antonia Torres (Literatura Random House, 2017)

Las vocales del veranoCon esta novela sobre una mujer que vuelve a la playa de su infancia en una suerte de viaje introspectivo, la valdiviana Antonia Torres dio el salto de la poesía a la narrativa. A diferencia de casos como el de Bolaño o el de Zambra, acá el resultado del paso de un género a otro es menos exitoso, pues la autora prescinde de los elementos, digamos, líricos que podrían haber enriquecido su narración y en su lugar recurre a un descriptivismo sin mucho vuelo que, sumado a sus flaquezas discursivas, dan forma a una novela que empieza de manera auspiciosa y paulatinamente se va desinflando.
En palabras de Tal Pinto: «Para ser una novela de poeta, breve y concentrada, la prosa es sorprendentemente chata y funcional; los adjetivos no comunican gran cosa» (The Clinic Online, 06/04/2017). A su vez, Schwenke afirma en una crítica publicada en El Mostrador: «La protagonista se presenta cosmopolita y globalizada cuando llega al sector costero para encontrar el descanso y regocijarse a sí misma. A medida que se desplaza por la localidad observa a la población con cierto temor y distancia, esto permite que se posicione sobre otros y los reduzca (…) Sin embargo, esta postura es frágil ya que rápidamente se subordina a lo masculino, es decir, lo femenino está supeditado a la verdad de los hombres en cualquiera de sus variables: dios, padre o amante».
Una novela, cualquiera sea su título, olvidable.


  • Después de la luz de Benjamín Labatut (Hueders, 2017)

Después de la luzNovela con pretensiones místicas compuesta de breves fragmentos que intercalan faramalla enciclopédica con la historia del narrador protagonista, Después de la luz es, además del segundo libro de Labatut tras el volumen de cuentos La Antártica empieza aquí, uno de los mayores fiascos de la temporada. No obstante, si algo debemos reconocerle a este libro siempre al borde del ridículo, es lo consistentemente malo que es de principio a fin.
De acuerdo con Patricia Espinosa, «Labatut redunda en ideas ingenuas, satura con sus ejemplos, se ahoga en exponer lo simple como si fuese complejo, suponiendo lectores limitados a los que hay que explicarles una y otra vez que el narrador es un loco brillante y culto» (Las Últimas Noticias, 03/03/2017). Tal Pinto, más generoso, no lapida el libro, sin embargo, repara en el tono poco atractivo de la narración y su morbidez retórica: «El vacío que Labatut acecha, a través del relato de sus investigaciones, es excesivamente serio, en parte porque su manera de proceder es por lo general maximalista» (The Clinic Online, 19/04/2017).
Si ve a este libro en dirección contraria, cruce a la otra vereda.


  • El galán imperfecto de Rafael Gumucio (Literatura Random House, 2017)

El galán imperfectoPayaso predilecto de la alta burguesía chilena, si algo podemos reconocerle a Gumucio es su talento para mantenerse vigente con poquísimo y gracias a pequeñas polémicas de bajo vuelo. Este año, el exPlan Z volvió a los mesones de novedades con El galán imperfecto. Mientras su polola está de viaje en el extranjero, un cuarentón es circuncidado: esa es la anécdota que sustenta esta novela, cuya atención despertada sólo se explica por el lugar que ocupa Gumucio en el ecosistema literario chilensis. Pero no nos dejemos engañar: es un libro menor de un autor mediano.
En una crítica aparecida en revista Santiago, Lorena Amaro señala algunas de las debilidades del libro: «el problema es que los protagonistas parecen dialogar, pero en verdad emiten reiterativos monólogos, que quizás pudieran dar más de sí puestos en escena por una buena compañía de comedia, porque la sola palabra no alcanza para delinearlos como personajes». Luego, agrega: «El galán imperfecto es una novela cuyo tema pudiera tener interés, pero que avanza a través de situaciones muy episódicas o “gags” (el bullying escolar, la caída del protagonista sobre una tumba abierta, mientras va como un loco pidiéndole matrimonio a alguien con quien no quiere casarse; la noche de sexo con una paraguayo-italiana, “linda pero vieja”, que con Antonio se siente “como yegua en celo”), salpicados de frases repetidas hasta el hartazgo (“Pobre Antonio, te quiero, te entiendo tanto, mi niño precioso”, “solo me importa que seas feliz, mi amor”, líneas habituales de la madre)».
Qué duda cabe de que Gumucio es un tipo divertido que ha sabido sacarle jugo a su ingenio y facilidad para incomodar, pero si nos remitimos exclusivamente a lo literario, hablar de El galán imperfecto es como decir que Huachipato tuvo un mal campeonato.


  • La muerte se desnuda en La Habana de Hernán Rivera Letelier (Alfaguara, 2017)

La muerte se desnuda en La HabanaNo cuesta entender que se sigan publicando libros de Rivera Letelier, después de todo son éxito de ventas en librerías y cunetas; lo que resulta incomprensible es que ningún grupo extremista de diabéticos haya planificado hasta la fecha alguna vendetta contra este fabricante de mermelada. Hasta que eso suceda, este terrorista de la glucosa seguirá perpetrando atentados como el de este año: La muerte se desnuda en La Habana, tercera entrega de su trilogía de novelas policiales protagonizada por el Tira Gutiérrez y la hermana Tegualda.
En esta oportunidad, la trama gira en torno a la búsqueda del hijo de un empresario minero perdido en Cuba tras ser acusado de asesinato y canibalismo contra una prostituta de la isla. Tras esta premisa medianamente prometedora, la narración adolece de los ripios clásicos de la novelística de Rivera Letelier: descripciones empalagosas y personajes unidimensionales, sumados a una notoria incapacidad para estar a la altura de un género que exige a sus protagonistas atributos como la observación, la reflexión y la inteligencia deductiva. En ese sentido, Gonzalo Schwenke afirma en una crítica publicada en El Desconcierto: «Toda la construcción de La muerte se desnuda en La Habana (2017) resulta débil y está expuesta en la incapacidad del Tira Gutiérrez para formar parte del género, lejos de los modelos de la literatura detectivesca como Conan Doyle o Agatha Christie (…) el problema del caso es resuelto con la sagacidad de quien se encuentra una moneda en el piso. Todo está dado y es cosa de indagar bajo el mantel para resolver el caso».
Pero no se preocupe, don Hernán, usted podrá ser el peor escritor de Chile, pero al menos no usa guayabera. Salud por su chaqueta de cuero y feliz año nuevo a usted y a todos nuestros lectores. Nos vemos el 2018.