Punto de partida: Hablar del amor o de otra cosa [acerca de la poesía de Mario Verdugo]

Las parejas hétero del siglo veinte
Mario Verdugo, Las parejas hétero del siglo veinte (La Liga de la Justicia, 2017)


El tango que ocultamos mejor
(del que preferimos no hablar)
es el que nos tiene narcotizados
Indio Solari, “Ropa sucia”

A veces, en secreto, escribo canciones con rima. Sin embargo, las otras ideas, las que van a papel, salen con un ritmo diferente, renegado un poco de lo armónico. Al leer Las parejas hétero del siglo XX, de Mario Verdugo, que acaba de editar La Liga de la Justicia en Chile, recordé esos procedimientos y sobre todo esa distancia entre una cosa y otra.

Vivía como esos valles inquietos
…………..por el grito de unas aves de rapiña.
Vivía como esas voces furiosas
…………..alternándose en la pieza contigua.

Vivía como esos volvos con remolque,
…………..la mitad de su carga ya podrida.
Vivía como esas vendas despegadas
…………..que aún flotaban en la tina.

Al decir “esa distancia” lo hago con una mueca irónica y un poco hastiada por las veces en que esa-distancia es marcada en serio. Dos epígrafes: uno de EL Lissitsky y otro de ELLA Fitzgerald: lo hétero como contrapunto, una tensión que permite avanzar en el hilo de los textos hasta estrellarnos con la palabra-trampa: el amor. ¿Es este un libro de poemas de amor?

La misma cabaña en que lo hacían
…………..las parejas hétero del siglo veinte.

Las mismas gramíneas que aplastaban
…………..los videoartistas del fin de siglo.

¿Qué tienen que ver las-parejas-hétero con los videoartistas? Posiblemente mucho y esto corre por cuenta propia. La cosa acá es la representación del amor. Cómo jugamos ese término en la video-vida que interpretamos (y no sólo en este tiempo de redes). La palabra es dada, está ahí, y debemos hacer algo con ella. Cumplir los rituales. Escribir sobre ellos (al revés de los “tangos fatales” que Indio Solari, o su sujeto poético, dice ocultar como la ropa sucia; porque ¿qué hace de la distancia el amor-hablado y el amor-callado? creo que volvemos a eso de una cosa y otra).

Nos contaba de su amor por el rugido
de las ropas que caían estentóreas
desde un hombro a una cadera.

La de Verdugo es una escritura que produce fragmentos y que (quizá como consecuencia) prescinde de las explicaciones. Los actos son los que cuentan la historia:

Él se empecinaba en los confusos bordes de su tupperware.
Ella hacía coincidir
…………..los extremos de su manta.

Se trata de una de esas lecturas en las que uno no para de sospechar que hay algo más detrás de cada signo. Por ejemplo, una relación formal, de fuga constante, entre la experiencia del amor y estos poemas minimalistas. O una interpelación, por momentos paródica, del valor de lo visual postsiglo XX.
Es casi imposible al abordar esta obra no detenerse en su título y en cierta expectativa acerca del polo tácito de lo homo. ¿Acaso el-amor despliega sus convenciones sólo en las parejas hétero? ¿Qué tan hétero y tan proporcionalmente convencional fue el siglo XX? ¿Tiene esa construcción algún sentido más allá de un elemento lingüístico en la composición textual? (es decir, ¿es una línea en un texto en la página 37 y no vuelve a plantearse como nudo el tema del género?). No podría negar que al abrir el libro fue una de las cuestiones que me preocupó, sobre todo queriendo tantear una posición ideológica en torno a esa dicotomía. ¿Si el poemario fuera Las parejas del siglo XX, cuál sería la diferencia? Si bien espero que cada lector saque sus propias conclusiones, me parece que las dos marcas determinantes en esa estructura (hétero y siglo XX) no se explican más que por una aproximación irónica a lo definible: al mismo tiempo que la apariencia de estar hablando de algo concreto nos arrastra al meollo del libro, se empiezan a disolver los lugares comunes y las certezas de estar recibiendo una información concreta. No hay una bajada de línea. La poesía como un valetodo termina por desarmar incluso las trampas con las que ingresamos en la lectura.
Hablar del amor o de otra cosa, pero dentro del poema: no hay discurso que no sea absorbido por la lógica de lo inexplicable (no porque cancele una posibilidad crítica, sino porque no la necesita).
Me quedo con la sensación de que cada tanto viene bien una advertencia como esta: recorrer un montaje para frustrar la fatalidad de lo decible.

Diego L. García


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.